—¿Ah, sí? Parece que prefieres actuar con omegas de aroma llamativo.
Su Yue apretó un poco más la mano de Gu Yu. El dolor le hizo fruncir el ceño; ni siquiera se atrevía a respirar hondo.
—No… lo estás malinterpretando…
Gu Yu se apresuró a deslindarse. Luego le dedicó una sonrisa de disculpa a Lu Yang, que tampoco tenía muy buena cara.
—Eh… gracias por la amabilidad, profesor Lu. Yo… me iré primero…
¡Si en esta situación volvía a rechazar a Su Yue, seguro estaría acabada!
Si ella se enfurecía y la “eliminaba” antes de tiempo, ¿no habría sido en vano todo lo que había hecho estos días? Al pensarlo, Gu Yu tragó saliva en silencio.
Al oír que Gu Yu rechazaba a Lu Yang, Su Yue por fin aflojó un poco la mano. Gu Yu sintió que su muñeca debía de haberse puesto roja. La piel le ardía levemente.
—Profesor Lu, ella ya se ha expresado así.
Su Yue curvó los labios en una sonrisa; en sus ojos pasó un destello de desdén.
—En ese caso, me la llevo. ¿Tiene alguna objeción más, profesor Lu?
Su tono era gélido, como un lago helado en lo más profundo de una cordillera nevada. Aquellas palabras hicieron que la mirada de Lu Yang se ensombreciera. Sus ojos castaños, de forma alargada, se entrecerraron, llenos de una fría evaluación.
Lu Yang guardó silencio. La sonrisa seguía en la comisura de sus labios, pero ya no alcanzaba a sus ojos.
Su Yue supo que ya no tenía nada más que decir. Tiró de la muñeca de Gu Yu, la sacó del set y la metió en el coche. Sin darle opción a opinar, el vehículo arrancó y se alejó a toda velocidad.
—Su Yue…
Lu Yang observó con frialdad cómo el coche negro se perdía en la distancia; en sus ojos parecía formarse una fina capa de escarcha.
Finalmente, soltó una risa seca y se dio la vuelta para subir a su propio coche.
……
Dentro del coche, fresco y silencioso, las dos chicas permanecían sin hablar.
Gu Yu se frotó la muñeca enrojecida y lanzó una mirada furtiva hacia Su Yue, sentada al otro lado.
Ella seguía con su habitual expresión impasible, solo que esta vez sus ojos parecían cubiertos por una capa de hielo…
Gu Yu no pudo evitar tragar saliva y se deslizó un poco hacia un lado.
El trayecto transcurrió sin incidentes. Pronto llegaron a la residencia Gu. Su Yue no mostró ningún comportamiento extraño, estaba tranquila como si aquel enfrentamiento en el set nunca hubiera ocurrido.
Gu Yu sentía que el aura de Su Yue ese día era demasiado fría. La presión la superaba. Así que, en cuanto llegó a casa, subió las escaleras, entró en su habitación y cerró la puerta con llave, sin querer ver a nadie.
La tía Lin, al notar que el ambiente entre ambas jóvenes era raro nada más volver, se sintió confundida, pero no preguntó nada. Solo mandó preparar más comida deliciosa y ordenó que se la subieran.
Su Yue miró la puerta cerrada en el piso de arriba; sus ojos se oscurecieron un poco. Subió las escaleras en silencio. Al pasar frente a la habitación de Gu Yu, se detuvo un instante, y en su mirada cruzó una amargura difícil de describir.
Pareció oírse un suspiro suave llevado por el viento. Su Yue se dio la vuelta y se fue, dejando en el aire un leve aroma a vino tinto, enfriado como con hielo, igual que su estado de ánimo en ese momento.
Pesado y amargo.
Dentro de la habitación, Gu Yu apoyó suavemente la mano en la puerta. Escuchó esos pasos tan familiares alejarse poco a poco hasta desaparecer. Cuando oyó el leve sonido de una puerta cerrándose afuera, por fin soltó un suspiro de alivio.
Sus ojos claros se bajaron. Una sensación de inquietud la invadió sin motivo aparente, como si hubiera perdido algo importante; el pecho le pesaba.
Pero… ¿por qué Su Yue había dicho en el set que ella sería su mentora? ¿No… la odiaba más que a nadie?
Gu Yu recordó, fuera de lugar, la escena de ese día: Su Yue cargándola y saltando con ella desde el andamio. En el instante en que Su Yue le colocó aquella flor de té blanco, su corazón latió tan rápido que casi perdió el control.
—Ah, cierto… ¿y la flor?
De pronto recordó la flor de té blanco que Su Yue había colocado junto a su sien durante el rodaje. Se llevó la mano a la oreja; el tacto suave de los pétalos la tranquilizó.
Gu Yu retiró con cuidado la flor y la sostuvo entre las manos, como si fuera algo frágil, extremadamente delicado.
La olió suavemente. Del centro de la flor brotaba un aroma dulce y delicado, envolvente como una gasa ligera, danzando frente a su nariz.
Como sus feromonas.
Un atisbo de amargura cruzó los ojos de Gu Yu. Cerró los ojos, incapaz de calmarse durante un largo rato.
Colocó la elegante flor de té blanco en un florero. Como había sido una decisión improvisada, la casa no tenía un recipiente especial para flores, así que usó uno decorativo por el momento.
La cuidó con esmero. Aunque no sabía si lograría mantenerla viva, no entendía por qué, al mirarla, no podía soportar la idea de tirarla sin más.
Tal vez… porque esa flor se la había dado Su Yue.
—Qué cansancio… iré a ducharme primero.
Gu Yu negó con la cabeza y decidió no pensar más en ello. Se cambió de ropa y fue al baño. Entre el vapor del agua, relajó por completo el cuerpo.
Se quitó el parche inhibidor y, al instante, el aroma limpio y delicado de la flor de té blanco emanó de ese pequeño trozo de piel clara y suave, llenando todo el baño.
—Huu…
Gu Yu exhaló suavemente. Por el vapor, el rabillo alargado de sus ojos se tiñó de rojo. Sus ojos claros se entrecerraron, como si estuviera ligeramente embriagada, con una belleza onírica y difusa.
Al cabo de un rato, salió del agua caliente. Las gotas resbalaron por su piel blanca y cayeron en la bañera. Se puso el albornoz, se secó el cabello y se colocó un parche inhibidor nuevo. El aroma de flor de té blanco que la rodeaba fue disipándose poco a poco. Luego, tomó con soltura el bloqueador de feromonas del rincón y se roció varias veces sin miramientos.
Esta vez, el intenso y fuerte aroma salvaje cubrió por completo el del té blanco. Gu Yu olfateó ligeramente; al no notar nada extraño, salió del baño.
Pensaba irse a descansar temprano cuando, de pronto, un golpe en la puerta sonó de forma inoportuna.
Gu Yu se detuvo. Creyó que sería la tía Lin trayéndole fruta, así que fue a abrir.
En el instante en que la puerta se abrió, Gu Yu alzó la vista y se encontró con unos ojos color vino…
En ese segundo, pareció que el tiempo se detenía.
—Su… Su Yue, ¿qué haces aquí?
Gu Yu no esperaba que al abrir la puerta se encontrara con semejante “sorpresa”. Estaba tan nerviosa que casi no podía hablar.
Su Yue la miró con calma. Al ver a la persona frente a ella, tan tensa que todas sus emociones se reflejaban en el rostro, su corazón se estremeció levemente.
¿Otra vez… la había asustado?
Al ver lo nerviosa que estaba Gu Yu, Su Yue pensó que probablemente sí. De por sí tenía rasgos fríos; cuando no sonreía, podía parecer poco accesible. No había imaginado que Gu Yu le tendría tanto miedo.
Su Yue apretó los labios, sintiendo una irritación difícil de describir.
“Esta alfa… esa demasiado frágil”, pensó con resignación, aunque su expresión se suavizó un poco.
—Vengo a ensayar la escena contigo —dijo con voz neutra.
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Comentarios del capítulo "Capítulo 52"
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