¿Esa mujer acababa de compararla con un perro?
An Huai entendió perfectamente la indirecta y se enfureció al instante.
—¡¿Y tú quién eres?! ¡Este es nuestro set de rodaje! ¡¿Quién te dejó entrar?!
Lan Xi, también de carácter orgulloso, puso los ojos en blanco.
—Tu abuela.
—¡Tú…!
—¿Qué es todo ese alboroto?
Lin Shuo estaba revisando las tomas y el ruido comenzaba a fastidiarlo. Miró directamente a An Huai.
—Si siguen discutiendo, cambio a la actriz.
El rostro de An Huai palideció. Esa oportunidad le había costado semanas de súplicas a su padre. No podía perderla bajo ningún concepto.
Apretó los labios, dudó un instante y luego lanzó una mirada llena de odio a Lan Xi y a Gu Yu antes de marcharse pisando fuerte.
—¡Pff!
Al verla huir furiosa, como un animalito que escapaba con el rabo entre las piernas, Lan Xi no pudo evitar reír.
Después de reír lo suficiente, se acercó a Gu Yu con su habitual sonrisa dulce.
—Vine especialmente a verte. Te traje café.
—Gracias, de verdad.
Gu Yu asintió. Lan Xi había traído varias tazas con su asistente y ya había repartido café al equipo… excepto a cierta persona que se había marchado hecha una furia.
Gu Yu sostuvo la taza. El aroma cálido y el sabor intenso resultaban reconfortantes tras salir del agua.
Recordó que Su Yue también se había empapado por su culpa. Dudó un segundo y luego giró la cabeza.
—La señorita Lan Xi trajo café. Acabamos de grabar bajo el agua… viene bien para entrar en calor. ¿Quieres un poco?
Lan Xi se quedó quieta un instante. En sus ojos rosados pasó una sombra de desilusión. Aun así, mantuvo la sonrisa suave y adorable de siempre.
Si no fuera por la leve oscuridad en el fondo de su mirada, habría resultado completamente convincente.
Sus ojos se cruzaron con los de Su Yue. La expresión de esta era tranquila, pero el aroma a vino de sus feromonas casi parecía expandirse con orgullo.
—Gracias.
Su Yue aceptó la taza que Gu Yu le tendía. Sus dedos largos rozaron apenas la punta de los de ella.
—La siguiente escena no es nuestra. ¿Descansamos un momento?
Gu Yu asintió y se volvió hacia Lan Xi.
—Gracias por el café. Si no estás ocupada, ¿quieres sentarte un rato con nosotros?
Lan Xi resopló hacia Su Yue y arrastró una tumbona hasta quedar pegada a Gu Yu.
—Quiero sentarme con mi hermana, ¿se puede?
Frente a Gu Yu, nunca lograba enfadarse.
Apenas dijo eso, la mirada de Su Yue se deslizó hacia ellas con una frialdad evidente.
Lan Xi, satisfecha, dio unas palmaditas en el espacio libre de la tumbona y alzó las cejas hacia Su Yue.
—Es bastante grande. Si la señorita Su no se sienta ahora, no le guardaré sitio.
La mirada de Su Yue se volvió más fría aún. Iba a responder, pero en ese momento Lin Shuo ya estaba llamando para preparar la siguiente escena.
La siguiente toma era un enfrentamiento entre Su Yue y An Huai. No tenía tiempo para quedarse descansando.
Se puso de pie. Sus ojos oscuros se posaron en Lan Xi, que le devolvió la mirada sin ceder.
Durante ese breve cruce, parecía que chocaban espadas invisibles. En los ojos de Su Yue había advertencia. En los de Lan Xi, una sonrisa luminosa que no alcanzaba a ocultar la profundidad oscura de su interior.
Eran del mismo tipo.
Cuando se trataba de alguien importante, no importaba el método: siempre tomarían la iniciativa y no soltarían el control.
“Si tú también tienes esa intención… adelante, inténtalo”.
Su Yue soltó una leve risa y se volvió despacio. Se quitó la bata y dejó caer la mirada sobre el rostro claro de Gu Yu.
Sonrió con suavidad.
—Gu Yu, ¿me la sostienes?
Su tono era natural, familiar, como si aquello fuera lo más normal del mundo.
—Claro.
Gu Yu tomó su taza sin pensarlo y la sostuvo contra su pecho, sin notar que el rostro de Lan Xi se había oscurecido por completo.
Lan Xi desvió la mirada y resopló.
—La gran estrella Su debería ir a grabar. No hagas esperar a tu compañera de escena.
Su Yue ignoró el comentario y salió del toldo.
Gu Yu siguió su figura con la mirada hasta que volvió a centrarse en el café. Justo cuando iba a acercar la pajilla a los labios, una mano se interpuso y le quitó suavemente la taza.
—No bebas ese, está sucio. Te doy otro.
Lan Xi sonreía mientras, como por arte de magia, sacaba otra taza de café de no se sabía dónde. Le colocó la pajilla y se la ofreció.
—Ah… gracias.
Gu Yu estaba segura de no haber dejado caer la pajilla al suelo. ¿Cómo iba a estar sucia?
Repasó mentalmente lo ocurrido… salvo que Su Yue había bebido de esa taza antes, nadie más la había tocado. ¿Acaso había rozado algo sin darse cuenta?
Ya que Lan Xi le había preparado otra, no supo cómo negarse.
—Perdona por desperdiciar la tuya. La próxima vez invito yo.
Lan Xi observó cómo Gu Yu aceptaba el café nuevo. Su ánimo mejoró al instante, y la sombra en sus ojos desapareció.
—Es solo una taza de café. Si te gusta, puedo traerte una todos los días~
Gu Yu no pudo evitar reír.
—Gracias, pero no hace falta. Los artistas siempre están muy ocupados.
—Lo digo en serio, hermana.
Los ojos rosados de Lan Xi se volvieron inesperadamente serios.
—Si a ti te gusta, vendré todos los días. No importa cuándo. Mientras tú quieras.
Gu Yu se quedó inmóvil un segundo.
En esos ojos claros como cristal había algo distinto. Una intensidad que no estaba acostumbrada a ver.
Hoy Lan Xi parecía… diferente. Como si una ligera y casi imperceptible melancolía la envolviera.
Pero apenas Gu Yu dudó, Lan Xi volvió a su sonrisa habitual, dulce y encantadora.
—Es broma. La verdad es que sí estoy muy ocupada. Si quieres algo de beber, te mando a mi asistente~
Le guiñó un ojo.
¿Había imaginado lo anterior?
Gu Yu no estaba segura. Juraría que había sentido un cambio en el ánimo de Lan Xi… pero en un instante desapareció, como si nunca hubiera existido.
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Comentarios del capítulo "Capítulo 105"
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