Sus miradas se encontraron; sus respiraciones casi se fundieron en una sola. El falso aroma a Jäger y el delicado perfume elegante que emanaba de Su Yue se entrelazaron sin descanso, igual que sus ojos enfrentados.
Como si nada pudiera separarlas.
Tan cerca… y, aun así, tan lejos.
El corazón de Gu Yu se saltó un latido.
Como si el mundo hubiera dejado de girar, todo se volvió denso, pegajoso, imposible de describir con palabras.
Esa atmósfera…Se parecía demasiado a aquel momento en la audición, cuando estuvo a punto de rozar los labios de Su Yue…
Pensándolo así, la mirada de Gu Yu se deslizó sin darse cuenta hasta los labios finos de Su Yue. Parecían pálidos, pero daban la impresión de ser suaves, como pétalos de rosa.
¿A qué sabrían…? ¿Serían de sabor a rosa?
Su Yue también notó su mirada. Sus pupilas rojo oscuro se volvieron profundas, y, sin poder evitarlo, se inclinó hacia abajo, acortando la distancia hasta el límite.
Gu Yu se estremeció.
—¡Su Yue…!
Los dedos largos de Su Yue levantaron el mentón de Gu Yu. Su voz, baja y ronca, resonó con gravedad.
—Gu Yu, ¿me estás deseando?
Admítelo. Quiero oír tu respuesta.
Gu Yu tembló; su mirada se volvió caótica, incapaz de sostener la suya.
Se acabó… Su Yue de verdad pensaba que ella era una alfa descarada.
¿Qué iba a hacer Su Yue? ¿Vengarse…?
Gu Yu, tensa, esperó un castigo desconocido. Pero al segundo siguiente, los labios de Su Yue descendieron de repente.
Gu Yu abrió los ojos de par en par, viendo cómo esas pupilas rojo oscuro se agrandaban ante ella. En esos ojos vio su propio desconcierto… y la sonrisa que brillaba en el fondo de la mirada de Su Yue.
Aquel rojo profundo tenía un matiz burlón.
Fue solo un beso fugaz, como el roce de una libélula sobre el agua. Su Yue se apartó de inmediato.
—…Entonces, como tú desees.
Gu Yu la empujó con fuerza.
—¡Su, Su Yue! ¿Qué significa eso…?
¿Qué quería decir con “como tú desees”?
Gu Yu no lo entendía.
¿Acaso no se llevaban mal?
Entonces, ¿por qué Su Yue la había besado?
Su mente era un caos total, incapaz de distinguir si aquello era real o un sueño.
El aire frío pareció devolverle la lucidez a Su Yue. Su expresión volvió a endurecerse y apartó el rostro.
—…¿No me odias? Que yo te bese debería darte asco, ¿no?
Gu Yu se quedó helada.
Así que… ¿Su Yue solo había querido darle asco besándola?
Gu Yu movió los labios, como si tuviera mil cosas que decir, pero ninguna logró salir. Todo se le quedó atascado en la garganta.
No sabía qué responder. Solo sentía lo absurdo de la situación y… un palpitar imposible de ocultar.
Era ridículo.
Ridículo que se sintiera conmovida por una supuesta venganza de Su Yue.
Gu Yu no supo explicar la sensación de pérdida que surgió en su pecho. Con terquedad, se limpió la comisura de los labios y, de pronto, sonrió.
—Su Yue, ¿sabes? Hacer eso no es una buena forma de vengarte de mí.
En el instante en que sonrió, la razón de Gu Yu gritaba que no debía hacerlo, que tenía que congraciarse con Su Yue. Pero la rabia emocional tomó el control.
Gu Yu sacó de pronto la autoridad propia de un alfa. Tras años fingiendo serlo, ya le resultaba natural. Empujó a Su Yue contra la pared.
Las pupilas rojo oscuro de Su Yue la miraron como si observaran a una presa.
—¿Y bien? ¿Qué piensas hacer?
—Lo mismo de siempre. Devolver golpe por golpe.
Dicho esto, Gu Yu la besó de golpe.
Esta vez, fue Su Yue quien abrió los ojos con sorpresa.
La furia que Gu Yu había imaginado no llegó. Al contrario, Su Yue levantó la mano, la sujetó y profundizó el beso… incluso intentó forzar sus dientes para entrar, decidida a darle una lección de verdad.
En ese instante, la razón de Gu Yu despertó por completo. Se apartó bruscamente, con el rostro encendido, como una rosa en plena floración.
Los ojos de Su Yue se oscurecieron aún más, con una agresividad casi salvaje.
El aroma a vino tinto que emanaba de ella parecía a punto de desatarse. Avanzó paso a paso.
—¿Un alfa que fuerza a una omega? Gu Yu… de verdad que me has abierto los ojos.
Lo decía una omega que, sin embargo, avanzaba como si fuera un alfa.
Gu Yu respiró hondo y sostuvo su mirada.
—Te equivocas. Solo quería decirte que yo también tengo carácter. Nada más.
Dicho eso, Gu Yu se dio la vuelta, como una alfa irresponsable que se desentiende después del acto, evitó la mirada de Su Yue y salió corriendo de la casa Gu.
Su Yue la llamó con frialdad:
—¿A dónde vas? ¡La película empieza a rodarse mañana!
Quería decirle que debía descansar temprano, conservar energías y no salir corriendo así.
Pero su corazón, en pánico, gritaba otra cosa. “Gu Yu, ¿a dónde vas? ¿A dónde piensas ir dejándome atrás?”
Gu Yu no se volvió.
—Tengo asuntos que atender.
Subió al Bentley y el coche se alejó velozmente, dejando solo una estela de humo.
Su Yue se quedó mirando durante largo rato la entrada vacía, cerrando lentamente la mano en un puño.
“Su Yue… Su Yue… ¿Qué estás esperando? Alguien tan despreocupada como ella jamás se detendría por ti. Deberías odiarla. ¡Odiarla! Y no… enamorarte de ella”.
Su Yue se obligó a recordar todo lo que Gu Yu le había hecho, pero descubrió que ya no le dolía tanto como antes.
Incluso… incluso sentía que aquella Gu Yu histérica, que volcaba su propio dolor sobre los demás, era profundamente… digna de lástima.
Tenía tantas ganas de abrazarla, de decirle a la pequeña Gu Yu de sus recuerdos: no pasa nada, estoy aquí…
Su Yue esbozó una sonrisa amarga, se dio la vuelta y subió las escaleras, sin ganas siquiera de cenar.
Por otro lado, Gu Yu fue directamente a la tienda.
No esperaba encontrarse no solo con Lan Xi, sino también con un invitado inesperado.
—Hola, nos volvemos a ver.
Lu Yang le saludó con una sonrisa, tan astuta como la de un zorro.
Por suerte, la privacidad del local era excelente. Ambos estaban en la sala VIP, así que no habría ningún alboroto.
—Lu Yang, ¿qué haces aquí?
Gu Yu les preparó una taza de café a cada uno mientras hablaba.
Lu Yang sonrió con despreocupación, probó un sorbo y dijo:
—Mmm… ¿y por qué no iba a venir? No olvides que me prometiste un traje hecho a medida… Ah, qué aroma tan bueno.
Los ojos rosados de Lan Xi lo miraron con un dejo de frialdad. Un omega… de alto nivel.
El dulzor del cóctel de cereza y burbujas se liberó sin disimulo. Luego, Lan Xi sonrió con dulzura y se dirigió a Gu Yu:
—Hermana, yo también quiero un diseño a medida. Prometo portarme bien y no revelar nada sobre ti, ¿sí?
Mientras hablaba, se levantó y se aferró con familiaridad al brazo de Gu Yu.
—Hermana, aquí aún no tienes mis medidas, ¿verdad? Ven, mídeme tú misma…
Gu Yu le revolvió el cabello con cariño.
—Está bien. Vamos adentro a tomar las medidas.
Lan Xi siguió a Gu Yu hacia la habitación interior, sin olvidar lanzar antes una mirada provocadora a Lu Yang.
La pose de una vencedora.
Lu Yang se encogió de hombros con indiferencia, pero formó con los labios unas palabras claramente molestas:
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