El aroma a vino tinto rompió por completo la contención y se expandió por toda la habitación, cargado de una presión afilada y dominante. Sin embargo, al acercarse a Gu Yu, esa ferocidad se suavizó, rozándola apenas con una delicadeza casi imperceptible.
La tía Lin ya no pudo contenerse. Se lanzó al borde de la cama y rompió a llorar, sollozando con fuerza. Extendió la mano para tocar la espalda de Gu Yu, pero al temer hacerle daño, se quedó suspendida en el aire, temblando sin atreverse a apoyarla.
—Bestia… es una maldita bestia…
La criada de confianza de Su Yue, soportando a duras penas la enorme presión, se acercó y apoyó la mano en su hombro.
—Señorita, cálmese un poco…
Pero Su Yue la apartó de un manotazo. La criada cayó sentada al suelo.
En ese instante, Su Yue recordó el estruendo que había escuchado afuera del caserón. En ese momento había pensado que Gu Shengming, furioso, había pateado la puerta. Pero ahora entendía la verdad: había sido Gu Yu chocando contra ella…
¿Con cuánta fuerza la había lanzado?
Gu Shengming nunca había considerado la vida de Gu Yu.
La criada se levantó con dificultad, sin atreverse ya a acercarse, y solo pudo advertirle con urgencia:
—¡Señorita, el médico está por llegar! ¡No pueden verla así!
Su Yue giró la cabeza y la miró con frialdad; en sus ojos incluso brilló un destello asesino.
La criada se encogió, pero aun así se obligó a no apartar la mirada y dijo, temblando:
—Señorita, no puede exponerse…
Su Yue la observó en silencio durante un largo momento. Al final cerró los ojos. La presión en la habitación se disipó por completo, aunque el denso aroma a vino seguía flotando en el aire.
La criada soltó un suspiro de alivio, le puso una inyección en la mano y corrió hacia la ventana, abriéndola al máximo.
Cuando Su Yue volvió a abrir los ojos, se encontró con la mirada atónita de la tía Lin.
La tía Lin llevaba muchos años en la familia Gu. Aunque era beta y no se veía afectada por las feromonas, podía percibir los olores básicos. Había visto crecer a Su Yue y jamás imaginó que aquella chica aparentemente frágil fuese en realidad una alfa. Desde su despertar hasta ahora, había ocultado cualquier anomalía durante tanto tiempo, incluso bajo la vigilancia constante de Gu Shengming.
El silencio en la habitación era denso y opresivo. Nadie se atrevía a hablar primero.
Entonces, desde abajo, llegó el sonido de alguien llamando a la puerta. La tía Lin miró la hora; debía de ser el médico. Pero el aroma a vino seguía siendo demasiado intenso…
Respiró hondo y se obligó a mantener la calma. Se giró hacia la criada, que estaba visiblemente nerviosa.
—Ve a la bodega, trae una botella de vino tinto y rómpela. Yo bajaré a entretener al médico un rato.
Dicho esto, salió apresurada. Al llegar a la puerta, se detuvo un segundo.
—Señorita Su, por favor, arréglelo cuanto antes.
Y bajó las escaleras. La criada la siguió corriendo.
Su Yue miró a Gu Yu, aún inconsciente, con una expresión suavizada. Se inclinó y besó con cuidado su frente. Luego se irguió, apretó la inyección en la mano y entró al baño a grandes pasos.
…
Cuando Su Yue salió, el médico ya se había ido. La tía Lin estaba sentada en una silla junto a la cama, sin apartar la vista de la chica de cabello claro.
La habitación había sido limpiada; solo quedaba un leve aroma floral.
Su Yue caminó con cuidado hasta la cama, se sentó y tomó la mano de Gu Yu, que estaba un poco fría.
—Ya se trataron las heridas de la espalda… pero el médico dijo que hay daño en músculos y huesos. Tendrá que recuperarse con calma.
Al ver el rostro pálido y débil de Gu Yu, a Su Yue se le humedecieron los ojos. La tristeza subió como una marea, pero la contuvo a la fuerza.
Con la voz baja y ronca, apenas temblando, preguntó:
—¿Cuándo despertará?
—Mañana por la mañana. El médico recetó un medicamento con efecto sedante, así no sentirá tanto dolor mientras duerme.
Su Yue asintió. Colocó con cuidado la mano de Gu Yu bajo la manta y acomodó bien las sábanas. Tras mirarla un rato más, volvió la vista hacia la tía Lin.
—Lo de que soy alfa…
La tía Lin negó con la cabeza antes de que terminara de hablar.
—No sé nada, y tampoco diré nada. Puede estar tranquila, señorita Su. El médico tampoco notó nada extraño.
Su Yue guardó silencio. Apretó los labios, sin saber qué decir.
La tía Lin la miró.
—¿La señorita lo sabe?
Su Yue negó con la cabeza. Antes, cuando Gu Yu la odiaba hasta los huesos, no había forma de que se lo dijera. Ahora… no sabía cómo hacerlo.
La tía Lin suspiró suavemente y desvió la mirada hacia el cielo nocturno que se veía por la ventana.
—La señorita hizo muchas cosas mal en el pasado, sobre todo con usted. No espero que la perdone. Solo le pido que, haga lo que haga, no cargue su rencor sobre ella. Ella… no tiene nada.
La voz de Su Yue fue baja pero firme.
—No le haré daño.
La tía Lin no comentó nada. Parecía atrapada en sus recuerdos y continuó hablando despacio.
—Desde muy pequeña, a la señorita la obligaron a estudiar canto. La señora solo decía que era inútil. Su padre la detestaba. O a golpeaba o la reprendía. Después, cuando usted llegó, la señora se volcó en cuidarla. La señorita estaba destrozada. Aquello que ella no podía obtener ni llorando, la señora se lo daba a usted con facilidad. Por eso hizo lo que hizo. Pero ahora sabe que estuvo mal, ya ha cambiado. No sé qué secreto guarda usted, solo le ruego que, pase lo que pase, no la lastime.
Su Yue alzó la cabeza. Una lágrima cristalina rodó por la comisura de su ojo, pero la secó de inmediato.
Durante todos estos años en la familia Gu, Su Yue había pensado sobre todo en vengar a sus padres. Si dedicó algo de atención a otros asuntos, fue solo por gratitud hacia la señora Gu. Siempre creyó que la mala relación entre madre e hija se debía a que Gu Yu era inmadura, sin imaginar que ella misma había sido parte de la causa.
No se atrevía a pensar en la pequeña Gu Yu, viendo cómo su madre mostraba ternura y cuidado hacia otra niña, mientras a ella solo le ofrecía dureza y castigos. ¿Cuán doloroso debió de ser? Y encima estaba Gu Shengming… era lógico que la odiara.
—Tía Lin… yo nunca supe… yo…
Su Yue ya no pudo contener el nudo en la garganta. El dolor sordo le impedía incluso completar una frase. Pensó en aquella noche lluviosa, cuando Gu Yu había salido a buscarla y la había arrastrado bajo la lluvia para ponerla a salvo. Desde entonces, Gu Yu no volvió a hacerle daño alguno. Al contrario, había estado esforzándose por tratarla bien, por redimirse ante ella.
Incluso frente a Gu Shengming, a quien más temía y detestaba, Gu Yu solo pensaba en mantenerla a salvo…
Su Yue se cubrió el rostro con la mano. Las lágrimas cayeron en silencio, una tras otra, como un collar de perlas rotas.
La tía Lin, al ver a la joven al borde del colapso, suspiró. Contuvo también la emoción en sus propios ojos y salió de la habitación sin hacer ruido.
…
Cuando Gu Yu despertó, sentía dolor en todo el cuerpo. Intentó incorporarse, pero alguien la presionó suavemente por el hombro. Un aroma familiar llenó su nariz.
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