Xu Jia’er y Anzhi insistieron en quedarse todos los días después de clases para estudiar una hora, y los resultados fueron evidentes. Ambas tenían una gran capacidad para rendir en exámenes y una fuerte disciplina de estudio autónomo. Cuando salieron las notas del segundo examen mensual, volvieron a colocarse en segundo y tercer lugar del curso. En el tercer examen mensual, Anzhi quedó primera y Xu Jia’er segunda. Ninguna de las dos se atrevía a relajarse: estaban rodeadas de rivales fuertes y, con un mínimo descuido, podían ser superadas.
Las dos estaban en primero de la clase de alto rendimiento de ciencias, con la profesora Pang nuevamente como tutora, y otra vez fueron nombradas delegada y subdelegada. Su dedicación contagió al resto del curso: desde que terminaban las clases hasta el estudio nocturno, siempre había gente quedándose en el aula. Los otros grupos de alto rendimiento y las clases de nivel avanzado no querían quedarse atrás, así que esa generación de primero, apenas dividida en grupos, ya mostraba una intensidad de estudio impresionante. Los tutores lo veían con satisfacción, y especialmente la profesora Pang, que se sentía muy orgullosa.
Así pasaron más de dos meses en calma, hasta que un día, inevitablemente, ocurrió un incidente.
Xu Jia’er ya se había convertido en una figura destacada del instituto. Desde primero, nunca le faltaron chicas a su alrededor, y no solo de su curso, sino de todo el instituto. Incluso algunas profesoras le tenían especial aprecio.
Esto desconcertaba bastante a los chicos del instituto técnico. Algunos, incapaces de contener la curiosidad, fueron a preguntarles a las chicas por qué.
Las respuestas eran siempre las mismas: Xu Jia’er era respetuosa, atenta y educada con las chicas, además de ser excelente estudiante. Tenía buenas notas, era buena en deportes, alta y atractiva; prácticamente no tenía defectos. Con alguien así, ¿quién querría salir con chicos?
Los chicos curiosos recibieron un duro golpe a su autoestima.
Anzhi también sentía lo popular que era Xu Jia’er. En cada recreo, siempre había chicas que le regalaban comida: papas fritas, gelatina, helados y todo tipo de snacks. A veces Xu Jia’er los aceptaba sonriendo y, acto seguido, se los pasaba a Anzhi. Además, recibía incontables regalos y cartas.
Xu Jia’er siempre intentaba rechazarlos. Cuando no podía, los aceptaba, pero sin contenerse lo más mínimo. Solía llevar esa sonrisa orgullosa y algo presuntuosa, trataba con amabilidad a todas, pero nunca aceptaba a ninguna de verdad.
Eso, de manera inevitable, terminó por enfurecer a algunas personas.
Una tarde, después de clases, ellas seguían estudiando en el aula. Anzhi estaba dibujando un esquema de fuerzas para física cuando, de repente, se oyó un grito desde la puerta:
—¡Xu Jia’er!
Las personas en el aula se sobresaltaron. Anzhi levantó la vista y vio entrar a varios chicos de otro curso. El que iba delante era moreno y corpulento. Tras echar un vistazo al aula, clavó una mirada hostil en Xu Jia’er y la recorrió de arriba abajo con desprecio.
—¿Tú eres Xu Jia’er? ¿Por qué te ves tan rara, ni hombre ni mujer?
Anzhi apretó el bolígrafo con fuerza.
Xu Jia’er, interrumpida en sus pensamientos, ya estaba irritada. Apenas se levantó, escuchó otra frase:
—Con esa pinta, seguro que eres una pervertida.
El rostro de Xu Jia’er se endureció.
—¿De dónde salió este perro rabioso? ¡Lárgate!
—Yo digo que eres una pervertida. Claro, con ese aspecto, ningún hombre te va a querer, ¿no? —se burló el chico, mientras los demás reían.
—Tú… —Xu Jia’er apretó los dientes, a punto de estallar, pero Anzhi se levantó de inmediato y se colocó delante de ella.
Frunciendo el ceño, miró a los chicos.
—Compañeros, si no tienen nada que hacer, por favor salgan. Estamos estudiando.
El chico miró a Anzhi con una sonrisa maliciosa.
—Te conozco. Siempre están juntas. ¿Eres su novia? Oye, tú no estás nada mal… ¿cómo acabaste con una pervertida como ella?
—¡Idiota! —Xu Jia’er ya no pudo aguantar más y lo empujó—. ¡Fuera!
El chico dio un paso atrás y chocó contra un pupitre. Furioso, lanzó un puñetazo.
—¡Maldita pervertida…!
En el aula también había algunos chicos de su clase. Al ver que alguien de su grupo estaba siendo golpeado, fueron a separarlos. Los acompañantes del agresor se sumaron, y en cuestión de segundos estalló una pelea general.
El aula se sumió en el caos y las chicas comenzaron a gritar.
Diez minutos después, la profesora Pang llegó apresuradamente.
Veinte minutos más tarde, el resto de los implicados fue reprendido y enviado a casa. Solo quedaron Xu Jia’er y el chico agresor. Anzhi dudó un momento afuera de la oficina, pero no se fue.
Treinta minutos después, llegó la madre del chico. Era una mujer temperamental y dominante, cuya voz se escuchaba por toda la oficina:
—¡Mi pobre hijo, lo han dejado así! ¡Exijo una disculpa! ¡Y que paguen los gastos médicos y el daño psicológico! ¿Dónde están tus padres? ¡Profesor, no puede ser parcial! ¡Llamen a los padres de la otra estudiante! ¡Que los tutores vengan a dar fe! ¡Miren esto…!
Desde la ventana, Anzhi veía a la mujer señalando el rostro de su hijo y armando un escándalo. Desde su ángulo, solo se notaban algunos moretones. Sabía que aquel chico era deportista y que, por estar interesado en una chica de una clase de nivel avanzado —la misma que había hablado varias veces con Xu Jia’er y lo había rechazado—, había descargado su rabia contra ella.
Xu Jia’er, en cambio, se cubría media cara con una bolsa de hielo y decía con frialdad:
—Mis padres están de viaje. No hace falta que vengan. No voy a disculparme. Su hijo es un perro rabioso.
Los dos tutores intentaban mediar, pero la mujer no cedía ni un poco, llegando incluso a insultar a gritos.
Anzhi miró a Xu Jia’er. Su expresión era dura, sin rastro de la sonrisa habitual. Se cubría la cara con una mano, pero mantenía la espalda recta; su figura se veía solitaria y obstinada.
El corazón de Anzhi se encogió. No sabía qué hacer y entendía que entrar no serviría de nada.
En ese momento sonó el teléfono de Yan Xi. Anzhi soltó un suspiro de alivio y contestó de inmediato:
—Tía, ven rápido…
Yan Xi llegó enseguida. Por teléfono solo había escuchado fragmentos. Primero revisó que Anzhi estuviera bien y, al confirmar que no le había pasado nada, escuchó con calma toda la situación.
—Tía, ayúdala —dijo Anzhi, tirando suavemente de su ropa.
Yan Xi reflexionó un momento y respondió con voz serena:
—Está bien, no te preocupes.
Golpeó la puerta de la oficina y entró.
Anzhi, al verla de espaldas, sintió que su corazón se tranquilizaba al instante.
Poco después, escuchó la voz clara y pausada de Yan Xi diciendo algunas frases. A continuación, Xu Jia’er y el chico fueron enviados fuera, y la puerta de la oficina se cerró.
Xu Jia’er parecía algo aturdida. El chico le lanzó una mirada despectiva y se fue a sentarse a otro lado.
Anzhi se acercó enseguida.
—¿Estás bien?
Xu Jia’er se quitó la bolsa de hielo. Tenía el labio roto y media cara hinchada.
—¿Quién era esa persona? ¿Y tú…? —dijo, apoyándose con ella en la baranda del pasillo.
—Mi tía. ¿Te duele mucho?
—¿Tu qué? ¿Tía? Qué forma tan rara de decirlo, suena empalagoso… —intentó reír, pero enseguida siseó de dolor.
—No es eso… Si te duele, no hables —respondió Anzhi.
—Ja —bufó el chico desde lejos.
—Ja —Xu Jia’er le respondió levantando el puño.
—Oye… cálmate un poco —Anzhi tiró de ella.
Xu Jia’er bajó la mirada y volvió a cubrirse la cara con el hielo.
—No tenías que ayudarme así. Si no me disculpo, ¿qué pueden hacerme?
Anzhi percibió su mal humor. Guardó silencio un momento antes de decir:
—No te hagas la fuerte.
Xu Jia’er se mordió el labio y no respondió.
Anzhi suspiró por dentro. Todo aquello había sido una desgracia sin sentido. ¿Cómo podía alguien ser atacado solo por a quién le gustaba? Xu Jia’er no había cometido ningún delito ni había dañado a nadie, y aun así tenía que soportar insultos y desprecio.
¿Acaso gustar del mismo sexo era ser una pervertida?
Anzhi sintió que esas palabras también la atravesaban a ella, con el mismo dolor punzante.
Ambas quedaron en silencio. Ya pasaban de las siete; las luces fluorescentes del pasillo se encendieron, atrayendo a algunos mosquitos de verano.
La mitad del rostro de Xu Jia’er quedó envuelta en sombras, marcando sus rasgos profundos. Habló en voz baja:
—Desde muy pequeña supe que me gustaban las chicas. A mis padres les llevó mucho tiempo aceptarlo. No era que no aceptaran mi orientación, sino que les aterraba que su hija tuviera que enfrentar críticas y ataques externos… como lo de hoy.
Anzhi escuchaba en silencio.
—Por eso, desde pequeña no me permití no ser excelente. Tomé clases de refuerzo, de intereses, de todo tipo. Porque cuando eres niño, solo con buenas notas y habilidades puedes tener un poco de voz. Y obtener el respeto que en realidad ya deberías tener.
—Entonces, ¿por qué lo dijiste en público…? —preguntó Anzhi.
Xu Jia’er alzó la comisura de los labios, intentando sonreír.
—Porque quiero controlar mi propia voz. Quiero estar en un lugar lo bastante visible y hablar lo suficientemente alto para que todos me escuchen.
Su sonrisa se ensanchó, pero el dolor la hizo llevarse la mano a la mejilla.
Era una persona demasiado libre, demasiado intensa. Aun con media cara hinchada, seguía brillando.
Al ver la expresión de admiración en el rostro de Anzhi, Xu Jia’er se animó de nuevo.
—¿Soy genial o no?
Anzhi:
—…
Con esa cara, ahora mismo se veía más bien un poco ridícula…
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ShadowTP
Pero que hdp… 😤