Su Yue frunció ligeramente el ceño. La luz de la luna caía en cascada, tiñendo de una fría claridad las yemas de sus dedos que sostenían la copa de jade blanco. Sus manos, finas y pálidas como el más puro jade de grasa de cordero, eran largas y armoniosas, de una belleza impecable.
Bajo la luna se escuchó otro suspiro.
El joven general bebió la copa de un trago y miró la superficie del lago, ondulante pero silenciosa. En sus ojos pasó un rastro de melancolía.
Esta noche… probablemente ella no vendría.
En fin.
Sacudió la cabeza con resignación y estaba por dejar la copa para retirarse cuando, de pronto, una brisa primaveral le rozó el rostro y, acto seguido, un par de manos se enroscaron alrededor de él.
Su Yue se giró. Por un instante creyó que era la muchacha a la que tanto anhelaba, pero al reconocer a la persona frente a ella, el desagrado en sus ojos fue imposible de ocultar.
La recién llegada vestía una túnica de gasa púrpura, sensual y provocativa. La tela ligera dejaba entrever su silueta exquisita; su piel era blanca y delicada. Con ese atuendo parecía una danzarina exótica llegada de tierras lejanas, pero las joyas lujosas que adornaban su cuerpo revelaban su identidad: una princesa extranjera enviada en matrimonio político, de linaje noble.
Esa princesa era An Huai.
La escena mostraba al joven general, a la orilla del río, suspirando por su amante, cuando era interrumpido por la intrigante princesa extranjera. An Huai interpretaba precisamente a esa mujer que, con intenciones ocultas, buscaba acercarse al general.
Había un fragmento en el que la princesa coqueteaba con Su Yue. Era la única oportunidad que tenía para aproximarse a ella. Por eso, An Huai no pensaba renunciar a ese papel bajo ninguna circunstancia… aunque el director Lin Shuo la reprendiera, lo soportaría.
An Huai llevaba un maquillaje intenso. Su belleza era de por sí llamativa, y con ese traje de gasa resultaba aún más seductora.
Lanzó una mirada hacia Gu Yu, sentada bajo el escenario, y alzó ligeramente los ojos con una provocación evidente.
Espera y verás, Gu Yu.
Con gesto encantador, tomó la mano de Su Yue y la acercó a su propio pecho, adoptando una expresión apasionada y lastimera.
Gu Yu frunció apenas el ceño al ver la escena, aunque su rostro permaneció impasible.
Conocía ese fragmento del guion desde el principio. Sabía que Su Yue tendría una escena ambigua con otra actriz. Desde un punto de vista profesional, no tenía objeciones. Pero al conocer en persona a la supuesta compañera de escena, comprendió que An Huai no solo tenía un carácter desagradable, sino que además resultaba francamente irritante.
Gu Yu observó en silencio a las dos figuras bajo el reflector. Sus ojos claros eran fríos, como si nada le importara.
—¿Gu Yu? ¿Qué pasa? —preguntó Lan Xi.
Ella también había visto la escena. Por la reacción de Gu Yu, entendía perfectamente lo que sentía.
Pero no pensaba intervenir.
—Nada —respondió Gu Yu con indiferencia, aunque su mirada seguía fija en la mano de An Huai aferrando la de Su Yue.
Lan Xi sonrió sin decir nada más, observando a Su Yue con diversión apenas perceptible.
Ah… alguien va a decepcionar a Gu Yu.
En el escenario, Su Yue frunció el ceño al ver la expresión insinuante de An Huai. La invitación en sus ojos era demasiado evidente, descarada incluso. Su Yue solo sintió repulsión.
El joven general retiró la mano con frialdad y dio un paso atrás. Sus pupilas, rojas como luna sangrienta, estaban cargadas de oscuridad. Cada centímetro de su cuerpo irradiaba rechazo.
Pero An Huai no se dio por vencida. Tomó otra copa y la llenó de vino. Con paso elegante, avanzó hacia ella.
Sostenía la copa de jade blanco con una mirada seductora, como un espíritu bajo la luna que intentara embrujar el corazón de un joven apuesto con una simple bebida.
Pero ¿acaso el gran general protector del reino se dejaría seducir por un simple demonio?
Antes de que la princesa pudiera acercarse, el general alzó la mano y golpeó la copa.
El jade cayó al suelo y se hizo añicos con un sonido nítido. El vino se derramó sobre el piso, asustando a la princesa intrigante.
An Huai tembló ligeramente.
No esperaba una explosión de presencia tan intensa. Era solo una escena de romper una copa… pero por un instante sintió auténtico miedo. Como si, de dar un paso más, ella misma fuera a quedar destrozada como el jade en el suelo.
¿Qué estaba pensando? Solo era actuación.
Se obligó a calmarse. La fuerza interpretativa de Su Yue era demasiado poderosa; dejarse influenciar era normal. No debía acobardarse.
Tras ajustar su respiración, An Huai volvió a esbozar una sonrisa seductora.
Pero la mirada de Su Yue era glacial, como si estuviera observando a un cadáver. Tan fría que parecía arrastrarla al fondo de un abismo helado.
Bajo esa presión, An Huai forzó la sonrisa. Sus dedos se movían inquietos bajo la manga de gasa. Estaba nerviosa.
Intentó continuar con la escena. Dio un paso… pero, aún alterada, pisó sin querer el borde de su falda. Perdió el equilibrio y cayó de frente hacia Su Yue.
En el mismo instante en que An Huai se lanzó sobre ella, Su Yue se apartó con una agilidad casi inhumana, como si estuviera esquivando algo sucio.
Sin apoyo, An Huai cayó pesadamente al suelo.
—¡Ay!
El set quedó en silencio.
—Pff…
Finalmente, en medio de la tensión, una risa escapó.
Lan Xi no pudo contenerse. Mientras An Huai se incorporaba mostrando los dientes del dolor, ella soltó la carcajada.
—Jejeje… La actuación de la señorita An es simplemente magistral —dijo con tono claramente sarcástico, sin el menor temor a ofender.
Después de que Lan Xi rompiera el hielo, los demás ya no pudieron aguantar. Las risas estallaron por todas partes. Algunos incluso se cubrían el rostro con la gorra mientras los hombros les temblaban.
—¿De qué se ríen? ¡Nadie se ría!
El rostro de An Huai alternaba entre blanco y rojo, en un espectáculo casi cómico.
De pronto, se dio cuenta de que la cámara de detrás de escena se estaba acercando lentamente hacia ellas.
En su mente surgió una idea.
Sentada en el suelo, miró a Su Yue —que se mantenía deliberadamente a distancia— y pestañeó con aparente vulnerabilidad.
—Su Yue… ¿puedes ayudarme a levantarme? Creo que me torcí el tobillo…
Su voz era suave, casi un susurro coqueto. Cualquiera habría accedido a su petición.
An Huai sonrió para sí.
Bastaba con que Su Yue la ayudara a levantarse. Solo ese gesto. Con eso, su agencia podría crear rumores y promocionar un supuesto romance entre ellas. Y entonces, aprovechando la opinión pública, ella podría avanzar naturalmente hacia…
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