—No te muevas. Tienes la espalda herida, quédate bien acostada.
Gu Yu giró la cabeza y vio a Su Yue sentada al borde de la cama, mirándola con una sonrisa suave. Parpadeó, aún un poco desorientada.
—¿Tienes hambre?
Gu Yu lo pensó un momento y asintió con algo de vergüenza. Su Yue se levantó con cuidado, la ayudó a incorporarse y colocó almohadas blandas detrás de su espalda para evitar que rozara la herida.
Luego tomó el tazón de gachas que estaba sobre la mesa y se sentó frente a ella. Sus ojos color vino tinto eran tan suaves que parecía estar contemplando algo precioso.
—La tía Lin las preparó temprano esta mañana. Prueba a ver qué tal están.
Dicho esto, tomó una cucharada, la sopló suavemente y la acercó a los labios de Gu Yu…
Gu Yu se quedó completamente paralizada. Al instante, el rostro se le encendió de rojo.
—Y-yo… yo puedo sola…
Intentó alargar la mano para tomar la cuchara, pero al moverse tiró de la herida de la espalda y aspiró aire con un siseo de dolor.
—No te hagas la fuerte. Come tranquila —dijo Su Yue con urgencia, mirándola con preocupación.
Gu Yu entendió que en su estado no podía moverse mucho, así que solo pudo obedecer y tragarse la cucharada. El ritmo con el que Su Yue la alimentaba era perfecto; en poco tiempo, el tazón quedó vacío.
—¿Así sentada te duele mucho la espalda?
Gu Yu negó con la cabeza y, de pronto, recordó algo importante.
—Dame el teléfono… tengo que pedirle permiso a el director Shen.
Su Yue la detuvo de inmediato.
—Ya pedí permiso por ti. Shen An dijo que descanses bien; mientras antes sanes, menos retrasos habrá después.
La mirada de Su Yue no se apartaba de Gu Yu ni un segundo. A Gu Yu le empezó a incomodar, así que giró el rostro… y entonces notó que la habitación le resultaba extraña. La observó un par de veces más antes de mirarla sorprendida.
—¿Por qué estoy en tu habitación?
—Ayer te desmayaste abajo. Me asusté y te traje en brazos —respondió Su Yue con naturalidad.
De repente, su expresión se endureció.
—No vuelvas a hacer algo tan estúpido. Él no iba a hacerme nada. ¿De verdad crees que hacerte esto valía la pena?
Gu Yu sabía que lo de ayer había sido imprudente. Bajó la mirada, y sus ojos claros se apagaron un poco.
—…Solo no quería que te lastimara. Él…
Se detuvo de golpe.
Ella se dio cuenta de que, en teoría, no debería conocer nada sobre la relación entre Gu Shengming y Su Yue. Se tragó el resto de la frase.
—Él… no tiene derecho a hacerte daño.
Pero Su Yue no cedió.
—¿Y tú qué? ¿Sabes que si ayer hubiera usado un poco más de fuerza, ahora estarías postrada quién sabe cuánto tiempo?
—Lo siento… —murmuró Gu Yu.
Al ver a la chica pálida y vulnerable con la cabeza baja, el corazón de Su Yue se ablandó y su tono se suavizó.
—Gu Yu, no quieres que yo salga herida… pero si tú te lastimas, a mí también me duele.
Gu Yu levantó la cabeza de golpe. Sus ojos plateados se abrieron con sorpresa y entonces vio claramente las ojeras y el cansancio en el rostro de Su Yue.
—…¿No dormiste anoche? ¿Fue porque ocupé tu cama? Luego puedes ayudarme a volver a mi habitación, que la tía Lin me cuide, está bien…
Su Yue le dio un golpecito en la frente con los nudillos.
—No cambies de tema. Quédate aquí tranquila. Me quedo más tranquila cuidándote yo.
Gu Yu la miró, algo avergonzada.
—…Lo sé. ¿Quieres acostarte a descansar un rato? La cama es grande.
Su Yue alzó ligeramente una ceja. Sus ojos color vino la observaron un momento y luego se levantó sin rechazar la propuesta, caminando hacia el otro lado de la cama.
Primero ayudó a Gu Yu a acostarse y después se recostó a su lado, girándose para rodear su cintura con el brazo…
El cuerpo de Gu Yu se quedó rígido al instante. El calor que atravesaba la ropa y se apoyaba en su cintura le subió directo al rostro. No se atrevía a moverse.
Y Su Yue fue aún más lejos, apoyando la frente en el hueco de su cuello. El aliento tibio, al rozarle la piel, hizo que Gu Yu se sintiera arder.
—Tú…
—Shh… tengo mucho sueño —murmuró Su Yue, con la respiración cálida rozándole el cuello. Picaba un poco, pero era reconfortante.
Gu Yu lamentó profundamente, en su interior, a la versión de sí misma que había invitado a Su Yue a subir a la cama.
¡Con lo grande que era la casa! ¿No había otro sitio donde pudiera dormir? Incluso su propia habitación habría servido.
Pero, al mismo tiempo, no pudo ignorar la pequeña alegría que brotaba en su pecho. Frente a una Su Yue tan suave, no tenía ninguna resistencia.
Repasó una y otra vez en su mente todo lo que había pasado esa mañana. La sonrisa en sus labios fue creciendo sin que ella misma se diera cuenta.
Esta vez sí estaba bastante herida. No pasó mucho antes de que volviera a quedarse profundamente dormida. Al sentir que su respiración se volvía lenta y estable, Su Yue, que había mantenido los ojos cerrados en su cuello, los abrió.
No había rastro de sueño en su mirada.
Abrazó con cuidado a la chica frágil y suave, como si sostuviera el tesoro más valioso del mundo, y dejó una marca silenciosa sobre aquellos pétalos delicados.
…
Gu Yu pasó tres días en cama. Solo después de otra revisión completa y la confirmación del médico, Su Yue le permitió levantarse.
—¡Puedo ducharme sola! ¡De verdad, ya no me duele!
Su Yue la ignoró por completo, la ayudó con soltura a cambiarse y prácticamente la arrastró escaleras abajo.
—Su Yue, no puedes ser tan autoritaria. No soy una niña, puedo cui…
Gu Yu se quedó sin palabras a mitad de frase cuando, al mirar distraída hacia la sala, vio a cierta persona sentada allí como si fuera un dios intimidante.
Qin Mo también oyó el ruido. Al verlas bajar, asintió con cortesía. Su Yue se sorprendió un poco.
—¿Qué haces aquí?
—Hay un compromiso en un rato. Tengo que acompañarte personalmente —respondió Qin Mo, antes de añadir—. Vine a buscarte de paso.
Su Yue notó al instante que mentía, pero aun así asintió.
Gu Yu escuchó y se dio la vuelta.
—Su Yue, entonces come algo y vete. ¿El señor Qin también desayuna?
Qin Mo lanzó una mirada rápida y discreta hacia Gu Yu antes de asentir. Los tres se sentaron a la mesa. La tía Lin sirvió el desayuno y se retiró, dejándoles espacio para hablar.
—¿Se encuentra mejor, señorita Gu? —preguntó Qin Mo.
Gu Yu se sintió un poco abrumada y se apresuró a tragar el xiaolongbao que tenía en la boca.
—Mucho mejor, gracias.
Qin Mo asintió, pero no dijo nada más y continuó desayunando con calma y elegancia.
Gu Yu sentía que Qin Mo estaba raro ese día, pero no lograba decir por qué.
Después de comer, Gu Yu prometió una y otra vez que no saldría de casa. Solo entonces Su Yue quedó satisfecha y se fue con Qin Mo.
El sedán negro avanzaba veloz por la carretera. La voz grave de Su Yue resonó dentro del coche:
—Hoy no deberías haber venido a buscarme. Gu Shengming te está vigilando últimamente.
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Comentarios del capítulo "Capítulo 72"
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