Capítulo 5
El ventilador de techo giraba con un zumbido suave sobre sus cabezas. Al igual que el día anterior, una agradable fragancia llenaba la tienda. Ina estaba sentada en el sofá, observando a Chaekyung mientras atendía a una clienta, explicándole sobre los perfumes.
Cuando ambas llegaron, ya había una clienta dentro, curioseando entre las fragancias. Chaekyung le había pedido a Ina que la esperara un momento antes de acercarse amablemente a la clienta.
Sus ojos caídos dibujaban una línea suave y armoniosa. Con una sonrisa encantadora que cualquiera encontraría simpática, continuó la explicación con fluidez. Se notaba que tenía experiencia tratando con personas.
La clienta, seducida por sus recomendaciones, escogió varios productos como si estuviera hechizada. Chaekyung los embaló con destreza tras finalizar la compra. La clienta, dudosa pero entusiasmada, le pidió una foto juntas para subirla a su blog como promoción. Sin embargo, Chaekyung declinó con cortesía, manteniendo una sonrisa serena.
Solo después de acompañar a la clienta hasta la puerta y tras el sonido final de la campanilla, regresó a la mesa donde Ina la esperaba.
Ina, aún atrapada en una bruma de irrealidad, la miró con ojos desenfocados. El americano que había pedido sin pensarlo —igual al de ella— era sorprendentemente amargo. Sorbió un poco, y el sabor fuerte casi la obliga a atragantarse.
—Siento haberte hecho esperar. Tenía una clienta… —dijo Chaekyung con amabilidad.
—¿Eh? Ah… no, no hay problema…
Chaekyung le sonreía.
—¿Eres Coco…?
—Sí, soy yo.
—¿Y… desde cuándo sabías que yo era Brillitos? —preguntó Ina, con voz temblorosa.
—La verdad, hasta ayer no tenía ni idea —dijo Chaekyung—. Pero leí tu entrada del blog y pensé: “No puede ser…”. No es como si romper un frasco de perfume en una tienda ajena fuera algo que pase todos los días, ¿verdad?
Ina casi escupe el café que acababa de tragar. Chaekyung le sonreía con una expresión completamente inocente. Aunque sus palabras eran inofensivas, el modo juguetón en que le alcanzó un pañuelo hizo que Ina empezara a sudar de los nervios.
—De verdad… lo siento mucho por lo de ayer…
—No te preocupes. Gracias a eso me enteré de que eras Brillitos. Fue pura suerte.
Fue suerte, dijo ella. Y aunque parecía un comentario casual, esa frase le provocó a Ina una vergüenza inexplicable, como si con ella confirmara que, de alguna manera, le interesaba.
—Pero… ¿cómo lo supiste…?
—Bueno, primero que nada —interrumpió Chaekyung.
Sacó la billetera que tenía sobre la mesa y de ella extrajo una tarjeta negra que dejó frente a Ina. Esta la tomó con cuidado.
Boutique de Perfumes: Taller de Sapho
Representante: Lee Chaekyung
Dirección del local, correo electrónico y número de teléfono.
—Como dice ahí, me llamo Lee Chaekyung. Mi apodo es Coco. Tengo veintisiete años, soy la dueña de este local, como ya sabes… y perfumista —añadió con naturalidad.
Su voz fluía como el agua. Pero justo al decir “perfumista”, hubo un leve énfasis, como si lo subrayara con el tono.
—Llevo bastante tiempo siguiendo tu blog, Brillitos. Y… soy sádica, dominante y tengo inclinación de Ama.
Sádica. Una persona que obtiene placer sexual de actos de dominación física o psicológica. Dominante. Alguien que disfruta del control en ese mismo plano. Hasta ahí, Ina podía comprenderlo. Nunca lo había vivido, pero lo había leído varias veces en internet.
—¿Ama…?
—Sí. ¿No lo habías escuchado antes?
—No, o sea… sí lo he escuchado, pero…
Lo que sabía era que Amo implicaba algo más intenso que Dom. Una imagen más estricta, más autoritaria. Incluso el simple hecho de que su opuesto se llamara Esclavo, daba una idea de la magnitud del rol.
—¿Es como… una versión más fuerte que un Dom?
—Sí, algo así como “más fuerte”… —repitió Chaekyung entre risas, pensando cómo explicarlo mejor—. Hmm, ¿cómo decirlo?
Se quedó en silencio unos segundos, reflexionando, antes de continuar.
—Verás, en general, una relación Dom/Sub se limita al terreno del juego. Fuera de eso, suelen llevar una relación más horizontal. Dentro de una relación romántica hasta pueden alternar. En lo cotidiano, funcionan como una pareja cualquiera, y solo durante el juego se establece la dinámica vertical. ¿Me sigues?
Ina asintió con la cabeza.
—Pero con un Amo, la dinámica va más allá. No se limita a un juego o a momentos puntuales, sino que abarca también la vida diaria. Algunos lo malinterpretan como algo netamente sexual, pero para mí es diferente. Significa abarcarlo todo. Supervisar todo lo que hace el o la esclava: lo que come, lo que viste, cómo duerme, cómo actúa… Es un dominio total. La diferencia está en el tamaño del territorio que se controla.
Controlarlo todo. Al escuchar esas palabras, Ina tragó saliva casi sin darse cuenta.
—¿Ahora entiendes por qué dije lo que dije?
—…Entiendo por qué lo dijiste, sí. Pero…
Quería callarlo. Pero la duda no dejaba de emerger dentro de ella. ¿Por qué alguien tan impresionante, tan segura de sí misma, tan hermosa, se interesaría justo en ella? A su lado, había tantas personas “mejores”.
Era como si le hubieran dado no solo un caramelo dulce, sino además lo empujaran en la boca con una chocolatina y luego le llenaran las manos de dulces. ¿Así se sentía el riesgo de ahogarse en lo dulce?
—¿Por qué tenía que ser yo…?
Chaekyung la miró con una expresión de leve sorpresa. ¿Acaso daba por hecho que diría que sí sin dudarlo? Puede que sí. Su confianza era tan natural, tan desbordante, que Ina no pudo evitar mover nerviosamente una mano bajo la mesa.
—Mmm… buena pregunta. ¿Por qué tú…? Pues…
Chaekyung bajó la mirada por un momento antes de volver a alzarla.
—Porque tu cara es de mi tipo.
—¿Eh?
Fue como si la hubieran golpeado de repente. ¿Su cara…? ¿De verdad?
—¿Qué otra razón podría haber? No es como si nos conociéramos bien. Yo solo te conocía de forma unilateral. En realidad, apenas hemos cruzado unas palabras cara a cara.
Lo dijo como si fuera lo más natural del mundo, sin atisbo de vergüenza o culpa por haberse fijado simplemente en su rostro. Como si no tuviera nada de malo fijarse en el rostro de alguien y decir que era de su tipo. Al notar la expresión de Ina, Chaekyung apoyó el mentón en la mano y preguntó:
—¿Tú crees que está mal enamorarse del rostro de alguien?
—No… o sea, es solo que… si te enamoras solo por la cara, y luego conoces su personalidad… podrías acabar decepcionada.
—Pero yo nunca dije que fuera solo por la cara.
—¿Eh?
Ina parpadeó, desconcertada.
—Te dije que llevo bastante tiempo siguiéndote en el blog. En todo ese tiempo, aunque haya sido de forma unilateral, llegué a conocerte un poco. Y resulta que esa persona que me atrajo a primera vista… eras tú. Así que me gustaste todavía más.
Chaekyung hizo una pausa, y luego añadió con calma:
—No me queda otra que pensar que es el destino.
Era un blog que Ina llevaba escribiendo desde la secundaria, casi como un diario personal. Lleno de pensamientos sueltos y confesiones íntimas. Y había alguien que lo había estado leyendo durante años. ¿Qué probabilidades había de que ese alguien resultara ser la dueña de la tienda de perfumes que había visitado el día anterior? ¿Y qué probabilidades había de que esa persona le dijera ahora que se había enamorado de ella?
Si esto no era destino, entonces ¿qué podía llamarse así?
Una cálida expectación comenzó a hincharse en su pecho, pero al mismo tiempo le aterraba lo perfectamente orquestado que parecía todo. Chaekyung, como si pudiera leer los pensamientos de Ina, parpadeó lentamente con la mirada entrecerrada y dijo:
—Debe parecerte sospechoso, tal vez incluso una mentira. Al fin y al cabo, los sentimientos no se pueden abrir y mostrar como si fueran algo tangible. Pero me gustaría que al menos creyeras que no tengo ninguna razón para mentirte. Si esto fuera una farsa o un engaño, la más perjudicada sería yo, ¿no crees?
Era cierto. Chaekyung era la dueña de esa boutique, mientras que Ina era solo una estudiante universitaria sin muchos recursos. ¿Qué ganaría una persona como ella engañándola con algo así?
Dudando todavía, Ina alzó lentamente la mano que había mantenido todo este tiempo bajo la mesa. Asintió con la cabeza, y una leve sonrisa se dibujó en los labios de Chaekyung.
—Pero primero necesitamos conocernos un poco más. Aún no me has dicho tu nombre real, ni nada sobre ti… ¿Podrías hablarme un poco más de ti?
Mientras decía esto, Chaekyung tomó la mano de Ina. Ella parpadeó, sorprendida, pero no apartó la mano. Chaekyung acarició suavemente el dorso de su mano con las yemas de los dedos, luego dejó reposar los suyos sobre los nudillos. Su contacto era cálido. No una calidez pegajosa o molesta, sino una que envolvía con suavidad.
—Tienes las manos frías —comentó, entrelazando sus dedos con los de ella.
Los unió con firmeza. El contacto con la piel sensible entre los dedos hizo que a Ina se le erizara la piel. La sensación era intensa, tanto que le sorprendía su propia reacción. Frente a Chaekyung, sentía como si estuviera completamente expuesta, desnuda ante el más mínimo roce. Se mordió el labio sin querer.
Cuando alzó el rostro, con las mejillas encendidas por la incomodidad, Chaekyung le devolvía la mirada… sonriendo con total naturalidad.
Tan descarada que casi parecía insolente. ¿Sería eso lo que llamaban carisma arrollador? A pesar de la incomodidad, Ina no retiró su mano. Los dedos entrelazados eran cálidos, suaves, pero también firmes, una mezcla de la rigidez de los huesos y la dulzura de la piel. Esa sensación tan clara le secó la garganta.
—Ehm…
—¿Sí? ¿Qué pasa?
Chaekyung apretó con más fuerza los dedos entrelazados, presionando ligeramente la piel blanda entre ellos. Con la otra mano, se apoyó en la barbilla y le sonrió de forma descaradamente juguetona. Estaba coqueteando con ella, sin duda alguna, pero Ina no podía rechazarla.
—¿Cómo te llamas?
—Yoon… Ina.
—Ah, ¿por eso tu apodo es “Brillitos”? ¿Por el juego de palabras con “Yoon” (윤) y “brillar”?
Ina asintió en silencio. Le resultaba embarazoso escuchar de los labios de Chaekyung ese apodo que se había inventado en secundaria.
—¿Cuántos años tienes, Ina?
—Vein… veinte…
Las preguntas y respuestas continuaron con ese mismo tono vacilante. Qué estudiaba, en qué universidad, de dónde era su familia, por qué eligió esa carrera, cómo era su situación familiar… Mientras respondía, Ina sentía todos los nervios puestos en las caricias de Chaekyung. Solo le estaba acariciando la mano, nada más… pero era suficiente para sentir cómo se le humedecía la ropa interior.
Y justo en ese momento, cuando alzó la vista para mirarla, lo vio.
Cada vez que Ina respondía, ella la escuchaba con atención, asintiendo suavemente con un “ya veo” y clavando en ella esa mirada de iris azulados. Tenía una piel limpia, y su sonrisa constante la hacía ver adorable. Pero más allá de esa belleza, era su mirada lo que atrapaba la atención.
Una mirada que decía: “estoy interesada en ti.”
Era una mezcla de deseo, ambición y curiosidad que se acumulaba poco a poco en sus ojos. Una mirada construida únicamente para ella, solo para Ina. ¿Cuándo había recibido antes una mirada dirigida tan solo a ella, con esa intensidad? Solo eso ya hacía que el corazón le latiera con fuerza.
Chaekyung parecía guardar cada palabra que Ina decía, como si fueran preciosas. Después de hablar sobre su infancia, el instituto al que fue, cómo había entrado a la universidad… todo lo que se diría en una carta de presentación, Chaekyung la miró en silencio durante un momento, y entonces habló.
—Ina, ¿quieres ser mi esclava?
Fue una propuesta directa, pesada, inesperada. Su aspecto dulce haría pensar que lo diría de forma más indirecta, pero no fue así. Al apretar sus dedos mientras hablaba, Ina empezó a sudar frío.
Era el destino. En el fondo, quería aceptar en ese mismo instante. Durante años, había soñado con encontrar a alguien así: alguien que pudiera ser su dueña. Había deseado con todo su ser que algún día llegara una persona que la tomara como suya.
Chaekyung parecía haber salido directamente de ese ideal: bella, con éxito, amable. Si esa mujer se convertía en su dueña, tal vez sería la mayor suerte de su vida. Pero todo se sentía precipitado. Si tomaba una decisión tan grande en ese momento, impulsada por la emoción, quizá acabaría arrepintiéndose.
—…¿Podría tener un poco más de tiempo para pensarlo?
Las manos de Chaekyung, que no habían dejado de moverse hasta ese instante, se detuvieron. Había estado acariciando su muñeca, recorriendo su mano con cuidado. Al oír la respuesta, retiró la mano. Ina, sin querer, se quedó con los dedos levemente extendidos.
—Claro. Cuando tomes una decisión, puedes contactarme aquí.
Chaekyung le puso una tarjeta en la mano. Ina se levantó. Si se quedaba más tiempo, sentía que no sería capaz de decidir por sí misma; su voluntad se desvanecería, arrastrada por la atmósfera envolvente de Chaekyung.
—Gracias por el café. Entonces… hasta luego.
A pesar de no haberle dado una respuesta definitiva, Chaekyung seguía sonriendo.
Una mujer enigmática.
Chaekyung la acompañó hasta la puerta. Extendió una mano para despedirse. Ina la tomó. Entonces, Chaekyung se inclinó ligeramente hacia ella.
Un aroma a rosas la envolvió. Dulce y lujoso. Mucho más intenso que cualquier otra fragancia anterior. Una voz le susurró al oído.
—Nos vemos, Ina.
Ina dio un paso atrás. Le temblaban los labios. Sentía que el corazón le iba a estallar. Bajó la cabeza rápidamente, como si tuviera algo urgente que hacer, y se alejó casi corriendo, como si huyera. Temía que pudieran escuchar lo fuerte que le latía el corazón.
Corrió un buen rato antes de girarse y mirar hacia la dirección de la tienda.
Cuando levantó la mano para secarse el sudor que le corría por la frente, percibió un aroma a rosas.
Era el aroma de Chaekyung.
* * *
Era una noche sofocante, con un calor que no cedía ni siquiera después del anochecer. Hyunjeong abrió la puerta de golpe y solo cuando puso un pie dentro de la casa soltó un jadeo agitado. Se quitó los zapatos y caminó por el pasillo. Al llegar al salón, vio un rostro familiar.
—¿Ya llegaste?
Chaekyung estaba allí. Llevaba una bata y el cabello húmedo, como si acabara de salir de la ducha. Hyunjeong dejó la bolsa de plástico que traía sobre la mesa del salón. Había una botella de vino y un par de copas sobre la mesa; la botella estaba medio vacía. Solo con eso, las mejillas de Chaekyung ya se habían teñido de rojo.
—Ponte algo de ropa. Te vas a resfriar.
—No quiero.
Hyunjeong apenas rodó los ojos con fastidio, pero no dijo nada más. Chaekyung levantó su copa de vino. El líquido rojo oscilaba dentro.
—¿Ya abriste la botella?
—Je, ¿cómo no hacerlo con este clima?
Sentada en el sofá, Hyunjeong empezó a rebuscar en la bolsa. Había unos quesos envueltos, listos para servir como aperitivo. Al desenvolverlos, Chaekyung tomó un trozo y se lo metió a la boca, seguido de un sorbo de vino.
Ni siquiera se molestó en ofrecerle una copa a Hyunjeong. Sabía que estaba en medio de una dieta. Aunque se lo preguntara, no iba a beber.
—¿Te pasó algo bueno?
—Sí, algo muy bueno.
Hyunjeong le hizo un gesto con la barbilla, como diciéndole que hablara. Chaekyung no solía llamar a alguien por la noche sin una razón. Si había pedido verse a solas, probablemente era porque no podía hablar de ello en el gimnasio.
Chaekyung empezó a contarle sobre Ina. El relato se deslizaba entre sus labios como una melodía, suavizado por el efecto del vino. Desde cómo había aparecido en su tienda una clienta que encajaba por completo con su tipo ideal, hasta cómo ese mismo día se había encontrado con ella de nuevo y le había propuesto convertirse en su esclava. Una historia tan absurda y cargada de destino que parecía sacada de un melodrama barato.
Cuando terminó de contar hasta el último detalle, Hyunjeong frunció el ceño.
—¿Estás loca? ¿Quién aceptaría algo así? ¿Perdiste la cabeza?
—¿Por qué lo dices?
—¿Confiar su vida a alguien que acaba de conocer? ¡Esa persona tiene su propia vida, sus propios sueños! ¿Cómo vas y le propones eso? Y aunque dijera que sí, tú deberías haberla frenado.
—Dice que no tiene ningún sueño.
—¿Qué?
Hyunjeong miró a Chaekyung con cara de no poder creer lo que acababa de oír. Su expresión dejaba claro que aquello no tenía ni pies ni cabeza. Chaekyung, por su parte, soltó una risita silenciosa y acercó ambas rodillas al pecho, apoyando la barbilla sobre ellas mientras observaba fijamente a Hyunjeong.
—Es verdad. Hoy hablamos de eso. Me dijo que se postuló a la Universidad A porque sus padres se lo dijeron. Que eligió la carrera de Literatura Coreana porque era lo más fácil de meter. Es de esas personas que, si alguien las empuja, siguen avanzando… pero que por sí solas no tienen ganas ni intención de hacer nada. Por eso, hasta la secundaria, cuando alguien la guiaba y ella se dejaba llevar, más o menos le iba bien… pero ya sabes cómo es la universidad. Si no te haces cargo de ti misma, te hundes.
Hyunjeong se rascó la cabeza con fuerza, soltando otro suspiro profundo.
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