Capítulo 9
—¡Treinta…! —ah… huff…—
El último número se le escapó entre jadeos. Ina se dejó caer, sin fuerzas. Chaekyung apoyó una mano en sus nalgas y, agarrando la carne, comenzó a amasarla con rudeza.
—E-espere un momento, ama… ¡ah!—
Llamarla “ama” ya le salía con mucha más naturalidad. Chaekyung sonrió y, con la rodilla, ayudó a Ina a incorporarse. Ina quedó con una rodilla apoyada entre las piernas de Chaekyung y levantó la vista hasta su barbilla. Le daba vergüenza sostenerle la mirada, pero también le aterraba no hacerlo y que Chaekyung la interrogara. Por eso, los labios de Chaekyung, moviéndose al hablarle, se le mostraban con una claridad despiadada.
—A ver… ¿qué hay que decirle a tu ama que te dio unos azotes tan amables, Ina?
La forma en que enfatizó “amables” —como si subrayara la palabra una y otra vez—, el movimiento de su lengua, contrastaban con lo poco amables que habían sido los castigos. Ina movió nerviosamente los dedos, atados al frente, antes de responder:
—…G-gracias por golpearme, ama.
—Eso es. Muy bien.
Chaekyung rodeó con sus manos los muslos de Ina y bajó un poco su postura. Luego posó los labios en el rabillo de sus ojos, húmedos de lágrimas. Besó su frente perlada de sudor, el entrecejo, las sienes, el puente de la nariz y el contorno de los ojos, y después rozó su nariz con la de ella. Con una mano sostuvo sus nalgas; con la otra recorrió su espalda, deslizándose hacia abajo.
En los ojos de Ina se reflejaron los ojos azules de Chaekyung. Se balanceaban, muy cerca. En ese azul, su propia imagen aparecía nítida.
—Hoy lo hiciste increíblemente bien. Mi Ina.
Ina apretó los dientes para contener unas lágrimas que amenazaban con desbordarse. Era su primera vez recibiendo azotes. Salvo los besos, no había nada de ese día que no fuera una primera vez.
Lo había imaginado tantas veces que, al ver cumplirse parte de esa fantasía, el corazón le latía con fuerza. Pero lo que más miedo le daba era no estar a la altura de las expectativas de Chaekyung, alguien que seguramente había conocido a personas mucho más hábiles que ella. ¿Y si, después de probar una vez, Chaekyung decidía que no le había gustado y ni siquiera volvía a escribirle? Le aterraba haberse enamorado tan rápido.
Si Chaekyung la rechazaba así, ¿cómo iba a soportar ese sentimiento? La idea de quedarse sola con ese amor la oprimía el pecho, hasta dejarla sin aire.
—Hng… h-hic…
Con una sola palabra de elogio, todos esos pensamientos se derritieron. Aunque estaba segura de haberlo hecho mal, Chaekyung le decía que lo había hecho bien, que era admirable, que era bonita, mientras sus manos recorrían su cuerpo. Al final, las lágrimas que había contenido terminaron por caer.
Unos labios húmedos se posaron sobre los suyos justo cuando estaba a punto de soltar un sollozo. Una lengua se abrió paso en su boca. Por costumbre, incluso mientras la besaban, el miedo volvió a asomar. Sentía que no sería capaz de satisfacerla lo suficiente.
Abrió los ojos, que había cerrado para contener el llanto, y vio el rostro de Chaekyung. Sonreía con la suavidad del sol filtrándose entre las nubes. Su cara, enrojecida por el calor, decía que era adorable, que la quería así. Al verla, hasta el más mínimo resto de preocupación se desvaneció como nieve al sol. Ina dejó que el corazón guiara el movimiento de sus labios. Sus lenguas se entrelazaron.
No era como su primer beso. Tampoco se parecía al beso torpe que había compartido con Chaekyung hacía apenas un momento. Le gustaba así, con las lenguas mezclándose, la saliva fundiéndose, la respiración entrecortada compartida. Le gustaba estar conectada. Le gustaba Chaekyung hasta erizarle la piel. Exagerando un poco, sentía como si le estallaran fuegos artificiales en la cabeza.
Mientras seguían besándose, inclinó un poco la cabeza y una luz reflejada le dio en el rostro. Al girarse hacia el brillo, vio un espejo.
Tenía una expresión lasciva. Las mejillas intensamente rojas, la respiración agitada, los ojos nublados, llenos solo del deseo de Chaekyung, rebosantes de lujuria. Durante veinte años había visto su propio rostro todos los días, pero jamás se había visto así. Cuando separaron apenas los labios, Chaekyung también miró el espejo. Captó al instante lo que Ina estaba pensando y, con una sonrisa en los labios, le sujetó la barbilla para volver a besarla.
—Qué provocativa.
El susurro, trazado con el aliento que compartían, dibujó la frase en el aire.
* * *
Se oyó el “whiiing” del aire acondicionado en funcionamiento. El sol, que se había ido ocultando poco a poco, terminó de ponerse por el oeste, y una penumbra suave se adueñó de la habitación. La lámpara de pie junto a la ventana emitía una luz rojiza tenue. Ese resplandor cálido llenaba cada rincón del cuarto.
El rostro de Ina, tendida boca abajo en el sofá, también estaba teñido de naranja. Sobre sus nalgas, ya cubiertas con ungüento, reposaba una bolsa de hielo envuelta en una toalla.
La primera sesión había terminado. Chaekyung, con Ina apoyada sobre sus rodillas, le acariciaba el cabello. Las pestañas de Chaekyung, al mirarla, se movían con suavidad.
—¿Qué tal estuvo hoy? ¿Estuvo bien?
—Sí…
A Ina le daba tanta vergüenza solo pensar en lo que había pasado que enterró la cara en el muslo de Chaekyung. Era un muslo firme. Tenía un aroma corporal tenue.
—Bien, ¿hablamos de lo que hicimos hoy?
—…
—Uno, dos…
—E-espera un momento… Estoy pensando. Hablamos del contrato, de la palabra de seguridad, de recorrerme todo el cuerpo con las manos… de que me… chuparas abajo, la depilación, los azotes…
—Y además, Ina, lo sentiste tanto que te viniste.
—¡…!
—¿Qué pasa? ¿Dije algo incorrecto?
—…No.
Ina bajó la cabeza, avergonzada. Chaekyung sonrió y deslizó los dedos entre su cabello, rascándole el cuero cabelludo con suavidad.
—De todo eso, ¿qué fue lo que más te gustó?
—…
—Ina, ¿tengo que volver a contar para que me lo digas?
—N-no… Es que todo me gustó muchísimo… No puedo elegir solo una cosa…
Esta vez fue Chaekyung quien se quedó sin palabras por un instante.
—Tienes talento para seducir a la gente haciéndote la que no sabes nada.
—¿Eh? ¿Qué?
—Nada, nada.
Chaekyung lo dijo con un gesto fingidamente serio. Todo le gustó, había dicho. La depilación había sido una decisión unilateral de Chaekyung. Deberían haberlo hablado antes, pero desde la posición de Chaekyung como ama, aquello significaba marcarla como suya. Era un acto similar a un tatuaje. Por eso pensaba engatusarla de alguna manera, aunque no creía que a Ina le disgustara. Aun así, la mirada brillante de Ina pinchó su conciencia.
—Perdón por lo de la depilación. No lo hablamos antes.
—No pasa nada… Me dio vergüenza, pero… me gustó.
—¿Qué te gustó, exactamente? ¿Dónde y cómo?
No lo preguntaba para molestarla a propósito.
—¿De verdad… tengo que contar eso?
Chaekyung guardó silencio un momento. Movió los ojos como si pensara algo y luego tomó la cabeza de Ina con ambas manos, haciéndola mirarla.
—Ina. Esto es como un roleplay. Un juego de roles. Durante el tiempo de la sesión es así. Aunque dom y ama no son exactamente lo mismo… en fin, durante el juego lo importante es que haya acuerdo entre las dos. No funciona si solo una se esfuerza.
Desde la ventana, abierta apenas un poco, entró un viento nocturno y húmedo que despeinó el cabello de Chaekyung. Su melena corta, a la altura de la mandíbula, se movió suavemente. Al girarse levemente, Ina pudo ver con claridad las largas pestañas de Chaekyung, su nariz recta y sus labios suaves. La voz que salía de entre esos labios resonaba con nitidez.
—Aunque el dom, el sádico o el amo lleve la iniciativa, no es omnipotente. No puede leer la mente ni saberlo todo solo por las reacciones. Por eso, para conocerte mejor, lo más importante es que después me cuentes cómo te sentiste.
Los dedos que ese día habían recorrido, apretado y acariciado el cuerpo de Ina incontables veces volvieron a deslizarse por su cabello.
—No tienes por qué avergonzarte. Después de haberte venido así delante de mí, ¿te da vergüenza explicarlo ahora?
—…No.
—¿Ves? Entonces cuéntame de a poco. ¿Cómo te sentiste durante la inspección corporal? Por lo que vi, parece que tus orejas y el hueco detrás de las rodillas son lo más sensible.
—Eso es que…
Ina empezó a hablar. Sin atreverse a mirarla a los ojos, fijó la vista en el abdomen de Chaekyung y continuó, murmurando. Cuando habló de la sensación de que le chuparan abajo, Chaekyung sonrió y añadió que a eso se le llamaba cunnilingus. Solo escuchar la palabra vagina bastó para que Ina se sonrojara. Chaekyung se tragó las ganas de burlarse.
La conversación siguió así durante un buen rato. Ina hablaba de lo que había sentido en cada parte del juego, y Chaekyung le explicaba los términos, empatizaba con ella o comentaba qué partes parecían hacerle sentir mejor.
Mientras hablaban, de vez en cuando las miradas se cruzaban. Ina se sobresaltaba y apartaba la vista enseguida. Chaekyung sonreía con suavidad. Al principio, Ina ni siquiera podía mirarla a los ojos. Verla mejorar poco a poco le daba la certeza de que iba a gustarle cada vez más.
Después de limpiar con toallas tibias el cuerpo cubierto de sudor y fluidos, y de seguir charlando en ese ambiente cálido, Ina empezó a parpadear, como si la tensión se le hubiera ido de golpe. A mitad de una frase bostezó y negó con la cabeza. Un sueño incontenible la invadía.
—Ama… tengo mucho sueño…
Incluso la caricia en su cabello parecía empujarla más hacia el letargo. A través de la visión borrosa, vio los labios sonrientes de Chaekyung acercándose. Flotaba un leve aroma a rosas, mezclado con un perfume corporal más intenso y el olor fresco del sudor.
—Duerme bien, Ina.
Algo cálido y afectuoso se posó sobre su frente. En su conciencia difusa, la voz clara de Chaekyung resonó con nitidez.
Parte 4. El hechizo de la bruja
La luz del sol que se colaba a través de la puerta de vidrio le hizo cosquillas en los párpados. Un edredón suave envolvía todo su cuerpo. Tenía una textura ligeramente áspera, pero mullida, como una nube. Le daban ganas de quedarse enterrada allí para siempre.
Abrió los ojos con cuidado y vio un cielo de un azul deslumbrante. El paisaje desconocido la sobresaltó y se incorporó de golpe. Un dolor punzante le recorrió las nalgas, y tuvo que apoyarse la cintura con la mano. Antes de que se le escapara un gemido, reparó en los muebles, tan desconocidos como el lugar.
Una alfombra color café, un sofá de tela, una mesa de madera maciza… No tardó en recordar lo ocurrido la noche anterior. ¿Se habría quedado dormida después de aquella sesión? Sus recuerdos se volvían borrosos a partir de justo antes de caer rendida.
Por la puerta de vidrio entreabierta entró una corriente de aire. La brisa exterior se sentía cálida frente al aire fresco del aire acondicionado.
—…¿Cuántas horas dormí…?
A tientas, aún sin poder abrir del todo los ojos, palpó la mesa de noche hasta encontrar el teléfono. La hora brilló en la pantalla.
—Las diez diecisiete… ¡¿diez diecisiete?!
Había llegado a esa casa cerca del anochecer, y cuando terminó todo el juego ya pasaban un poco de las once. Aunque calculase que se durmió alrededor de la medianoche, eso significaba que había dormido más de diez horas.
Últimamente, ya fuera por el calor o por haber terminado con Seokju, no lograba dormir bien. Y aun así, no solo había dormido profundamente, sino que además se sentía despejada y de buen ánimo. Era una sensación que solo recordaba de cuando era niña: después de ir de picnic con amigas, gastar toda la energía y quedarse dormida sin darse cuenta.
—Guau…
Se frotó la cara con ambas manos y apartó el edredón. Entonces notó que tenía algo aplicado en las nalgas. Era una crema refrescante. Seguramente Chaekyung se la había puesto. Sobre la mesa había una nota que ella había dejado.
“Salí a entrenar. Dúchate y come lo que dejé preparado. Nos vemos en la tienda”.
* * *
Del gel de ducha emanaba un aroma fresco a ciruela. Se preguntó si de verdad estaba bien ducharse con tanta calma en la casa de otra persona cuando ni siquiera estaba la dueña. A medida que el perfume se expandía, la sensación de incomodidad fue apaciguándose poco a poco.
El vello púbico estaba cuidadosamente arreglado. Primero lo habían recortado y luego habían aplicado crema depilatoria para retirarlo. En esa postura, quedaban expuestos sin pudor su sexo, el perineo y el orificio anal. Al recordar lo ocurrido la noche anterior, la vergüenza estuvo a punto de volverla loca.
—¡¡…!!
Ina, bajo el chorro de agua, golpeó un par de veces el espejo frontal del baño. Mientras se enjabonaba el cuerpo, las nalgas le palpitaban. Giró la parte inferior del cuerpo y se miró en el espejo: la hinchazón ya había bajado. Ayer le dolían tanto que ardían, pero ahora ese dolor parecía una mentira. Con una extraña sensación de añoranza, Ina se frotó las nalgas.
Mientras se enjuagaba, observó su cuerpo con detenimiento. No había un solo rincón al que las manos de Chaekyung no hubieran llegado. Eso significaba que había mirado, recorrido y acariciado su cuerpo con extremo cuidado. Para Ina, todo aquello no se sentía agobiante, sino afectuoso.
Con su exnovio, bastaba con que un dedo la tocara para que le provocara una incomodidad difícil de explicar. No era un contacto natural, sino uno forzado, como si intentara fabricarlo a toda costa. Chaekyung, en esencia, no debía de ser tan distinta. Y aun así, la sensación era completamente diferente.
«Ina, ¿quién soy yo?»
Una advertencia clara de que, si no respondía bien, la reprendería. Un trato marcadamente condescendiente. La lengua moviéndose dentro de su boca, el aliento que exhalaba, la voz que salía de sus labios, la mano cargada de sensualidad presionando la entrada húmeda y pegajosa; el momento en que, al cruzarse sus miradas, Chaekyung levantaba el mentón, arqueaba una ceja y la apuraba con un “dilo”, todo eso llenaba su mente.
—Mi ama…
Respondía a esa pregunta de buena gana. La repetía una y otra vez. Era un conjuro para convencerse de que aquello era real.
No una fantasía soñada como tantas otras veces, sino una realidad incuestionable.
Que ella también tenía una ama.
Aquella situación, que no terminaba de sentirse real cuando Chaekyung estaba frente a ella, se asentó por completo como realidad recién después de repetirlo varias veces en voz baja.
Abrió el grifo. El agua cayó con fuerza.
Shhhhhh…
Más allá del chorro que caía, la figura de Chaekyung se dibujaba borrosa.
Hermosa y afectuosa.
Mi ama.
* * *
—¿Dormiste bien?
Chaekyung, recién salida de entrenar, se veía sexy. Su cabello corto, todavía algo húmedo, se agitaba con el viento del enorme ventilador. Quizá por su piel aún mojada, su aroma se percibía más intenso. Sin darse cuenta, Ina tragó saliva y asintió. En los labios de Chaekyung se dibujó una pequeña sonrisa.
—Dormiste profundísimo. Ni siquiera te despertaste cuando salí.
—Lo siento…
—No es algo por lo que debas disculparte. Lo hiciste bien.
Incluso por cosas mínimas la elogiaba. Ina se tragó las palabras que estaba a punto de decir. El zumbido del ventilador de techo se mezclaba con el del ventilador de pie.
—Bien. A partir de hoy voy a explicarte las cosas que tienes que cumplir y las que tienes que hacer.
—¿Las cosas que tengo que… cumplir y hacer?
—Sí. Yo soy tu “ama”, y voy a controlar tu vida cotidiana en general. Hay dos reglas que debes cumplir.
Chaekyung sonreía como de costumbre, pero en sus ojos azules brillaba una firmeza inquebrantable. Alzó un dedo y dijo:
—La primera: reportarme absolutamente todo lo que hagas. Cada comida del día, le sacas una foto y me la envías. Antes de ir a la academia y al salir. Antes de ir a entrenar y al terminar. Antes de dormir y justo al despertar. Si te levantaste, me dices que te levantaste; si llegaste al gimnasio, me avisas que llegaste. Un mensaje. ¿Se entiende?
Ina ladeó la cabeza al escuchar lo de la academia y el ejercicio, pero enseguida asintió. Chaekyung sonrió suavemente y levantó el segundo dedo.
—La segunda: no mentirme. Nunca.
Los ojos de Chaekyung brillaron con seriedad. Era una mirada estricta, que dejaba claro que no habría perdón si no se cumplía. Ina asintió.
—…Sí. Lo entiendo.
—Me gusta que captes rápido. Bien, entonces, sobre las cosas que tienes que hacer… En el edificio que está sobre la avenida principal, en los pisos tres y cuatro, hay un gimnasio donde un amigo mío trabaja como entrenador. Ahí vas a entrenar al menos cinco veces por semana. Esa es la primera rutina.
—¿Cinco veces por semana…?
—Sí, cinco veces por semana.
Al oír “cinco”, la mirada de Ina vaciló. Chaekyung sostuvo esa mirada y, con una sonrisa fresca, continuó hablando con naturalidad.
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- Capítulo 10 Hace 21 horas
- Capítulo 9 Hace 23 horas
- Capítulo 8 febrero 1, 2026
- Capítulo 7 febrero 1, 2026
- Capítulo 6 febrero 1, 2026
- Capítulo 5 febrero 1, 2026
- Capítulo 4 octubre 9, 2025
- Capítulo 3 octubre 9, 2025
- Capítulo 2 octubre 9, 2025
- Capítulo 1 octubre 9, 2025
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