An Huai esquivaba con dificultad los ataques afilados de Su Yue. El nerviosismo en sus ojos era imposible de ocultar.
En su interior estaba aterrada. ¿No se suponía que solo debían representar una escena de pelea siguiendo el guion? ¿Era necesario tomárselo tan en serio?
La escena transcurría en el interior del palacio. El joven general descubría que la sirena a la que amaba había sido brutalmente dañada por la princesa extranjera. Enfurecido, decidía matarla. Pero, debido a un edicto imperial que lo obligaba a casarse con ella por el bien del reino, cuando levantaba la espada para vengar a la sirena, numerosos guardias irrumpían para detenerlo. Impedido de ejecutar su venganza, el general solo podía contemplar, destrozado, cómo la princesa sonreía con arrogancia.
Pero eso no era lo importante.
Lo importante era que la pelea con la princesa extranjera, según el plan original, solo requería gestos simbólicos: un par de florituras con la espada, algunos intercambios superficiales… y listo. Entonces, ¿por qué Su Yue estaba actuando como si fuera una batalla real?
La princesa interpretada por An Huai también sabía algo de combate, pero ante la ofensiva del joven general, pronto comenzó a quedarse atrás.
Su Yue descargó un tajo sin contenerse. Según el guion, An Huai debía bloquearlo.
—¡Clang!
El choque de espada y sable vibró en el aire. El impacto fue tan fuerte que pareció sacudir incluso el espacio entre ellas. An Huai sintió cómo la mano se le entumecía al instante, un dolor punzante que se extendía como miles de hormigas mordiendo su piel.
¿Lo estaba haciendo a propósito?
Retrocedió tambaleándose, el rostro lívido.
Pero Su Yue no le dio tiempo a recuperarse. Antes de que pudiera estabilizar la respiración, el siguiente ataque cayó sobre ella.
Otra estocada descendió con fuerza arrolladora. An Huai apenas logró esquivarla, descompuesta, perdiendo el equilibrio y retrocediendo una y otra vez.
¡Maldita sea! ¿No era solo una coreografía? ¿Por qué Lin Shuo no gritaba “corte”?
Al ver la evidente inquietud en el rostro de la mujer vestida de púrpura, Su Yue soltó un leve resoplido. Sus ojos rojo oscuro se afilaron aún más, sin rastro alguno de compasión.
Seguía el guion al pie de la letra, encarnando al “general enamorado que busca venganza”. Solo que esta vez… no iba a permitir que aquella mujer saliera ilesa.
Finalmente, cuando An Huai ya mostraba claras señales de agotamiento, Lin Shuo gritó:
—¡Corte!
—…Uf…
An Huai exhaló con alivio y lanzó una mirada cargada de resentimiento hacia Su Yue.
Pensó que por fin la escena estaba superada, pero la voz amplificada del director volvió a resonar:
—¡An Huai! ¿A dónde crees que vas?
—¿No terminó ya? —replicó, cruzándose de brazos con evidente desdén.
Lin Shuo estuvo a punto de reír de la incredulidad.
—¿Terminar qué? ¿Has visto tu actuación? No hay personaje, no hay expresión. ¿Y todavía te vas tan tranquila?
¿Acababa de decir que había actuado mal?
An Huai abrió los ojos con indignación, pero la firmeza del director la dejó sin respuesta.
—¿Qué hice mal? —insistió, aún altiva.
Había estado “siendo perseguida” todo el tiempo. ¿No era eso suficientemente realista?
—¿No sabes qué hiciste mal? Bien, te lo voy a mostrar.
Lin Shuo reprodujo la grabación y congeló un fotograma, ampliándolo.
Al principio, An Huai mantenía la expresión altiva. Pero cuando la imagen se hizo nítida, se quedó paralizada.
En pantalla aparecía el momento del enfrentamiento. Ante el ataque implacable de Su Yue, ella, inexperta y sobrepasada, había reaccionado con torpeza. En vez de una evasión elegante, parecía estar huyendo descontroladamente. Su rostro, crispado por el miedo real, estaba completamente fuera de personaje.
Nada en esa imagen recordaba a una princesa extranjera curtida en combate.
—E-esto…
Su rostro enrojeció al instante.
—¡Es que Su Yue estaba peleando demasiado en serio! ¡Estas escenas solo requieren fingir un poco! ¿Era necesario hacerlo así?
Su excusa solo provocó miradas de desprecio entre el equipo.
No había practicado ni una sola vez en la sala de entrenamiento durante toda la producción, y ahora que la habían superado con claridad, seguía negándolo.
Lin Shuo perdió la paciencia.
—¡Si no puedes actuar, lárgate! ¡No necesitamos artistas sin talento, sin disciplina y que además agreden a sus compañeros! ¡Si tú no quieres el papel, habrá quien lo quiera!
El grito la dejó muda.
Miró con resentimiento hacia el otro lado del set, donde Su Yue estaba inclinada junto a Gu Yu, preguntándole con preocupación cómo se sentía.
Apretó los dientes, pisoteó el suelo con frustración… pero, incapaz de marcharse, regresó al escenario con el rostro tenso, ganándose otra ronda de miradas cargadas de hartazgo.
Al otro lado, Gu Yu abrió el pequeño paquete que Su Yue le había entregado. Un aroma dulce y delicado la envolvió al instante, disipando el mal humor que aún persistía.
Se sorprendió.
¿No eran los mismos dulces que había comido esa mañana? ¿Cuándo había salido Su Yue a comprar más?
Sobre cada pastelito reposaban pequeñas flores blancas cuidadosamente decoradas. Era justo el sabor que había dicho que le gustaba.
—Pedí que los trajeran hace un momento —explicó Su Yue con una sonrisa suave—. Pensé que así quizá te animarías un poco.
Tomó uno y lo acercó con delicadeza a sus labios.
—Prueba.
A pesar del atuendo marcial que llevaba puesto, de la firmeza que irradiaba minutos antes, frente a la chica de cabello claro siempre terminaba suavizándose, como si sostuviera pétalos frágiles entre las manos.
—Mm… está igual que el de la mañana.
Gu Yu sonrió y, partiendo el dulce por la mitad, llevó un trozo a la boca de Su Yue.
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Comentarios del capítulo "Capítulo 120"
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