Fuera de Su Yue, Gu Yu solía mostrarse fría con cualquiera. Rara vez Lu Yang veía calidez en su mirada.
Pero en ese momento, la chica frente a él —tan ligera y pálida como una camelia blanca— tenía las mejillas encendidas por el alcohol. En sus ojos plateados brillaba una humedad suave, y cuando hablaba, era como si estrellas cayeran en un mar de plata, levantando ondas capaces de embrujar a cualquiera…
Lu Yang se quedó un instante en blanco. Luego alzó la mano para acomodarle los mechones sueltos junto a la sien. La yema de sus dedos rozó sin querer su piel tibia y delicada, y la mano le tembló.
Carraspéo suavemente.
—¿No puedo preocuparme por ti?
—… ¿Tú, tan buena persona? Desde que me crucé contigo… nunca he salido ganando —Gu Yu aceptó el pañuelo que él le tendía y se limpió de cualquier manera. Su mirada seguía algo perdida.
Lu Yang pensó en lo que habían pasado juntos. ¿No era cierto…?
Esbozó una sonrisa. Sus ojos de flor de durazno se volvieron infinitamente suaves.
—Entonces deja que a partir de ahora seas tú la que saque ventaja. Cambiemos los papeles y maltrátame tú a mí.
Giró la mano y, con el dorso de los dedos, acarició despacio la mejilla de Gu Yu. Luego contuvo la sonrisa y la miró con seriedad. La voz le salió grave, cautelosa:
—Márcame, Gu Yu.
Su voz profunda y ronca llevaba un temblor leve. Expectativa y amargura se entrelazaron en ese instante; el corazón le latía con una tensión incontrolable, y hasta la respiración se le volvió corta.
Lu Yang lo admitía: le gustaba de verdad la chica frente a él. Le gustaba ella, sus feromonas salvajes, incluso sus defectos; todo, sin excepción. Le gustaba demasiado.
Una alfa tan franca y capaz… no podía permitir que alguien se adelantara.
Y menos aún… Su Yue.
Lu Yang parpadeó, esperando su respuesta.
Pero la chica, medio envuelta en su abrazo, parecía no haber reaccionado todavía. Sus ojos claros parpadearon con desconcierto, mirándolo sin entender mientras él se tensaba.
Gu Yu se rascó el lugar que él había tocado, aún confusa.
—… Pero yo soy omega… ¿cómo se supone que te marque?
En ese instante, el tiempo pareció congelarse.
…
En el salón del banquete, Su Yue llevaba rato esperando y Gu Yu no volvía.
Recordó, divertida, cómo aquella chica se había ofrecido a cubrirle las copas. Negó con la cabeza con una leve sonrisa. Justo cuando iba a levantarse a buscarla, Huang Sheng la interceptó.
—Señorita Su, tengo un proyecto en mano y creo que usted es la candidata ideal. ¿Qué le parece si hablamos en otro sitio?
Su Yue parpadeó. En el fondo de sus ojos color vino cruzó un destello frío casi imperceptible. La invasión descarada en la mirada del hombre, pegajosa y obscena como tentáculos, le provocó una oleada de asco y de violencia.
Movió los dedos con una sonrisa ligera.
—Claro.
Los ojos de Huang Sheng se iluminaron. Sin preocuparse por nada más, rodeó la cintura de Su Yue y la condujo a una habitación del piso superior. Su Yue frunció el ceño y barrió con una mirada helada la mano apoyada en su cintura. El rojo oscuro de sus ojos se volvió más intenso.
…
Mientras tanto, en el baño.
Lu Yang parecía haber recibido un rayo. Se quedó clavado en el sitio, con la frase de Gu Yu resonándole una y otra vez. Sus ojos marrón oscuro se abrieron de par en par por la sorpresa. Pasó un buen rato antes de que recuperara la voz.
—Gu Yu… ¿me tomas por tonto?
El temblor en su tono delataba lo alterado que estaba.
Gu Yu, claramente pasada de copas, ladeó un poco la cabeza. El cabello claro cayó sobre sus hombros y lo miró con incomprensión.
—No… ¿no eres Lu Yang?
Lu Yang cerró los ojos y respiró hondo. Forzándose a calmarse, habló con la voz algo áspera:
—¿De verdad… eres omega?
Gu Yu asintió, aturdida.
Lu Yang abrió los ojos y se acercó. Con una mano larga apartó su cabello claro y levantó un borde del parche inhibidor en la parte posterior del cuello…
Al instante, hilos de aroma fresco y exuberante a camelia blanca invadieron su olfato. A diferencia de las feromonas salvajes, apagadas, las feromonas omega de camelia blanca eran como una brisa primaveral, viva y luminosa.
Una prueba irrefutable.
Y para colmo, Gu Yu, inconsciente del peligro, se acercó aún más.
—¿Lo hueles? ¿No es mejor que las otras?
La mente de Lu Yang era un caos. No sabía si debía lamentar un amor que había terminado antes de empezar o enfurecerse por la ocultación deliberada que lo había hecho quedar como un idiota.
Apretó los dientes, contuvo las emociones y, de mal humor, la apartó de un empujón. Se acomodó la ropa algo desordenada, con sentimientos encontrados.
Cuando por fin aceptó la realidad, le lanzó una mirada feroz.
—Ya está. Volvamos.
Gu Yu fue arrastrada de regreso al salón y cayó, mareada, en su asiento. Barrió la mesa con la mirada… y no vio a Su Yue.
La confusión se disipó al instante. Al notar también la ausencia de Huang Sheng, un mal presentimiento le atravesó el pecho.
Agarró del brazo a alguien completamente borracho a su lado.
—¿Dónde está Su Yue?
—Hic… se fue con el señor Huang —respondió entre eructos.
Al ver que Gu Yu se levantaba, el borracho rió con picardía.
—¿A dónde vas? Fue ella la que lo siguió. No les arruines la diversión.
La mirada de Gu Yu se oscureció. Sin contenerse, le dio una bofetada y salió disparada.
El golpeado quiso seguirla para reclamar, pero Lu Yang lo detuvo. Cuando salió, Gu Yu ya había conseguido el número de habitación de Huang Sheng en recepción. Al verlo, lo tomó del brazo.
—Vamos, arriba. Al último piso.
En el ascensor, viendo cómo los números subían lentamente, Gu Yu caminaba de un lado a otro, ansiosa.
No sabía cuánto tiempo llevaba Su Yue allí. ¿Y si ese cerdo ya había hecho algo? Solo imaginarla siendo forzada por ese tipo repugnante, sin poder resistirse, le helaba la sangre. Sus ojos se volvieron de un frío aterrador.
A Lu Yang le dio vueltas la cabeza de tanto verla moverse. La sujetó.
—¿No dijo aquel tipo que Su Yue fue por su propia voluntad?
—¡Imposible! ¡Su Yue no es así! —respondió Gu Yu, con la voz tan baja como afilada.
Lu Yang iba a decir algo más, pero el ascensor llegó. Gu Yu salió como una ráfaga. Lu Yang suspiró, resignado, y la siguió con paso más lento.
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Comentarios del capítulo "Capítulo 75"
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