A la mañana siguiente, Gu Yu fue literalmente sacada de la cama por Su Yue.
El entrenamiento comenzaba a las seis en punto, lo que significaba que, como mínimo, debían salir de la mansión a las cinco y media.
Pero en esos días Gu Yu había tenido el ánimo hecho un desastre, con altibajos constantes. Por la noche no lograba conciliar el sueño, y al enterarse de que comenzaría un entrenamiento sistemático, los nervios se le dispararon como nunca antes. Resultado: insomnio total.
Dio vueltas en la cama, contó ovejas, respiró hondo, intentó vaciar la mente… nada funcionó. Esa noche, Gu Yu no se quedó dormida hasta pasadas las tres de la madrugada.
Así que era fácil imaginar en qué estado se encontraba cuando sonó la alarma.
Con los ojos cerrados y el ceño ligeramente fruncido, fue apagando uno tras otro todos los avisos vibratorios. Luego se dio la vuelta y se enterró la cabeza en la almohada, como si quisiera aislarse del mundo entero.
Cuando Su Yue entró en la habitación, lo que vio fue a Gu Yu casi completamente envuelta en la manta, formando algo parecido a un capullo.
Su Yue alzó una ceja al verla inmóvil bajo las sábanas. Como no se quedaba tranquila, al menos durante la primera etapa del entrenamiento tenía que acompañarla sí o sí. Además, ya había imaginado que Gu Yu no lograría levantarse. Tras tocar la puerta varias veces sin obtener respuesta, no le quedó más remedio que entrar.
Las cortinas gruesas seguían corridas, y la habitación estaba a oscuras. La luz del pasillo se filtró por la rendija de la puerta, proyectando la esbelta silueta de Su Yue sobre el suelo.
Gu Yu no percibió nada de eso; dormía profundamente. Su Yue fue a destaparle la cara, pero apenas rozó la mejilla suave de la chica, Gu Yu frunció el ceño y le apartó la mano de un manotazo.
—No me toques…
Medio dormida, no controló la fuerza, y el golpe fue bastante fuerte.
Con un “¡paf!”, la mano de Su Yue se enrojeció al instante, ardiéndole de dolor. No supo si reír o enfadarse.
Frente a ella, Gu Yu siempre parecía una gatita orgullosa y distinguida, con ese aire frío y altivo. ¿Quién hubiera pensado que tenía un lado tan feroz?
Su Yue no se molestó. Al contrario, esbozó una sonrisa divertida. Con cuidado, apartó la manta que envolvía a Gu Yu y deslizó sus largos dedos dentro del camisón de seda blanca. Su mano fría se apoyó en la cintura de la chica…
La mano de Su Yue recorrió su cuerpo de manera ambigua, rozando de vez en cuando zonas sensibles de piel suave y delicada, hasta que…
Un pellizco ligero en la carne blanda de su cintura hizo que Gu Yu frunciera el ceño.
Su Yue se inclinó sobre ella, sujetándole el delicado mentón con una mano. Sus ojos color vino la miraban con una ternura casi propia de quien observa a su amante.
Se acercó a su oído y susurró con suavidad:
—…Gu Yu, despierta.
Ante una voz tan dulce y magnética, Gu Yu no reaccionó en absoluto. Giró la cara y hundió aún más la cabeza en la almohada.
Su Yue insistió varias veces, probando distintas formas de despertarla, pero Gu Yu se rodó hacia un lado, alejándose de ella, y murmuró con voz pastosa:
—No… déjame dormir…
Su voz estaba cargada de cansancio, con un ligero tono nasal. Sonaba como un gatito adormilado, y para Su Yue, aquello era puro descaro disfrazado de ternura.
Una chispa se encendió en el pecho de Su Yue y su mirada se oscureció.
Sonrió con amargura para sí misma.
Este pequeño demonio… de verdad lo pone todo difícil.
Aunque no quisiera molestarla, lo sentía mucho: no podían seguir perdiendo tiempo.
Su Yue apartó la almohada. La luz de la mañana cayó sobre el rostro de Gu Yu, que entrecerró sus ojos claros de inmediato. Alzó la mano para cubrirse y murmuró, aturdida:
—¿Quién…?
De pronto, una presencia cálida se acercó a su oído. Al aspirar con atención, pudo percibir un leve aroma a vino tinto.
La voz de Su Yue fue suave, pero cargada de un calor peligroso:
—Si no te levantas ahora… no garantizo lo que pueda hacerte.
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Comentarios del capítulo "Capítulo 84"
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