Capítulo 7
Chaekyung era una persona extremadamente perceptiva. Tan aguda que a veces se le podía tachar de astuta. No del tipo que resulta molesto, sino del tipo que consigue lo que quiere sin que nadie se dé cuenta de que ha sido manipulado. Siempre atenta, siempre midiendo cada detalle, y aun así, lograba que nadie la odiara por ello.
Con ese nivel de sensibilidad, entendía perfectamente lo que significaba cada gesto de Ina. La inquietud al entrar en un espacio completamente ajeno. La amargura en su voz al mencionar a su ex. El temor a hipotecar su futuro cuando le presentó el contrato. El latido desbocado que sintió cuando le besó el dorso de la mano. Todo eso hablaba claro sobre sus emociones.
Y también sabía que, aunque Ina se sobresaltara cuando le pidió que se desnudara… terminaría obedeciendo.
—Deja la camisa. Solo quítate la parte de abajo.
—…Sí.
Las manos de Ina temblaban mientras desabrochaba el pantalón. Debajo de la camisa blanca, llevaba ropa interior color durazno. La luz del sol que se colaba por la ventana iluminaba sus muslos, tersos y pálidos, haciéndolos brillar. Chaekyung contuvo el impulso de teñir esa blancura con tonos rojos.
A diferencia de sus piernas, el rostro de Ina estaba rojo como una manzana madura. Estaba claro que todo su cuerpo gritaba vergüenza. No era como esas personas a las que había que observar una y otra vez para adivinar sus sentimientos. Ina los mostraba enteros, sin filtros. Y en eso, había algo profundamente puro.
Algo que Chaekyung ya no tenía.
No podía quedarse quieta. Se levantó y se colocó detrás de Ina. Con una sola mano, desabrochó el broche del sujetador. Click. Se soltó con facilidad, dejando que el pecho de Ina se sacudiera levemente. El cuerpo de ella se tensó al instante, rígido por la sorpresa. Chaekyung apoyó la mano sobre la prenda suelta, acariciando.
Ina era ese tipo de persona que no avanzaba sola. Que necesitaba que alguien la empujara para moverse.
—¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar por ti misma?
La autoestima golpeando el suelo. El odio hacia uno mismo apilándose en el pecho. Una persona que se desprecia más que nadie.
—¿Eh?
Ina respondió, no tanto porque no entendiera la pregunta, sino porque el desconcierto la sobrepasaba. Chaekyung deslizó su mano desde el pecho hasta el abdomen, luego por los muslos. Con cada caricia, sentía cómo la respiración de Ina se agitaba más.
Entonces, metió las manos por dentro de sus muslos y la alzó con facilidad, sentándola en el sofá donde ella misma había estado sentada hacía solo un instante. Era difícil creer que semejante fuerza proviniera de un cuerpo tan esbelto.
—Te lo dije… hoy se trata de conocernos.
Chaekyung tomó de la mesita de noche un trozo de seda, largo y suave. Cubrió con él los ojos de Ina, ató el extremo con delicadeza, y le sostuvo el rostro.
Expectativa. Miedo. O tal vez ambas cosas a la vez.
El aliento de Ina temblaba, suspendido entre la emoción y la incertidumbre.
Chaekyung desabrochó por completo el sujetador y alzó sus muñecas. Extrajo unas esposas acolchadas de otro cajón y las colocó con cuidado.
Ina tragó saliva. El cuero era cálido y blando al tacto. Su cuerpo quedó recostado entre el respaldo y el apoyabrazos del sofá, con los brazos ligeramente elevados. Sin visión, sus sentidos se afinaron.
—El gesto de seguridad será cerrar y abrir la mano izquierda dos veces. ¿Probamos?
Ina obedeció, haciendo el gesto indicado. Chaekyung le acarició la mejilla con suavidad. El tacto era tibio y envolvente.
—Muy bien.
Aquella sencilla aprobación le recorrió la espalda como un estremecimiento.
—Si en algún momento quieres detenerte, solo haz ese gesto. ¿Entendido?
Ina asintió. No pudo ver si Chaekyung sonreía, pero lo sintió.
Chaekyung se inclinó y pegó los labios a su oído. Susurró y sopló apenas, haciendo que Ina se estremeciera. Recorrió con la lengua la curva del oído, lo mordisqueó, dejó un beso detrás. Solo eso bastó para que Ina reprimiera un gemido.
“Sus orejas son muy sensibles…”
Bajó por el cuello como una brisa ardiente. Beso tras beso, hasta que pequeños destellos corales florecieron en su piel. Se hundió entre su hombro y su cuello, aspirando su aroma.
Un rastro leve de jabón. La pureza intacta de sus veinte años.
Chaekyung pensó en sus propios veintes. Su madre, postrada en la cama del hospital. Ella misma, inmóvil, a su lado. Su mirada se volvió sombría. Ina no podía verlo. Se aferró a su piel con los labios.
—Hhng…
Dejó una marca con los dientes.
¿Era envidia? ¿Deseo? ¿Ambas cosas?
Los labios de Chaekyung siguieron el contorno del hombro hasta rozar la axila; lamió de abajo hacia arriba mientras el tintineo de las esposas resonaba. La respiración de Ina se volvió más agitada. Con los labios rozó la piel y con las yemas acarició el costado; Ina dibujó un jadeo al sentir el cosquilleo.
Metió las manos bajo la camisa, y tomó uno de sus pechos con firmeza. Ni demasiado ni muy poco, justo lo necesario para caber en su palma. Apretó, rozó con los dedos, pellizcó. Luego humedeció sus dedos con saliva y los llevó a los pezones, frotando, girando, presionando. Ina se arqueaba, se estremecía. Apretaba los labios para no soltar ningún sonido.
Chaekyung observó todo en silencio. Luego se inclinó y le susurró al oído.
—No reprimas los sonidos —dijo Chaekyung con firmeza.
—P-pero…
Era una orden clara. Aunque Ina sabía que debía obedecer, la vergüenza la dejaba paralizada. Chaekyung colocó la palma de su mano al lado del pecho de Ina, y se deslizó por su cintura hasta llegar a la cadera. La mano, que se había movido hacia atrás, amasó sus nalgas sobre la ropa interior.
—¡Ah!
Instintivamente, Ina intentó morderse los labios, pero Chaekyung le colocó un dedo dentro de la boca. La yema tocó sus dientes en la segunda falange, y la humedad se fue acumulando en su lengua.
—Mmm… ah… —Ina gimió suavemente, atrapada entre la sorpresa y la intensidad del momento.
—Shhh, así está bien —susurró Chaekyung.
El dedo dentro de su boca se desplegó y presionó contra su lengua, como si marcara territorio en ese mundo húmedo y cálido. Mientras tanto, sus caricias seguían explorando la piel entre los muslos, abriéndose paso entre sus nalgas para rozar sus entradas.
—¡Ah… ah! —Ina se retorció, su rostro completamente enrojecido.
Era una mezcla embriagante de vergüenza, vulnerabilidad y un estremecimiento eléctrico que recorría su cuerpo al ser tocada de ese modo por alguien a quien aún conocía tan poco… pero que parecía leerla con absoluta claridad.
Chaekyung, con dedos firmes y finos, continuó con una destreza casi hipnótica. Las uñas bien limadas y la punta de los dedos acariciaron el interior de sus molares antes de pasar por encima de su lengua. Presionó su lengua suave y húmeda con la punta de los dedos y luego los metió por su garganta. Ina tosió ligeramente, jadeando. A Chaekyung no le importó y empujó su barbilla hacia arriba con la palma de la mano.
—Buena chica. Lo estás haciendo muy bien, ¿sí?
Era una voz experta, como quien lleva años aprendiendo a guiar, a calmar. El dedo giró con elegancia dentro de la boca de Ina, rozando el paladar, danzando sobre cada rincón con suavidad meticulosa. Del borde duro junto a los dientes, al interior más blando y sensible, lo recorrió todo, y por la comisura de sus labios, un hilo de saliva resbaló silenciosamente.
Los labios de Ina, sonrosados, se abrieron en un suspiro. Sus dientes brillaban, reflejando la luz como porcelana húmeda.
Y así, completamente sumisa a la caricia, Ina dejaba que Chaekyung tomara el control. El temblor de su pecho, el rubor en su piel, el eco de su respiración… Todo lo decía sin palabras.
Chaekyung lo sintió como un escalofrío recorriendo su espalda.
“Tan adorable…”
Sus manos acariciaban con naturalidad, como si estuvieran tocando las teclas de un piano. Mientras se movían con tanta gracia, exploraban cada rincón del cuerpo de Ina. Había un pequeño lunar en el espacio entre su hombro y cuello, una cicatriz antigua en su codo, y una huella de alguna caída pasada en su rodilla.
La mano que amasaba sus nalgas se movió hacia el interior de sus muslos. Agarró sus piernas, que se cerraban con angustia, y las abrió. Su ropa interior ya estaba empapada. Chaekyung soltó una risita.
Chaekyung era de las que dejaban lo mejor para el final, como quien guarda su bocado favorito hasta el último momento. En lugar de avanzar de inmediato, empezó por acariciar detrás de las rodillas, con la yema de sus dedos apenas rozando la piel.
—¡Ah!
Solo eso bastó para que de los labios de Ina escapara un suspiro tembloroso, una nota frágil de placer. Los ojos de Chaekyung brillaron, como si hubiera descubierto un secreto. Continuó jugueteando con esa zona sensible, moviendo sus dedos como si ejecutara una melodía secreta.
—Es extraño… tan raro… —balbuceó Ina, a medio camino entre la vergüenza y la súplica.
—Sí, es extraño. Pero precioso. Qué hermosa eres así…
Ina, con la voz temblorosa y casi al borde del llanto, se aferró a ella. Y Chaekyung, como quien acoge un ruego tierno, la reconfortó con susurros, caricias, y una presencia que lo llenaba todo.
—Ah… hngh… haaa…
Chaekyung miró a Ina en esa posición. Su cabello negro azabache se extendía sobre el respaldo y los reposabrazos del sofá. Sus muñecas estaban atadas arriba, sus hombros y brazos temblaban, y su cabeza estaba inclinada hacia un lado mientras jadeaba.
Las marcas de lápiz labial que había dejado en su cuello blanco y hombros eran evidentes. Sus pezones estaban erectos, y sus dedos de los pies se encogían cada vez que la camisa los rozaba. Sus muslos estaban levantados, y sus suaves glúteos y ropa interior brillaban como si hubieran sido rociados con aceite.
Se veía claramente. No había paisaje más bello.
—…Estás jodidamente hermosa.
No eran palabras dichas para avergonzar a Ina, sino una pura apreciación. Parecía que estaba echando gasolina a un deseo que se encendía lentamente. Apretó los dedos que sostenían el hueco de la rodilla de Ina. Volvió a morder el lóbulo de su oreja y luego lamió detrás de su oreja. Acarició su cabello suelto y jugueteó cerca de su oído. Solo el roce de su aliento hacía que sus hombros se estremecieran.
Dónde le gustaba y dónde sentía.
Descendió por su cuello, dejando una estela de besos que reavivaban las marcas ya puestas. Se escuchó un nuevo suspiro, suave, quebrado, rendido.
Su punto débil. Su punto sensible. Su punto favorito.
Chaekyung presionó suavemente los muslos de Ina y depositó un beso en su parte externa. Luego deslizó sus labios hacia el interior, dejando una marca en su blanca piel. Cada vez que su boca succionaba la carne con suavidad, los dedos de los pies de Ina se curvaban instintivamente, como si intentaran esconder el estremecimiento.
Cabello, detrás de las orejas, línea del cuello, hombros, brazos, piernas, axilas, pecho, cintura, nalgas, rodillas, hueco de la rodilla…
Chaekyung metió una mano debajo de las nalgas de Ina y le levantó el muslo. Acostada entre las piernas de Ina, observó en silencio la parte inferior de Ina, ahora empapada.
― …
—¿Se… señora?
El rostro de Chaekyung se torció levemente, confundida. ¿”Señora”, en este momento? No era el término correcto. Había uno más íntimo, más adecuado, más sincero. Ina no era tan ingenua como para no saberlo. Quizá simplemente le salió sin pensar, o quizás… le dio vergüenza decirlo.
Sin pronunciar palabra, Chaekyung presionó su intimidad con un dedo. Ina contuvo el aliento, sorprendida.
—Creo que escuché mal. ¿Mm? Ina… ¿quién soy yo?
—Aah… ¡haa…!
No podía ser tan despistada si iba a ser una esclava. Los ojos de Chaekyung la observaban con una mezcla de expectativa y advertencia. Era tan perfecta para ella… tan hermosa, tan receptiva, tan del tipo que le encantaba. ¿Su carácter? Tal vez un poco pasivo, pero eso se podía moldear poco a poco.
Al no recibir respuesta, Chaekyung no insistió con palabras. En lugar de apresurarla, presionó repetidamente su dedo en la entrada.
—¡Hah… ah… ahng… a… ama…!
—No escuché bien. Habla más alto.
Tras una breve pausa, los labios de Ina se abrieron de nuevo, con voz trémula:
—…¡A-ama!
—Muy bien.
Chaekyung sonrió con ternura y besó suavemente los párpados cubiertos por la seda. Ina sintió que algo en su interior se llenaba. Aunque no comprendiera del todo lo que Chaekyung pensaba, sí sentía con claridad que esa dulzura dirigida solo a ella comenzaba a envolverla.
¿Alguna vez había recibido un elogio tan sincero? Al pensarlo, una emoción extraña la invadió, como si las lágrimas quisieran aflorar.
—Has aguantado muy bien.
Chaekyung deslizó la mano por detrás de su cabeza y le retiró la venda que cubría sus ojos. En las pupilas oscuras de Ina, se reflejó su figura. Con una mano grande y cálida, le acarició la mejilla. Luego la sostuvo con ambas manos, acercando su rostro como si quisiera beberse su aliento.
Ambas se vieron reflejadas en los ojos de la otra.
Ina, quien siempre había evitado mirar a los ojos de los demás, se obligó a hacerlo ahora. Se sentía avergonzada y asustada, pero también sentía que no podía evitar mirarla.
El pulgar de Chaekyung acarició el contorno enrojecido de sus ojos. Depositó un beso, primero en el izquierdo, luego en el derecho. Después, con ambas manos, sostuvo su rostro con delicadeza.
Sus labios se encontraron. Sus bocas se abrieron y las lenguas se buscaron, entrelazándose en un abrazo cálido, húmedo, lleno de deseo contenido. Ina, desbordada por la intensidad, apenas podía seguir el ritmo. Y sin embargo, se dejaba llevar, torpe pero entregada.
Chaekyung, acariciando sus cabellos con ternura, se embriagaba del sabor de sus labios.
—Mmm… mnh… chp…
—Haa… huhh…
El sonido húmedo entre sus cuerpos. La respiración entrecortada. Ina no podía dejar de pensar: “¿y si lo hago tan mal que Chaekyung me rechaza?”. La ansiedad le oprimía el pecho. El modo en que Chaekyung le besaba los labios—como si los saboreara, dulces y suaves como un caramelo—parecía sacado de un sueño. Cuando sus bocas se separaron, Ina, sin darse cuenta, frunció los labios, deseando un poco más. Al notar su expresión, Chaekyung soltó una risa.
—¿Qué? ¿Por qué esa carita…?
Ina, sobresaltada, se puso nerviosa. Chaekyung curvó una sonrisa y acarició con el dorso de la mano el muslo de Ina, que ardía como si su piel supiera el secreto.
—Creo que deberías verte en un espejo… para que veas lo adorable que te ves.
Sin responder, Ina se sonrojó profundamente. En los labios de Chaekyung se dibujó una sonrisa traviesa. Con la palma de la mano, acarició la parte más íntima de Ina.
—Pero aquí… parece que alguien no pudo aguantarse, ¿no?
—¡N-no es eso, yo… ah…!
Sobresaltada, Ina bajó la mano para sujetar la muñeca de Chaekyung. El sonido metálico de las esposas resonó débilmente.
—Quita la mano.
Su voz fue baja, firme. Ina se quedó rígida, examinando con temor el rostro de Chaekyung antes de apartar lentamente la mano. Ella suspiró y peinó con calma su cabello desordenado hacia atrás. Ina, temerosa de haberla disgustado, apretó los labios y alzó la mirada, con los ojos a punto de llorar.
—Tsk, qué maleducada… Tendré que enseñarte desde cero.
Chaekyung la miraba con diversión. No solía aceptar esclavas tan torpes y despistadas. Pero era tan bonita…La expresión sorprendida de Ina después del beso, el modo en que tragaba saliva cuando la tocaba, la forma en que la observaba con nerviosismo… Era un espectáculo digno de contemplar, cambiante y encantador.
—A partir de ahora, cada vez que te dé una orden, tienes tres segundos para obedecerla. ¿Entendido?
Su voz era suave pero firme. Ina asintió obedientemente. Entonces, Chaekyung deslizó la mano por debajo de las caderas de Ina y le retiró la ropa interior. Luego, rodeó su espalda con un brazo y la recostó sobre el sofá con cuidado, como si estuviera colocando una flor en su lugar más delicado.
Tal vez por miedo a la advertencia anterior, Ina no se atrevió a oponer resistencia. Apenas podía mover los ojos de un lado a otro, nerviosa. Cuando la ropa interior quedó enredada en sus tobillos, un rubor le tiñó las mejillas y juntó las piernas con vergüenza, intentando ocultar lo que ahora quedaba al descubierto.
Chaekyung parpadeó mientras la observaba desde arriba. Todavía había algo que deseaba explorar.
Con una sonrisa suave y serena en los labios, pronunció:
—Abre las piernas.
Entre la blancura de su piel, Ina parecía una fruta madura, como un durazno en su punto justo. El pequeño valle entre sus muslos guardaba el rocío de la anticipación. Chaekyung se inclinó y frotó los labios contra la colina antes de erguir la lengua y deslizarla por el sendero oculto. Las piernas de Ina temblaron visiblemente.
—¿Es tu primera vez?
Chaekyung hizo la pregunta con calma. Ina, roja de vergüenza, mantuvo los labios sellados. Tal era su turbación, que la voz no le salía. Viendo su expresión, Chaekyung comenzó a contar en voz baja.
—Uno… dos…
—¡S-sí!
Al menos aprende rápido, pensó Chaekyung. Lamió el clítoris de Ina, que se había hinchado, como si la estuviera felicitando. Los hombros de Ina se estremecieron. A pesar de haber mencionado que había tenido pareja, parecía increíble que nunca hubiera llegado tan lejos. Quizás se había negado, o su exnovio era alguien paciente… pero viendo cómo reaccionaba ante una caricia mínima, ¿quién podría haberse contenido?
—…Este es tu premio por portarte bien.
Chaekyung presionó los muslos hacia los lados, abriéndolos aún más, y se hundió entre ellos. Su rostro se perdió entre la tibieza palpitante de Ina. Con la lengua acarició su clítoris enrojecido y erecto, y descendió poco a poco, presionando con la nariz mientras se abría camino entre los pliegues. Se metió entre los labios menores y frotó sus labios contra la entrada que se abría y cerraba cada vez que Ina inhalaba y exhalaba.
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