—¿Dónde? —en su mirada se adivinaba una pizca de preocupación. —¿Y si mejor…?
“…volvemos a la orilla…”
Aún no había terminado de formular esas palabras cuando, de pronto, Gu Yu le tomó la mano bajo el agua.
La sensación fue extraña, casi irreal. La piel en contacto dentro del agua, como separada por una fina burbuja: apenas perceptible, suave, como si cada célula respondiera a la otra.
Gu Yu sostuvo su mano y, con el ceño levemente fruncido, la llevó hasta su pecho, un poco más arriba del traje de baño negro, justo sobre el corazón; más abajo, la suave curva del cuerpo de la chica.
A través de la fina tela, Su Yue pudo sentir la temperatura de Gu Yu, y también ese aroma tenue y elegante que se deslizaba hasta su nariz, como una brisa ligera mezclada con el perfume delicado de flores blancas en un jardín oculto.
Su Yue se quedó inmóvil por un instante, sin reaccionar.
—Aquí me duele —dijo Gu Yu.
El rostro de Su Yue se encendió de golpe.
Esta vez, ni siquiera el autocontrol de un alfa fue suficiente para mantener la compostura.
No solo se le había subido el color a la cara: incluso la palma apoyada sobre el pecho de Gu Yu estaba ardiendo. En sus oídos resonaba un zumbido constante, mezclado con los latidos acelerados de su corazón, como si en cualquier momento fuera a salirse del pecho y plantarse frente a Gu Yu sin disimulo alguno.
Como diciendo: “mira, este es el corazón que puedes conquistar tan fácilmente”.
Su Yue respiró hondo varias veces antes de apartar la mirada y volver a hablar, aunque sus ojos aún vagaban sin fijarse del todo.
—…Estamos en la zona profunda. La presión del agua puede hacer que sientas algo de opresión al respirar.
—Ah, con razón —Gu Yu asintió, comprendiendo, y sonrió—. Menos mal que estás tú. Si no, ya habría pensado que tenía un problema en el corazón.
Su comentario, dicho en tono de broma, devolvió un poco de cordura a Su Yue. Carraspeó, abrió la mano y luego la cerró de nuevo, esta vez entrelazando los dedos con los de Gu Yu. Ahora ambas manos de la chica estaban sujetas por las suyas, los dedos firmemente unidos, como si en cualquier momento fuera a guiarla a bailar un tango o un vals en medio de la piscina, bajo la luz suave de la luna.
Pero Su Yue no lo hizo.
La miró con sus ojos rojo oscuro, profundos, inclinó un poco la cabeza y apoyó la frente contra la de Gu Yu. En el instante en que sus miradas se encontraron, murmuró en voz baja:
—Confía en mí. Cierra los ojos despacio… yo te llevaré a flotar.
Su voz, ya de por sí ligeramente ronca, sonó en la quietud de la noche tan suave como un susurro íntimo.
Las orejas de Gu Yu se enrojecieron.
—Sí… confío en ti —respondió en voz baja.
“Su Yue, desde el principio hasta ahora, siempre he confiado en ti”.
Su Yue sonrió levemente y la guio un paso hacia adelante. Al segundo siguiente, rodeó con firmeza su delgada cintura.
Gu Yu se sobresaltó, pero Su Yue la tranquilizó frotando suavemente el cabello mojado junto a su oreja.
—No tengas miedo. Solo voy a ayudarte a flotar. No dejaré que tragues agua.
Mientras hablaba, la mano que la rodeaba cambió de posición y pasó a sostenerle el abdomen.
Ese gesto… era demasiado íntimo.
Gu Yu se puso rígida de los nervios, sin saber qué hacer, y solo atinó a aferrarse con fuerza a Su Yue con la otra mano, como si fuera su único apoyo.
—Su Yue…
—Tranquila —susurró ella con dulzura—. Relájate… imagina que mi mano es la tabla que te sostiene…
La voz de Su Yue fue calmándola poco a poco. Incluso la mano que la sostenía empezó a sentirse como un apoyo tibio, firme, manteniéndola a flote.
Gu Yu fue aflojando la tensión y comenzó a intentar despegar las piernas del fondo de la piscina.
—Eso es, así está bien.
Su Yue la guiaba con paciencia, como si estuviera volcando en ella toda la suavidad y la calma que tenía.
Gu Yu aún no conseguía flotar del todo. Su Yue la sostenía con una mano, mientras la otra seguía siendo aferrada con fuerza por Gu Yu.
—Suelta la otra mano primero —la animó con suavidad—. Te prometo que no dejaré que tragues agua, ¿sí?
Tal vez era por el tono tan delicado que Gu Yu se relajó un poco más. Con los ojos húmedos por el agua, la miró y asintió.
—Entonces… cuídame bien.
En ese momento, Su Yue cambió por completo de idea: no quería que Gu Yu tragara ni una sola gota de agua. Alguien tan frágil, tan fácil de querer…
Había pensado ser un poco más estricta, pero cambió de método. Extendió ambos brazos y la abrazó con fuerza. La cercanía repentina hizo que Gu Yu se sobresaltara.
—Su Yue…
Bajo el agua, el contacto directo de la piel era demasiado evidente. Gu Yu incluso podía percibir las líneas del cuerpo de Su Yue. Era la primera vez que estaba tan cerca de ella.
Abrió los ojos, nerviosa. En sus pupilas claras se reflejaba la figura de Su Yue, y en esa mirada, Su Yue vio su propio estado, incapaz de ocultar lo que sentía.
Bajó la cabeza y explicó con suavidad:
—No tengas miedo. Así es más seguro que solo tomarte de la mano. Y tampoco tragarás agua.
Gu Yu, con el rostro rojo, asintió de manera torpe.
—Ah… sí…
Su Yue sabía nadar. Si ella decía que estaba bien, entonces lo estaba.
Y no le mentía.
Al abrazarla, Gu Yu se sintió mucho más segura. Sus manos dejaron de moverse sin control.
Su Yue se colocó en diagonal frente a ella, rodeándola con los brazos y ayudándola a relajarse. Aprovechando la flotabilidad del agua, guio su cuerpo para que pudiera sentir cómo era flotar y ayudarla a elevarse por completo.
Comenzó por la parte superior del cuerpo. Para evitar que Gu Yu tragara agua, cuando su cuerpo alcanzó cierta inclinación, la mano derecha de Su Yue se deslizó lentamente por su abdomen bajo el agua, subiendo con cuidado.
Gu Yu dejó escapar un pequeño gemido.
—Me hace cosquillas…
La mirada de Su Yue se oscureció, y su voz se volvió aún más grave, contenida.
—…Tranquila. Así no tendrás miedo. Ya pasará.
Gu Yu apretó los labios y guardó silencio, esperando con nerviosismo.
La mano de Su Yue llegó cerca de la zona de las costillas, bajo el pecho, mientras la otra seguía ayudando a inclinar su cuerpo. De ese modo, Gu Yu se sentía segura y, al mismo tiempo, se evitaba que tragara agua.
Al no sentir miedo y sentirse protegida, Gu Yu logró inclinarse con facilidad. La flotabilidad hizo que sus piernas también comenzaran a elevarse lentamente hasta la superficie.
Aunque aún no sabía flotar por sí sola, ya comprendía perfectamente qué se sentía.
Sorprendida, abrazó a Su Yue. El movimiento levantó una salpicadura que rompió el reflejo de la luna sobre el agua.
—¡Su Yue, ya entiendo!
La chica se aferró a ella como un koala. Con el vaivén del agua, sus piernas largas y esbeltas se enredaron alrededor de la cintura de Su Yue, rozando su cuerpo suavemente con cada movimiento…
Por favor, introduzca su nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Usted recibirá un enlace para crear una nueva contraseña a través de correo electrónico.
Comentarios del capítulo "Capítulo 94"
MANGA DE DISCUSIÓN