La mano de Su Yue, que sostenía los palillos, se detuvo apenas un instante. En sus ojos rojo oscuro pasó un destello de rigidez.
¿…La estaba tanteando?
La primera reacción de Su Yue fue pensar que Gu Yu la estaba probando.
¿Acaso sabía algo?
Entrecerró los ojos color vino y la observó con cuidado, sin levantar sospechas. Pero enseguida notó que Gu Yu parecía haber preguntado solo por preguntar. Ni siquiera mostraba curiosidad por la respuesta y seguía comiendo con total entusiasmo.
Recién entonces Su Yue se relajó un poco y volvió a servirle un bocado de cerdo crujiente.
—No es nada. Eran algunos compromisos, los cancelé todos.
Gu Yu asintió como si no hubiera notado nada. Su atención ya estaba otra vez completamente centrada en la comida, y no volvió a preguntar.
Cuando terminó de comer y regresó a su habitación, Gu Yu apoyó la espalda contra la puerta y soltó un largo suspiro.
Sus ojos claros se oscurecieron levemente.
Lo había sentido. Justo después de hacer esa pregunta, el estado de ánimo de Su Yue había cambiado. Fue solo un instante, pero ella lo percibió con claridad.
En ese momento no entendió por qué, pero ahora, pensándolo bien… eso había sido cautela.
Cautela hacia ella.
Durante todo este tiempo había trabajado con extremo cuidado para mejorar su relación, pensando que algo de efecto había tenido. Al menos, Su Yue era mucho más suave con ella que antes. Pero ahora parecía que el camino todavía era largo…
Quizás estaba destinada a que Su Yue nunca confiara del todo en ella.
Gu Yu suspiró. Alzó la vista hacia la flor de té blanco que había colocado con tanto cuidado en el jarrón, aún en plena floración… pero, por alguna razón, en su mente la vio marchita, apagada.
Sin embargo, pronto ajustó su ánimo.
El daño que la dueña original de ese cuerpo le había causado a Su Yue no era algo que pudiera borrarse fácilmente. Si se ponía en su lugar, ella tampoco cambiaría de opinión tan rápido sobre alguien así de cruel.
Es más, Su Yue ni siquiera se había vengado. Ya debería sentirse agradecida.
La noche antes del amanecer siempre era la más difícil… pero la luz, tarde o temprano, llegaría.
…
Al día siguiente, Gu Yu volvió al set con energías renovadas junto a Su Yue. Para su sorpresa, vio a Qin Mo allí, de pie junto a Shen An, hablando de algo con él.
Instintivamente, Gu Yu se puso tensa y se quedó quieta, dudando.
Su Yue notó que se había detenido. La miró con calma y captó de inmediato su incomodidad.
—¿Le tienes miedo?
Gu Yu se quedó un segundo en blanco y enseguida agitó las manos.
—No, no, para nada. Voy primero a maquillaje. Ayúdame a saludar al director.
Dicho eso, salió prácticamente corriendo. Su Yue observó su espalda en retirada y negó suavemente con la cabeza antes de caminar hacia Qin Mo.
Shen An fue el primero en verla. Estaba bastante satisfecho con su protagonista, así que le sonrió al saludarla.
Su Yue respondió con un leve gesto y luego miró a Qin Mo.
—¿Qué haces aquí?
Qin Mo parecía un poco exasperado.
—Soy tu representante. ¿No es normal que esté en el set?
Shen An explicó brevemente el plan del día y, con buen tino, se retiró, dejándoles espacio para hablar.
—Te vi llegar con Gu Yu —comentó Qin Mo.
—Vivimos juntas y trabajamos en el mismo rodaje. ¿No es lo más normal?
El tono de Su Yue era plano, sin ninguna emoción visible.
Aun así, Qin Mo tuvo la sensación de que la actitud de Su Yue hacia Gu Yu había cambiado. No dijo nada al respecto y pasó a responder la pregunta anterior de ella.
—Los guardaespaldas no pueden entrar al set. Ya estoy buscando asistente para ti. Sé que no te gusta llevar gente, pero ahora la situación es especial. Estos días me quedaré yo.
Su Yue entendió lo que quería decir y no se negó.
Tal vez por la presencia de Qin Mo, ese día Gu Yu no estuvo nada fluida en la grabación. Los fallos se acumularon y Shen An empezó a mostrarse claramente irritable.
El equipo entero no se atrevía ni a respirar. Las miradas hacia Gu Yu estaban llenas de descontento. Ella las notaba todas y por dentro solo podía lamentarse.
De por sí no tenía gran talento para actuar. Cuanto más nerviosa se ponía, más errores cometía. Al final, no tuvo más remedio que sentarse a un lado, completamente desanimada.
Su Yue se sentó junto a ella y le pasó una botella de agua. Gu Yu tenía una expresión abatida, como una berenjena marchita por la helada, y se la veía incluso un poco al borde del llanto.
—Lo siento… de verdad estoy intentando actuar bien, pero no logro entrar en el papel.
Su Yue alzó la mano y apartó el mechón de cabello que había caído sobre su mejilla, dejándole al descubierto la oreja blanca y delicada.
Recordó que Gu Yu había dicho que le tenía miedo. Las palabras con las que pensaba explicarle la escena se le quedaron en la garganta y, al final, cambió de tema:
—Vamos a la pastelería de ayer. Me dieron ganas de comer algo dulce.
Gu Yu la miró sin entender muy bien, pero al ver la expresión suave en los ojos de Su Yue, terminó asintiendo.
De regreso, con el aire cálido soplando, Su Yue cerró los ojos con placer.
—¿Sabes cómo fue mi primera película? —preguntó de pronto.
Gu Yu asintió. Antes no lo sabía, pero desde que llegó a ese mundo se había informado. Su Yue había saltado a la fama de golpe; todos decían que había nacido para actuar, que el talento le caía del cielo.
Y después de actuar con ella, Gu Yu lo sentía aún más claro.
Su Yue tenía un talento excepcional.
Eso mismo pensó… y eso mismo dijo.
Su Yue soltó una risa suave y negó con la cabeza, con un aire nostálgico.
—En realidad, cuando entré por primera vez a un rodaje, era incluso peor que tú ahora. El director me gritaba todos los días. Una vez, por no encontrar el sentimiento en una escena de llanto, me dio una bofetada en pleno rodaje.
Gu Yu la miró, completamente sorprendida. Nunca había visto algo así en la historia original. La indignación y la pena por Su Yue le subieron desde el fondo del pecho.
—…Debió doler mucho, ¿no? —preguntó con cuidado, con los ojos claros llenos de preocupación.
—Sí, dolió mucho. En ese momento yo no era nadie, una novata sin nombre. Después de esa bofetada, las lágrimas me cayeron solas.
Su Yue sonrió levemente, como una brisa cálida. De pronto pensó en algo y se giró hacia Gu Yu. En sus ojos color vino brillaban pequeños destellos.
—Gu Yu, cántame algo.
Antes… tú siempre me cantabas.
Aunque haya pasado tanto tiempo.
—¿Eh? ¿Cantar? —Gu Yu se puso nerviosa.
Con tantos fallos, no estaba para esas cosas. Pero dudó un segundo y, aun así, tarareó una melodía.
Fue como si se abriera un cofre oculto en lo profundo de su memoria. Su cuerpo reaccionó solo: antes de que pudiera pensarlo, una melodía suave y fluida brotó de su garganta y se deslizó en el aire.
No tenía letra, solo un fragmento incompleto, pero en ese instante, entre las dos chicas caminando lado a lado, la melodía flotó ligera y reconfortante.
Sin saber por qué, Gu Yu deseó que ese pequeño consuelo pudiera aliviar la soledad y el dolor de aquella joven de entonces.
La brisa pasó en ese momento, arrastrando pétalos sueltos que se mezclaron con el tarareo suave, elevándose juntos hacia el cielo azul y fundiéndose entre las nubes blancas.
Cuando regresaron al set, Gu Yu había terminado de tararear.
Su Yue la miró con los ojos curvados en una sonrisa, los destellos brillando en su mirada color vino.
Como si la luz del cielo hubiera descendido, ella resplandecía, ligera como alas de mariposa.
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