—Está bien, lo sé. Hoy también te costó venir hasta aquí y encima trajiste un regalo tan considerado —Gu Yu sonrió—. La próxima vez invito yo.
—¿Oh? ¿Así que quieres tener una cita dulce conmigo? —Lan Xi apoyó el mentón en la mano y la miró con una ternura desbordante.
—Cof, cof… no digas tonterías…
Gu Yu se atragantó un poco sin querer, sorprendida por la imaginación de la chica. Al verla tan animada, incluso bromeando con ella, empezó a preguntarse si lo de antes no habría sido solo una ilusión suya.
Pensándolo bien, ya que ahora ocupaba el cuerpo de la dueña original, sentía que también debía asumir cierta responsabilidad por sus amistades. Al menos, preocuparse un poco por ellas.
Miró la sonrisa de Lan Xi y, con un dejo de cautela en sus ojos claros, preguntó con suavidad:
—Lan Xi, dime… ¿te ha pasado algo últimamente?
Lan Xi se quedó inmóvil un instante. La sonrisa seguía en su rostro, pero en el fondo de sus ojos se agitó una corriente oscura que pronto volvió a hundirse.
—…¿Por qué lo dices?
No respondió directamente, sino que devolvió la pregunta.
—Solo siento que tienes algo en tu mente —respondió Gu Yu con honestidad—. No veo por qué tendrías que ocultarlo.
Lan Xi guardó silencio.
Al cabo de un rato, respiró despacio. La sonrisa en sus ojos se atenuó un poco. Cuando habló, su voz seguía siendo dulce, pero había perdido parte del entusiasmo.
—Ay… parece que solo en estas cosas eres especialmente perspicaz.
—¿…? —Gu Yu no entendió—. ¿Especialmente perspicaz?
Al ver la confusión en los ojos claros de Gu Yu, Lan Xi esbozó una sonrisa amarga en su interior. En sus pupilas rosadas, suaves como cristal, se acumuló una ternura que escondía con cuidado esa pizca de tristeza.
—Estoy bien—dijo—. De verdad. Solo que últimamente surgieron algunos problemas en el trabajo y me han agotado un poco. No te preocupes~
—¿Es algo relacionado con inversiones? Si necesitas ayuda, yo puedo…
—No, no es eso —Lan Xi la interrumpió por primera vez—. Es solo… un tema de colaboración.
Parecía no querer seguir hablando del asunto.
Gu Yu guardó silencio. Lo que iba a decir era que, si Lan Xi tenía dificultades laborales, ella podía ayudarla. Aunque no fuera una hija especialmente valorada de su familia, los ahorros de tantos años bastaban para echarle una mano en un momento complicado. Pero, aun así… Lan Xi la había rechazado.
—Entiendo —dijo al final—. Pero si alguna vez te metes en problemas, haré todo lo que esté en mis manos para ayudarte.
Aunque Lan Xi no quisiera aceptar su ayuda ahora, como amiga, Gu Yu no pensaba darse la vuelta si la necesitaba.
Siempre y cuando… se lo dijera.
—No esperaba que te preocuparas tanto por mí. ¿Qué hago ahora? Me hace muy feliz —Lan Xi sonrió con una dulzura que parecía desbordarse.
Luego, como tanteando el terreno, lanzó otra pregunta:
—Entonces… ¿qué opinión tienes de la señorita Su?
Mientras hablaba, observaba cada mínimo gesto de Gu Yu, como si quisiera grabar cada reacción en su memoria.
El cambio de tema fue abrupto.
—¿Su Yue…? —Gu Yu se quedó pensativa y bajó la mirada.
Pasó un buen rato sin que lograra dar con una respuesta clara.
La relación entre ellas… probablemente ya estaba por encima de una simple amistad. ¿Novias…? Mejor no.
Gu Yu se llevó la mano a la frente con resignación. Esa parte, mejor dejarla de lado.
—Ella… es muy buena persona. Alguien a quien aprecio mucho —dijo al fin, eligiendo cuidadosamente las palabras.
Era una respuesta ambigua, aparentemente inofensiva.
Pero Lan Xi parpadeó sin llamar la atención, y una frialdad fugaz cruzó su mirada.
Si no fuera por ese leve rubor carmesí que subió a las orejas de Gu Yu, quizá no le dolería tanto.
Lan Xi apretó los dedos. Sus manos, ya de por sí pálidas y delicadas, parecían aún más frágiles. En su mente se libraba una batalla silenciosa, y en sus ojos pasó un destello apagado.
—Lo siento…
En ese momento, la voz amplificada de Lin Shuo resonó de repente en el set, ahogando por completo aquella disculpa casi inaudible.
—¡Actores listos! ¡Prepárense para comenzar!
—¿Qué dijiste, Lan Xi? —preguntó Gu Yu.
Antes de que Lin Shuo hablara, había creído oír que Lan Xi murmuraba algo, pero el sonido del micrófono lo cubrió por completo.
—…Nada importante —respondió Lan Xi con una sonrisa—. No es nada.
Bueno… de acuerdo.
Si Lan Xi no quería decirlo, Gu Yu tampoco insistiría.
Suspiró en silencio, esperando que, si de verdad tenía algún problema, se lo contara algún día.
El siguiente escenario ya estaba completamente preparado. Como casi todas las escenas en aguas profundas habían terminado, Lin Shuo había cambiado el atrezzo y el decorado, que ahora resultaba sorprendentemente llamativo.
Un conjunto de pabellones y terrazas de estilo clásico, construidos con vigas de color rojo intenso, se alzaban entre la niebla. La bruma envolvía el pabellón acuático como nubes, dando la sensación de estar en un reino inmortal.
En esta escena, Su Yue interpretaba a una general femenina disfrazada de hombre. Vestía una túnica negra de estilo feiyufu, solemne y antigua. Los patrones dorados, entre luces y sombras, brillaban con un resplandor discreto bajo la iluminación.
Su largo cabello negro estaba recogido en lo alto con una cinta oscura, limpio y decidido. Sus cejas se alzaban levemente, el semblante frío y distante. Algunos mechones sueltos caían junto a sus orejas y, con el soplo del viento, acentuaban su porte gallardo y elegante. A su cintura pendía una espada larga, como sacada de una historia de artes marciales, un joven héroe bajo la luna y la brisa.
Ese aspecto… le sentaba demasiado bien a Su Yue, pensó Gu Yu sin poder evitarlo.
Su mirada permaneció fija en la figura sobre el escenario. Su Yue también notó esa atención y, desde lo alto, devolvió la mirada. Sus rasgos, serenos como montañas entre niebla, se suavizaron en una sonrisa leve. Asintió apenas hacia Gu Yu y se preparó para comenzar.
Con la señal de Lin Shuo, Su Yue entró en personaje.
Esta era la segunda vida de la joven que cayó al mar y de la sirena. En un tiempo y espacio distintos, dos almas volvían a chocar. Pero esta vez, tampoco estaban destinadas a un final feliz.
La música comenzó y atrajo de inmediato todas las miradas hacia el pabellón antiguo. La brisa agitó las cortinas de cuentas, dejando ver el perfil impecable de la joven vestida de negro.
Su Yue bajó la mirada, tomó la copa de vino de jade blanco sobre la mesa y bebió de un trago bajo la luz de la luna.
La noche estaba cubierta de estrellas y la luna llena colgaba en el cielo. Su luz suave se reflejaba sobre el río, donde el viento levantaba destellos plateados. El paisaje era hermoso.
Pero la joven no tenía ánimo para contemplarlo.
En silencio, frente al río ondulante, bebía copa tras copa, como si esperara la llegada de alguien… solo para volver a quedarse vacía cada vez.
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