Capítulo 11
—Ah… ahora sí que puedo respirar.
—¿Y? ¿Qué tal? ¿Cómo estuvo?
Ante la insistencia de Chaekyung, Hyunjeong la miró con expresión hastiada. Soltó un suspiro y mordisqueó la pajilla como si fuera chicle antes de responder.
—Con un solo día no puedo sacar conclusiones definitivas… pero no se queda atrás. Si le explicas la postura, la entiende; escucha lo que le dices e intenta mantenerla… No parece tener problemas de comprensión. Lo de activar bien los músculos lo irá captando con el tiempo. Es algo que requiere práctica.
Chaekyung dio un sorbo largo a su bebida y la dejó sobre la mesa. Su expresión decía que ya lo esperaba.
—Me imaginaba. Después de todo, alguien que entró a la Universidad A no va a tener problemas para entender. Además, parece venir de una familia acomodada. Seguro que ha aprendido varias cosas.
—La chica parece tener buen carácter.
—No es que sea buena, es dócil. Si lo digo de forma menos amable… diría que no tiene ideas propias.
—…
Ante esa afirmación directa, Hyunjeong la miró sin comprender. Chaekyung detestaba a las personas sin pensamiento propio. Decía que en este mundo no existía la neutralidad, que uno no debía vivir tomando prestadas las ideas o las palabras de otros, sino sostener las propias convicciones. Y aun así, aquella misma Chaekyung estaba tomando a alguien sin ideas propias y convirtiéndola en su esclava. Como si nada, se encogió de hombros.
—Prefiero esto. Antes que una chica de veinte que no sabe nada pero se las da de lista, es más fácil enseñar a alguien que admite no saber. Es mejor un lienzo en blanco que uno lleno de colores ajenos.
—Tú…
Qué arrogante.
Hyunjeong la conocía desde hacía años. Sabía perfectamente cómo era Lee Chaekyung: hábil, serena, afable, buena manejando personas, amable y con un estilo propio muy definido. Y, al mismo tiempo, plenamente consciente de lo excepcional que era.
Esa arrogancia particular que a veces se filtraba.
Para quienes no tienen un yo sólido, incluso una seguridad excesiva puede parecer belleza.
Chaekyung sonrió al ver la expresión de Hyunjeong, como si nada de aquello fuera un problema.
En realidad, nada lo era. Nunca había deseado algo que no pudiera obtener. Ni afecto, ni dinero, ni margen, ni siquiera placer.
Solo una cosa.
El futuro.
Eso era lo único que jamás había conseguido, y siempre terminaba sujetándole el tobillo.
Hyunjeong sabía qué era lo que Chaekyung quería de Ina. Ina no tenía dinero, ni margen, ni disfrute.
Lo único que tenía era un futuro: uno en el que podía diseñarlo todo por sí misma.
—¿Qué piensas hacerle?
—Quiero que cumpla mi sueño por mí.
—¿De verdad crees que eso es posible?
La mirada de Chaekyung se ensombreció. Confiar un sueño a otra persona… ¿era algo posible? Que alguien viva, plenamente consciente, sin estar enferma ni moribunda, y aun así entregue su sueño a otra.
Chaekyung tenía un orgullo altísimo. Delegar su sueño debería resultarle humillante.
Y, aun así, lo deseaba con tanta fuerza que terminaba aferrándose a esa idea.
Cuando Ina tomó la W Magazine con los ojos brillantes, fue como verse a sí misma años atrás. Modelos de presencia arrolladora; la ropa, las poses, los accesorios, las tendencias que las volvían aún más impactantes… Puede que Ina no comprendiera todos los detalles, pero esa intensidad la estaba cautivando.
Cada vez que veía a Ina seguir el camino que ella había trazado, antes que satisfacción sentía amargura y culpa.
Sabía perfectamente qué era ese sentimiento, y aun así no quería mirarlo de frente.
Porque al final, la que terminaría siendo miserable sería ella misma.
Chaekyung observaba la ventana cubierta por persianas. De vez en cuando, la luz de los faros de un automóvil se filtraba entre las rendijas, iluminaba su rostro por un instante y desaparecía.
—…Aunque sea así, quiero lograrlo. Ahora esa chica es mía. Es mi esclava. Si usando lo que tengo consigo que obtenga aquello que yo no pude tener, con eso me basta.
Hyunjeong no dijo nada. “Con eso me basta”. ¿De verdad a la ambiciosa Lee Chaekyung le bastaría con eso? Decía que Ina era suya, su esclava, pero ¿podría vivir tranquila engañando así a otra persona? Saberlo y aun así fingir que no lo veía volvía a Chaekyung dolorosamente frágil.
Una gota de agua condensada en el vaso de café que Chaekyung sostenía cayó, sin fuerza, sobre la mesa.
* * *
Tras firmar el contrato con Chaekyung, los días de Ina se volvieron frenéticos, sin un momento para respirar.
Se levantaba a las ocho de la mañana, desayunaba y se preparaba para salir. De nueve a once asistía a clases en la academia de diseño computacional, y de once a una de la tarde repasaba por su cuenta lo aprendido antes de almorzar. Tras un breve descanso, a las tres en punto se dirigía al gimnasio.
Entre todo eso, enviaba mensajes a Chaekyung cada vez que despertaba, al llegar a la academia, al terminar la clase, al acabar el estudio. También le mandaba fotos de sus comidas.
Y cada vez, Chaekyung respondía con mensajes como: [Ánimo con el día de hoy], o la felicitaba, o decía [Estás comiendo bien. Yo también debería almorzar pronto], o [¡A darlo todo en el entrenamiento!] acompañados de emoticonos animados.
Cada vez que recibía un mensaje de su ama, algo le cosquilleaba en el pecho.
El entrenamiento comenzaba con diez minutos de calentamiento. Luego venía una hora de ejercicios de fuerza: tren superior, tren inferior, core; cada día cambiaban los ejercicios.
Después hacía una hora de cardio. Corría en la cinta o, si ese día había trabajado piernas, usaba principalmente la bicicleta estática.
Tras estiramientos para enfriar y una ducha rápida, ya pasaban un poco de las seis de la tarde.
La dieta estaba diseñada por Hyunjeong: 150 gramos de carbohidratos, 100 gramos de proteína y verduras en la cantidad que quisiera. Los carbohidratos podían ser arroz integral, batata o papa; las proteínas, pechuga de pollo, salchichas de pollo, carne de res o salmón.
Como no tenía tiempo ni energía para cocinar, recurría a comidas dietéticas a domicilio. Con el dinero que recibía normalmente no le alcanzaría ni de lejos, pero podía pagarlo con la tarjeta que le había dado Chaekyung. A veces, mientras comía, pensaba si una persona podía vivir solo con eso; pero con el paso de los días, la rutina la dejaba tan exhausta que ya no tenía fuerzas ni para cuestionarlo.
Al terminar el entrenamiento apenas podía mover un dedo. Volvía a casa arrastrando los pies, casi sin recordar el camino. Tiraba el bolso a un lado y se dejaba caer sobre la cama.
Había platos por lavar, ropa por tender, tareas domésticas acumuladas… pero no tenía energía para nada. Se tumbaba mirando artículos en el móvil o algún programa de variedades sin prestar atención y, alrededor de las nueve, se quedaba dormida sin darse cuenta.
Aun así, una semana después de empezar, la situación había mejorado. El día posterior a su primer entrenamiento apenas podía mover el cuerpo por el dolor. Ahora era soportable, apenas una molestia sorda. Al principio, durante y después del ejercicio no podía pensar en nada más; poco a poco, al acostumbrarse, empezaron a surgir otros pensamientos.
“Si lo hago bien… ¿qué recompensa me dará? ¿Cómo sonreirá?”
El miércoles, al terminar el entrenamiento, Ina no pudo contener el nerviosismo. Chaekyung estaba presente en cada aspecto de su rutina. Había empezado todo por orden de su ama, y no quería decepcionarla. Cada vez que pensaba en rendirse, recordaba su voz.
“Si lo haces bien… la próxima semana te daré una recompensa”…
Repitiendo esas palabras, se obligaba a ir al gimnasio aunque no quisiera. Si hubiera entrenado sola, probablemente habría abandonado. Pero el entrenamiento personal era una cita fijada con la entrenadora. Pensar que Hyunjeong estaría esperándola la obligaba a presentarse puntual. Además, le contaban cada repetición, corregían su postura y su respiración. No podía hacer trampas ni esforzarse a medias.
Cincuenta sentadillas con el peso de su propio cuerpo, diez series. Quinientas en total. Cuando terminó y se dejó caer en el suelo, murmuró sin darse cuenta:
—…Siento que voy a morir.
—Con esto no se muere nadie. Y yo solo te pongo lo que puedes hacer. ¿Ves? Hoy también lo terminaste todo.
Ina se mordió la lengua para no soltar una grosería. Lo hacía porque se lo ordenaban, pero realmente era agotador.
De camino a casa, abrió la conversación en el teléfono. Escribió “Ama,” y al verlo en la pantalla se sintió inexplicablemente avergonzada. Lo borró y volvió a escribir varias veces.
[¡Terminé el entrenamiento de hoy! ¿Mañana a qué hora y dónde debo ir?]
El indicador de leído desapareció casi de inmediato. Sonó la notificación.
[Mañana ven frente a la tienda a las 2]
* * *
—¿Has estado bien?
—Sí… ama… digo…
—Je. Afuera llámame “unnie”.
Chaekyung, a quien no veía desde hacía unos días, llevaba un conjunto que se ajustaba como una segunda piel. Unos pantalones azules ceñidos que marcaban la línea desde la cintura hasta las caderas y un top negro ligero. La combinación resaltaba el volumen de su pecho y sus caderas. El cabello corto dejaba al descubierto la elegancia de su cuello y la línea firme de sus hombros; de allí descendían las clavículas y el contorno del busto, limpios y definidos. No era solo un cuerpo delgado, sino que era un cuerpo trabajado, sólido.
Antes de empezar a entrenar, Ina simplemente habría pensado que era bonito. Ahora, al imaginar cuántas gotas de sudor habrían moldeado esa figura, la sensación le resultó vertiginosa.
—Como dijiste que te daba igual, elegí uno de mis lugares favoritos. Espero que no te moleste.
Chaekyung hablaba con ese tono suave que la caracterizaba. Cuando se dio la vuelta, Ina notó que la espalda del top estaba completamente abierta. Un entramado de tiras formaba algo parecido a alas de mariposa, dejando ver los omóplatos marcados y los músculos de la espalda. El escote descendía hasta la parte baja, y aquella sensualidad pulida le hizo tragar saliva sin querer.
Al verla en silencio, Chaekyung se acercó de inmediato y se enganchó a su brazo. El pecho de Chaekyung rozó el suyo.
—¡¡¡…!!!
—¿Hm? Ina, ¿de verdad no hay nada que quieras comer?
Su voz sonó suave, con un ligero matiz nasal. A través del brazo, Ina sentía la calidez y la firmeza elástica de su cuerpo. Con el rostro ardiendo, la miró apenas un instante antes de apartar la vista. Al inclinarse un poco, el escote dejaba entrever el canal entre sus pechos.
—Yo… yo de verdad estoy bien con cualquier cosa…
—Ah, sí~ A Ina le da igual cualquier cosa~
Si hubiera sido otra persona, habría notado enseguida que Chaekyung se estaba divirtiendo a su costa. Pero Ina estaba demasiado abrumada observando su cuerpo como para pensar con claridad. Tras forcejear consigo misma, logró respirar hondo y calmar el corazón que le latía desbocado.
Chaekyung la miró con una sonrisa traviesa y echó a andar hacia un restaurante italiano que conocía.
* * *
La pasta genovesa de camarones, con anchoas y albahaca, salada y aromática; la ensalada caprese, con mozzarella fresca cortada en trozos gruesos y tomates jugosos coronados con hojas de albahaca; la pizza horneada en horno de leña, cubierta de rúcula fragante y jamón prosciutto crudo; el pan de corteza áspera y la mantequilla con sal que se derretía densamente sobre la lengua…
Ina ya no sabía si la pasta le entraba por la boca o por la nariz. Después de diez días comiendo únicamente comida de dieta, aquello era un banquete desbordante, una auténtica fiesta para los sentidos. Chaekyung la observaba con una sonrisa mientras ella comía sin descanso. Con las mejillas infladas, Ina masticaba apresuradamente antes de tragar.
—…¿Qué pasa?
—Nada. Solo que parece que seguiste muy bien la dieta.
Si no se hubiera esforzado tanto, no estaría disfrutando así de cada bocado. Chaekyung, con el mentón apoyado en la mano, sonreía con suavidad.
—¿Y el ejercicio?
—Siento que voy a morir…
Chaekyung soltó una risita. Ina, aunque algo avergonzada, se sintió extrañamente orgullosa de haberla hecho reír y tomó un trozo de pizza.
—Estos diez días reportándome tu rutina… ¿qué tal fue? ¿No te resultó molesto?
—¡No, para nada! …Al contrario. Al contarte mi día, me daban más ganas de hacerlo mejor. Siempre me respondías… y eso me hacía sentir orgullosa. Me gustaba.
Hablaba en voz baja, con cuidado. Chaekyung la escuchaba sin interrumpirla. Algunas esclavas se sentían incómodas o fastidiadas al tener que reportar cada detalle de su día. Si alguien reaccionaba así, ni siquiera podría considerarse realmente una esclava, pero aun así era cierto que podía resultar pesado. Todo dependía de si se percibía como una carga o como una forma de afecto.
—Me alegra. A mí también me gustó saber cómo pasabas el día.
No era una cortesía vacía. Había pensado que Ina no aguantaría ni dos días, pero contra sus expectativas, había sido constante. Esa disciplina merecía aplauso.
—Y, por cierto, desde el lunes pasado hasta este miércoles… solo por haber ido a entrenar sin faltar, lo hiciste muy bien.
Las comisuras de Ina se elevaron. Le daba vergüenza no poder dejar de sonreír, así que bajó la cabeza y negó suavemente.
—Hyunjeong también me lo dijo. Que lo estás haciendo bien.
Ina se llevó las manos a las mejillas y miró a Chaekyung de reojo. Que Hyunjeong, siempre tan reservada, hubiera dicho algo así le apretó el pecho. Esfuerzo y, después, elogio. Hasta entonces no había sido consciente de cuánto lo necesitaba.
—Lo demás… podemos comprobarlo en casa.
—¿Cómo…?
Iba a preguntar qué quería decir, pero al intuirlo, sus ojos se abrieron redondos. La sonrisa de Chaekyung se volvió más profunda.
—Eso… ¿cómo podríamos comprobarlo~?
—Unnie…
Esta vez Ina notó que la estaban provocando y murmuró en tono de protesta. Chaekyung se quedó en silencio. Cuando Ina levantó la vista, la vio parpadear, como sorprendida. Luego sonrió de lado y dijo:
—Dilo otra vez.
¿Decir qué? Iba a preguntar eso, pero repasó lo que había dicho. Al darse cuenta, su rostro se encendió. Antes lo había dicho sin pensar; ahora, consciente de ello, las palabras no querían salir. Tras esquivar la mirada varias veces, finalmente susurró:
—…Unnie.
La sonrisa en los ojos de Chaekyung se intensificó. Con el mentón apoyado en la mano, la observó en silencio. Su expresión era fresca y satisfecha. Esa inocencia, esa dulzura, la forma en que se entristecía o se alegraba con cada pequeño gesto… Era algo que ella ya no tenía, y por eso no podía dejar de mirarla.
—De verdad… eres demasiado adorable.
Entre el tintinear de los cubiertos y el murmullo de los demás comensales, la voz de Chaekyung llegó clara hasta Ina. Y, junto a ella, una sonrisa igual de suave brilló en sus ojos.
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