Liu Yiyi leyó ese larguísimo post de Weibo y se rió con un “ji-ji” divertido. Lo retuiteó:
“Claro que sí. Nosotras, las ricas y guapas, estamos ocupadísimas siendo «únicas en nuestra rama», no tenemos tiempo para hacerle caso a una dramática y falsa flor de loto blanca. ¿Quién va a tener la paciencia de complicarte la vida? Anda, lo digo yo, Liu Yiyi, así de claro y de frente. Si no estás de acuerdo, ven y debate”.
Se rió y volvió a retuitear:
“Con el tiempo que tienes para dar «me gusta» a escondidas, soltar indirectas y ponerte sarcástica… ¿por qué no te aprendes un par de versos? ¡Al menos eres presentadora de la Televisión de Beishi!”
Y añadió otro:
“Todos esos numeritos los entendemos. ¿No es solo que quieres hacerte famosa? Te regalo dos palabras: das vergüenza”.
Liu Yiyi trabajaba como editora en “Harper’s Bazaar” y tenía varios millones de seguidores. En su Weibo normalmente solo subía portadas o páginas de la revista, o mostraba sus looks y su maquillaje; rara vez opinaba sobre asuntos personales. Esta vez, por primera vez en la vida, publicó tres mensajes seguidos. Los fans siguieron el hilo y averiguaron rápidamente qué había pasado.
El retuit se llenó de “jajajajaja”, de “zasca + cara de doge”, y de “¡das vergüenza!”.
En cambio, los que antes habían estado hablando con tono ácido, atacando a Yan Xi con pura envidia, de pronto no se atrevieron a decir ni una palabra. En realidad, muchos ni siquiera tenían una postura, solo querían llamar la atención.
Ni Lin Wei publicó nada.
A estas alturas, estaba claro que ese “ship tóxico” ya no había manera de seguir apoyándolo. Las verdaderas chicas del círculo baihe en su mayoría se fueron a apoyar a su propia favorita, o directamente se pusieron a ver clips de Yan Xi en solitario.
Liu Yiyi se dio un par de vueltas a la idea y decidió algo todavía más directo: ordenó a su equipo que hiciera una serie de imágenes con toda la ropa, zapatos, accesorios e incluso los tonos de labial que Yan Xi había usado en el programa hasta el momento. Además, lo publicaron también en su cuenta oficial de WeChat. Total, era publicidad gratis para esas marcas.
Eso atrajo de inmediato a casi toda Weibo: chicas que usan maquillaje, que aman verse lindas… y hasta las cuentas oficiales de las marcas empezaron a dar “me gusta” y a compartir.
Un montón de heterosexuales despistados —chicas hetero y chicos que se derriten por mujeres— cayeron rendidos ante la belleza, se pusieron a admirarla y aceptaron las recomendaciones.
“¡Ese labial, ese tono, es precioso!”
“¿Cuánto mide? ¡Qué piernas tan largas! Esa ropa en mí seguro arrastraría por el suelo”.
“Abriendo Taobao en silencio…”
“Me puse al día con el programa y ya me conquistó, jajajaja. Creo que de repente me volví un poquito… torcida. Señorita Yan, ¡cásate conmigo!”
“+1”
“+1”
“+100086, de ahora en adelante ya no me atrevo a decir que soy ultrahétero…”
Después de estar ocupada un buen rato, Liu Yiyi volvió a mirar el número de retuits y se quedó feliz. Entonces llamó a Anzhi:
—Listo, ya está. No pasa nada, Anzhi, no te preocupes…
Desde el otro lado, Anzhi preguntó con cuidado:
—¿De verdad? ¿Ya no van a hablar mal de mi tía? ¿Y esa mujer?
Liu Yiyi respondió:
—¿Que si se atreve otra vez? Mira, Anzhi, te enseño algo. Ese tipo de personas que se creen lo máximo por su apariencia, ¿sabes qué es lo que más les duele? Que todos las ignoren y, en cambio, presten atención a quien está a su lado. Eso les duele más que si las mataras… Y tú tranquila: confía un poco en Yan Xi. Ella no es tan frágil.
—…Mm.
—Y dime, si tu tía recibió una ayuda tan grande de tu tía Liu, ¿cómo vas a agradecerme en su nombre?
Del otro lado, Anzhi se quedó callada unos segundos y luego dijo:
—Pasado mañana voy a ir a la Universidad Politécnica de Beicheng a ver a mi segundo tío, porque quiero presentarme al instituto afiliado de ciencias. Él me va a llevar a ver la escuela. Tía Liu, ¿quieres venir?
Liu Yiyi se irguió en el asiento.
—¡Claro! ¡Vamos, vamos! ¡Pasado mañana en la mañana paso por ti!
—Mmm… primero ven a la casa del bisabuelo. El tío Wang nos lleva. Después de ver la escuela comeremos en el comedor de la escuela. Podemos comer juntas. Luego yo iré a jugar con una compañera y mi segundo tío te llevará de vuelta a casa…
A Liu Yiyi le cayó en la cara ese “premio caído del cielo” y se alegró tanto que no supo qué hacer.
—¡Sí, sí, sí! Ay, perfecto, ¡perfecto! Ay, Anzhi, qué adorable eres… ahora entiendo por qué tu tía te quiere tanto…
Anzhi se quedó callada otros cuantos segundos y, al final, dijo en voz bajita:
—No es para tanto…
Liu Yiyi sabía que se había sonrojado. Se rió a carcajadas.
—Listo, entonces queda dicho. Ese día hablamos por WeChat.
—¡De acuerdo! Y gracias por lo de antes… —Anzhi sonó un poco traviesa—. Gracias, segunda… tía…
—¡Pfff…! —Liu Yiyi, que estaba bebiendo agua, escupió un sorbo enorme sobre la pantalla del computador.
Mientras Liu Yiyi seguía en modo feliz, recibió una llamada de Yan Xi:
—¿Por qué todas me llaman “pequeña hermana mayor”?
Liu Yiyi soltó una risita.
—¿Tú qué crees que significa?
Yan Xi respondió:
—¿Es lo contrario de “hermana mayor” de verdad? Hasta lo busqué en Baidu…
—¡Jajajajaja! Significa que eres tierna y adorable. Mira, hay un montón pidiéndote matrimonio, ¿no? ¡Esas son puras chicas jóvenes! Yan Xi, tienes un encanto tremendo.
Yan Xi guardó silencio un momento.
—¿Será que ya estoy vieja? Ya ni entiendo cómo piensan los niños de ahora…
Liu Yiyi rió con malicia:
—Yo sé que tú eres hetero, pero igual te digo: en el programa estás bastante “baihe”. Leí ese post de Weibo largo y también me pareció que tu mirada es peligrosa, sobre todo cuando miras a las chicas…
—…
Yan Xi uspiró, impotente, y decidió cambiar de tema.
—Ya, no te quito más tiempo. En fin… gracias.
—¡Mm, mm, mm!
De repente, a Yan Xi le nació el impulso de molestarla:
—Bueno, cuelgo entonces… ¡cuñada!
—…¡Cof, cof, cof, cof!
Casi se atragantó con su propia saliva. Tiró el teléfono, se agarró el pecho: aquella pequeña y esta otra… ¡eran idénticas!
Esa noche, Anzhi estaba haciendo tareas en la sala del tercer piso de la casa antigua. Yang Mengmeng por fin obtuvo permiso de sus padres para ir a acompañarla.
—¡Qué bien! ¡Qué bien! ¡Por fin se limpió el nombre de la hermana Yan! ¡Hmph! ¡Esa mujer es insoportable! —Yang Mengmeng abrazó a Anzhi y celebró.
Llevaban un buen rato revisando Weibo.
“Dicen que solo el qipao del primer episodio fue patrocinado. El resto de la ropa es de su armario, de su propia ropa. Estuve mirando y lo más barato parece ser esa pulsera… ¡más de ochocientos!”
“¿La pulsera esa que parece brazalete? ¡A mí también me encanta! Es preciosa, y se nota que a ella le gusta un montón: ¡la combinó con un montón de looks!”
“¡La de arriba! Yo también la quería, pero mi muñeca… jajajajaja. Si me la pongo, capaz se parte”.
Anzhi levantó sus hoyuelos en una sonrisa silenciosa.
“Mira, hasta el color del esmalte se ve bien. Siempre combina con el tono del labial”.
“Ejém… creo que soy un hetero total, no entiendo nada de esmaltes. Pero si la hermana Yan se pinta las uñas, entonces seguramente no es del círculo baihe, ¿me explico? (cara de Doge)”
“No entiendo”.
“No entiendo +1”.
“Jajajajaja, no necesariamente. A lo mejor es pasiva. (cara de husky)”
Anzhi miró a Yang Mengmeng, confundida.
—¿Qué significa eso? ¿Qué tiene de malo pintarse las uñas?
A diferencia de Anzhi, que era una total novata, Yang Mengmeng era una fujoshi veterana y a veces también leía baihe. Claro que entendía lo que querían decir… pero una cosa era entenderlo y otra explicarlo.
—Ehm… esto… —balbuceó, incómoda.
—¿Mm? —Anzhi parpadeó.
Yang Mengmeng respiró hondo.
—…Bueno, tú sabes qué es “pasivo”, ¿no? Ya te lo expliqué. Esto… es más o menos lo mismo…
A Anzhi se le encendió la cara al instante. Sabía lo que significaba “pasivo” en el mundillo, pero no lo había relacionado con Yan Xi. En cuanto lo conectó, aunque todavía no entendiera exactamente a qué se referían, fue suficiente para que el corazón se le acelerara y le ardieran las mejillas.
Al rato, preguntó en voz bajita:
—Entonces… ¿qué tiene que ver con pintarse las uñas…?
A Yang Mengmeng le costaba horrores decirlo, y aun así no le salían las palabras. De pronto recordó algo y cambió de tema:
—Oye, tú antes me preguntaste dónde se podía leer baihe… en Jinjiang hay un montón. ¿No fuiste a ver?
—No… no seguí leyendo —Anzhi negó con la cabeza.
Yang Mengmeng se aclaró la garganta.
—Eh… o sea, chicas con chicas… pero no es igual que chicos con chicos… es que… ¡ay! ¡Yo tampoco sé! ¿Por qué tienes tanta curiosidad?
Ya no pudo seguir y se rindió.
Anzhi se puso todavía más roja, muerta de vergüenza.
De pronto, Yang Mengmeng se estremeció, abrió los ojos como platos y señaló a Anzhi, tartamudeando:
—No me digas que tú… tú tú tú tú…
Anzhi, tan avergonzada que casi lloraba:
—Yo… yo yo yo… no…
Se quedaron mirándose, tensas y sin atreverse a hablar primero.
—Niñas… —se oyó de pronto una voz.
—¡Ah! —las dos gritaron del susto.
La tía Xin se sobresaltó por ese grito repentino y casi se le cae la bandeja de las manos.
—¿Qué pasa aquí?
Las dos negaron con la cabeza, aterradas.
—Vengan a comer fideos con ternera.
Las dos comieron en silencio, con un cuidado extremo, casi sin hacer ruido, mirándose con los ojos bien abiertos.
—Cof… —Anzhi se atragantó de pronto.
Yang Mengmeng iba a reírse, pero también se atragantó.
Tosiendo, se miraron… y al mismo tiempo se echaron a reír.
—¿Dormimos juntas esta noche? —Yang Mengmeng era de esas niñas que se olvidan rápido de todo; después de comer, ya había dejado atrás el momento incómodo.
—Ya te arreglaron una habitación.
—Yo pensé que dormiríamos juntas.
—…Mm. No estoy acostumbrada a dormir con alguien… —Anzhi bajó la cabeza.
Miró el móvil. Le había llegado un mensaje de WeChat de Yan Xi:
“¿Estás estudiando? ¿O jugando con el móvil?”
“Jugando + estudiando”, respondió Anzhi, con una sonrisa en los labios.
“Estudia bien, si no, te confisco el móvil”, contestó Yan Xi enseguida.
Anzhi sonrió con los hoyuelos marcados. Deslizó el dedo por la pantalla. Escribió un “Te…” y lo borró. Lo escribió y lo volvió a borrar. No lograba mandar nada. Y, antes de que ella respondiera, llegó otro mensaje de Yan Xi:
“Estudia bien. Tu segundo tío dijo que quieres presentarte al instituto afiliado de ciencias, no puedes descuidarte. En estos días, cuando termine las reuniones de cierre, vuelvo a casa”.
Así que ella también lo sabía.
Anzhi apretó el teléfono y sintió el corazón tibio. Sin darse cuenta, se mordió el labio. Como todavía no sabía qué contestar, dejó el móvil a un lado.
Al levantar la vista, vio que Yang Mengmeng la miraba con expresión dudosa.
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