A Anzhi se le calentó la cara sin saber muy bien por qué. Ya no era una niña. Ya estaba en el instituto. No podía seguir haciendo berrinches ni actuando como si nada, buscando mimos a cada rato. Pero ese abrazo… ese abrazo era realmente tentador. Tentador, tentador, tentador…
Sin embargo, por más que llevaba rato con los labios fruncidos hasta dolerle, Yan Xi no la abrazó ni le acarició la cabeza.
Anzhi miró la cerveza que Yan Xi tenía en la mano y el documental que se proyectaba en la pantalla grande. Ese documental ella recordaba que Yan Xi ya lo había visto antes. Entonces… ¿por qué lo estaba viendo otra vez?
Inclinó un poco la cabeza.
Yan Xi tenía algo en la mente.
Tal vez era por el trabajo. Tal vez por otra cosa. Pero Yan Xi no lo mostraba. Tampoco se lo contaba. Aun así, dejaba de lado sus propios asuntos para preocuparse por ella…
El corazón de Anzhi se llenó de una nueva sensación de vacío. Se sentía muy infantil, porque solo siendo una niña podía mimarse con ella sin reservas, acercarse sin pensar. Pero al mismo tiempo quería crecer rápido, al menos lo suficiente para ser considerada una adulta a los ojos de Yan Xi. Quizás así, al menos así, Yan Xi podría contarle lo que llevaba en el corazón.
Desde que era muy pequeña, Anzhi había visto a Yan Xi como alguien alta, hermosa, que sabía muchísimas cosas que ella no entendía. Muchas veces tenía que alzar la cabeza para hablarle o escucharla, como si la distancia entre ellas fuera enorme.
Pero cuando Yan Xi la llevó a casa por primera vez y le tomó la mano, cuando la alzó en brazos por primera vez, cuando se inclinaba para hablarle cara a cara… esa distancia enorme se acortaba de golpe.
Anzhi siempre había sido buena observando las emociones de los adultos. No sabía desde cuándo exactamente, pero había entendido que no era como los demás niños. En otras casas todo era bullicioso, lleno de gente; ella solo tenía a su abuelo. En su mesa solo había dos pares de palillos, no como en la casa de los vecinos, siempre llena.
Había oído a los adultos decir:
—Tu abuelo lo tiene difícil. Ya está jubilado y aun así tiene que ir de un lado a otro buscando que le presenten alumnos, porque su pensión no alcanza para mantener a dos personas… y su nieta todavía tendrá que estudiar…
Los adultos se esforzaban mucho.
Lo único que ella podía hacer era portarse bien, no hacer preguntas que ellos no supieran responder.
Siempre fue callada, poco habladora. Solo con las personas que le daban verdadera seguridad se abría poco a poco. Durante todos esos años junto a Yan Xi, se acostumbró a que la cuidaran, a ocupar el lugar de la niña, a enfadarse un poco de vez en cuando y a hacer pucheros. Rara vez se había detenido a preocuparse activamente por Yan Xi.
Yan Xi también se cansaba. Se agotaba. Se entristecía. Su trabajo era muy demandante.
Pero casi nunca dejaba que Anzhi lo notara.
De repente, el pecho de Anzhi se apretó.
Quizá en muchas noches que ella no conocía, Yan Xi también se quedaba así, sola, sentada frente a un documental, pensando en silencio, con esa misma soledad.
—¿Eh? ¿Qué pasa? Ya está, no me río más de ti —dijo Yan Xi, creyendo que Anzhi seguía molesta por lo de antes—. Si te cuesta ganarle, a ella también. Taotao, esto no es propio de ti. Tú siempre eras la que se burlaba de los demás por tener malas notas.
—Mmm… —respondió Anzhi distraída. Luego reaccionó y, algo avergonzada, murmuró—: Yo… supongo que es el karma…
Yan Xi se incorporó un poco y le dio un golpecito en la frente con el dedo.
—¿Qué estás diciendo?
Anzhi sonrió con timidez, se mordió suavemente el labio y, sin hacer ruido, se acercó un poco más. Tomó aire y, casi sin darse tiempo para dudar, se dejó caer sobre las piernas de Yan Xi.
Luego habló como si nada, fingiendo naturalidad:
—Esa Xu Jia’er anda más o menos como yo en ciencias. Matemáticas, química, física… casi siempre empatamos. En letras, ella es mejor en inglés; en lengua, a veces yo saco un poco más…
Mientras hablaba, observaba de reojo la reacción de Yan Xi.
Yan Xi estaba bebiendo cerveza y no se esperaba ese movimiento. Con una mano apartó rápidamente la lata para que no se derramara sobre la cabeza de Anzhi; con la otra, de forma instintiva, protegió su cabeza. No tuvo tiempo de procesar nada antes de que Anzhi le soltara toda esa información de golpe. Solo alcanzó a murmurar:
—Mmm…
Anzhi sonrió en secreto. Se acomodó mejor en el sofá, con la cabeza apoyada en el regazo de Yan Xi.
—Así que solo me queda esforzarme más en letras. En ciencias tampoco puedo descuidarme, o no tendré ninguna posibilidad.
—Mmm… ¿Xu Jia’er? —dijo Yan Xi—. Tiene un buen nombre.
Bajó la mirada hacia Anzhi—. ¿Ahora los exámenes de inglés son casi todo comprensión lectora?
—Sí. En lengua también.
—¿Ah, sí? —Yan Xi pensó un momento—. Lo mío del instituto fue hace más de diez años, ya no me acuerdo mucho.
Su mano comenzó a acariciar lentamente el cabello de Anzhi. Intentó recordar cómo eran los exámenes, pero no lo consiguió.
—Es que… —Anzhi empezó a contar con los dedos—. La primera parte es lectura de textos modernos: argumentativos, literarios y prácticos. Luego viene la segunda parte: lectura de textos clásicos… —cambió de mano—. Lectura de textos en chino clásico, poesía antigua, memorización de versos famosos… y después la tercera parte, uso del lenguaje: uso correcto de modismos…
Mientras hablaba, se dio cuenta de que ya había contado con las dos manos. Tomó la mano de Yan Xi y siguió contando sobre sus dedos.
—Selección de oraciones incorrectas, uso adecuado del lenguaje, dos preguntas de redacción… y al final, la composición.
Justo cuando terminó de contar, se dio cuenta de que estaba sujetando la mano de Yan Xi con ambas manos, con los dedos rozando los suyos. Su esmalte era de un tono rosado terroso. En algunos bordes ya estaba un poco desgastado, pero seguía siendo bonito.
Anzhi nunca había observado las manos de Yan Xi tan de cerca. Eran más grandes que las suyas, finas y largas, con un dorso delicado y una muñeca esbelta. Sus dedos recorrieron inconscientemente los nudillos de Yan Xi, y se quedó abstraída.
Desde arriba llegó la risa suave de Yan Xi.
—¿Y esto qué es?
Anzhi alzó la vista. Yan Xi la miraba con una sonrisa a medias. El calor le subió de golpe a las mejillas; incapaz de sostener esa mirada burlona, giró la cabeza y enterró la cara contra su abdomen.
Yan Xi parpadeó, mirando esa pequeña cabeza apoyada en ella, y le frotó el cabello.
¿De qué había que avergonzarse?
Carraspó suavemente y retomó el tema:
—Entonces, ¿has visto los exámenes de esa Xu Jia’er?
—¿Eh? —Anzhi levantó la cabeza como un conejito curioso.
—Deberías revisarlos. Mira dónde pierde puntos. Conócete a ti misma y conoce a tu rival, y no habrá batalla que no puedas ganar.
—Mmm… —Anzhi frunció el ceño y empezó a pensarlo en serio.
—No te apures. Primero espera al examen mensual.
—Está bien —asintió Anzhi.
Yan Xi le sonrió y dio un sorbo a la cerveza. Su garganta blanca y elegante se movió suavemente al tragar, y luego dirigió la mirada de nuevo a la pantalla.
Anzhi la observó. El tema parecía haber terminado, pero Yan Xi no la apartó. Anzhi fingió no darse cuenta. Sacó el móvil del bolsillo de su camisón y se puso a jugar, mirando de vez en cuando el documental.
—En 1953, la Administración Nacional del Patrimonio Cultural invitó a expertos restauradores de distintos ámbitos a la Ciudad Prohibida para fundar el taller de restauración… —la voz del narrador era pausada y tranquila.
Anzhi, cansada de mirar el teléfono, fue cerrando los ojos poco a poco. Se quedó medio dormida, hasta que el móvil cayó al suelo con un golpe seco.
Yan Xi se enderezó, dejó la cerveza y bajó la mirada hacia Anzhi. La rodeó con un brazo y la acercó a su pecho, dándole suaves palmadas rítmicas. Sus movimientos eran naturales, casi automáticos, pero su mente seguía atrapada en las palabras que Liu Yiyi le había dicho.
—¿De verdad no te sientes sola? Y no hablo solo de soledad física. Hablo de intimidad, ¿sabes? Los occidentales dicen que la intimidad está ligada a tres cosas, las tres R: “relatives, roommates y romance”. Familia, convivencia y amor. Ese deseo de que alguien te admire, de sentir una resonancia, no solo mental, sino también física. La unión del alma y el cuerpo. Claro que eso es difícil de encontrar; mucha gente se conforma con satisfacer solo el cuerpo. Pero Yan Xi, sinceramente, siento que llevas años viviendo como una monja… Si sigues así, acabarás perdiendo incluso la capacidad de amar.
Yan Xi quedó pensativa, con la mirada perdida.
La verdad era que estaba confundida. Desde Gao Jiming, no se había enamorado de nadie más. En todos esos años no le habían faltado pretendientes excelentes, pero ninguno había logrado tocarle el corazón. No había latidos acelerados, ni amor a primera vista. La mayor parte del tiempo, su corazón estaba tranquilo como un espejo de agua.
Y, aun así, tenía que admitir que Liao Chengyu era la única persona con la que se sentía cómoda en todos esos años.
Pero no era amor.
Esa intimidad del cuerpo y el alma, esa fusión profunda… ¿qué se sentía realmente?
Yan Xi se sentía confundida, vacía, llena de dudas.
Se perdió en sus pensamientos. De pronto tuvo la sensación de que quizá nunca lo encontraría en toda su vida. Que tal vez no estaba destinada a sentirlo. Esa pasión ardiente de la que hablaba Liu Yiyi… quizá nunca podría experimentarla ni alcanzarla. Tal vez, como decía ella, ya había perdido la capacidad de amar.
De repente, Anzhi se movió un poco, soltó un pequeño gemido, como si llevara demasiado tiempo en la misma postura. Abrió los ojos y miró a Yan Xi, aún adormilada.
—¿Eh? ¿Tía?
Pero Yan Xi parecía estar distraída.
Anzhi parpadeó y la observó un momento.
Nunca había visto a Yan Xi así: con el ceño fruncido, la mirada perdida, envuelta en una tristeza silenciosa.
El corazón de Anzhi se encogió. Se incorporó de golpe, se acercó y le rodeó el cuello con los brazos.
—Tía…
—Ah… ¿ya despertaste? —Yan Xi volvió en sí y la miró, aunque su mirada seguía algo dispersa.
El pecho de Anzhi se apretó aún más. No soportaba verla así. Sin pensarlo, se inclinó hacia ella y dejó un beso suave en su mejilla, como el roce de las alas de una mariposa sobre un pétalo.
En el instante del contacto, Anzhi se quedó inmóvil.
Yan Xi parpadeó. La luz volvió a concentrarse en sus ojos, que se clavaron directamente en Anzhi.
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