Yan Xi entró a la oficina, se identificó y luego pidió ver las cámaras.
Con calma, dijo:
—Ahora las aulas y los pasillos de la escuela tienen cámaras. Basta con revisarlas para saber quién empezó a provocar y de quién fue realmente la responsabilidad.
Se quedó de pie allí, con la voz firme y serena. La madre del chico se comportaba como una gallina histérica, gritando y soltando plumas por todos lados, Los dos profesores estaban al borde del colapso, exhaustos. Y ella, después de un día entero de trabajo, bajo la luz blanca del fluorescente, mantenía las piernas rectas, la postura elegante y un aire tranquilo, casi distante.
En el video se veía con claridad que el chico había ido a buscarlas por su cuenta, con una actitud agresiva. No se escuchaba el audio, pero era evidente que estaba insultando.
Yan Xi entrecerró los ojos. Al inicio solo se veía discusión, y luego Anzhi se levantó y dijo algo. El chico, de pronto, le gritó algo directamente a Anzhi. Ella se asustó tanto que dio un sobresalto. Fue entonces cuando Xu Jia’er lo empujó.
—¡¿Ven?! ¡Fue ella la que golpeó primero, no mi hijo! —gritó la madre.
Pero al segundo siguiente se quedó sin voz: Xu Jia’er solo lo había empujado, y el primero en lanzar el puñetazo había sido su hijo.
Yan Xi curvó apenas los labios.
Llamaron a Xu Jia’er y a Anzhi para que entraran.
—Sí, yo les grité primero. ¡Xu Jia’er es una pervertida! ¡Es homosexual…! —el chico, incapaz de sostener todas las miradas encima, estiró el cuello y lo soltó a gritos.
En la oficina se hizo un silencio de varios segundos. Los profesores estaban incómodos. Xu Jia’er se burló con una sonrisa fría. Anzhi se quedó rígida.
La madre del chico exclamó, escandalizada:
—E-esto… ¡eso es ser una pervertida!
Su mirada se volvió de pronto repulsiva.
Xu Jia’er estaba por hablar, pero Yan Xi la detuvo con un gesto leve, y miró a la otra parte con calma.
—¿Y qué si es homosexual? La gente con educación sabe desde hace mucho que esto no es algo anormal. Es como que algunas personas nacen zurdas y otras no; o que a algunas les gustan los gatos y a otras los perros. Puedes expresar tu opinión, pero no tienes derecho a atacar la dignidad de alguien solo porque es diferente. Nosotras no vamos a disculparnos.
Mientras hablaba, Yan Xi dio un paso al frente, colocándose delante de Anzhi y de Xu Jia’er, protegiéndolas con el cuerpo.
Xu Jia’er le echó una mirada de reojo. Luego volteó hacia Anzhi, que miraba a Yan Xi con la cara iluminada.
—T-tú… —la madre se trabó, sin saber qué responder, y se volvió hacia los profesores—. ¿Su escuela acepta estudiantes así?
La profesora Pang habló entonces:
—La estudiante Xu Jia’er ingresó en el primer lugar de su generación. Actualmente sigue estando entre los tres primeros del grado. Ganó el primer lugar en los mil quinientos metros en los deportes escolares, forma parte del equipo de básquet, y destaca tanto en conducta como en rendimiento. ¿Por qué nuestra escuela no aceptaría a una estudiante así?
—P-prof… —la madre se quedó boquiabierta y miró al otro tutor—. ¿Así van a resolver esto?
Los dos tutores se miraron y dijeron:
—Ambos estudiantes recibirán una amonestación y un demérito.
—¿Solo eso? ¡Pero ella lo empujó primero…!
—Fue tu hijo el que insultó primero… y también el primero que golpeó —se le escapó a Anzhi, incapaz de contenerse.
El chico las señaló:
—¡Ustedes están de novias! ¡Eso es una relación!
A Yan Xi se le tensó la sien.
Anzhi miró a Yan Xi de reojo, se puso roja y respondió rápido:
—¡No lo estamos!
Xu Jia’er lo miró con frialdad.
—Me enteré de que estás frustrado porque no te funcionó perseguir a la “chica más linda” de una clase avanzada y por eso viniste a desquitarte conmigo. ¿Quién es el que anda queriendo tener una relación aquí? Yo y nuestra pequeña jefa solo estamos estudiando. Por eso nos fue bien en el examen mensual. ¿Y tú? ¿En qué lugar quedaste? Si tienes tiempo para venir a buscar pelea, mejor memoriza vocabulario.
El chico se quedó sin palabras. La cara le cambió y apretó los puños.
Xu Jia’er se burló:
—¿Qué? ¿Todavía quieres golpear a alguien? Viniste a provocar tú, a difamar tú… y el que golpeó fuiste tú.
En ese momento Yan Xi bajó un poco la voz, con un tono más serio, lento y ordenado:
—Profesores, no me siento segura con un estudiante así cerca de la niña que está a mi cargo. La escuela es un lugar para aprender conocimientos y aprender a comportarse, no para pelear, insultar y difamar. Considero que una amonestación y un demérito no bastan. Necesito medidas claras y seguras. Si no, la cambiaré de escuela.
—Yo también me voy a cambiar de escuela —dijo Xu Jia’er.
—¡¿Cómo puede haber una… así en la escuela…?!
Yan Xi miró a la madre y al hijo, sin alterarse.
—Ni la ley ni el reglamento escolar dicen que alguien deba ser castigado por sentir atracción por su mismo sexo —dijo—. En cambio, para quienes no respetan el orden, no obedecen advertencias, provocan conflictos con insultos, dañan la reputación ajena y agreden… sí corresponde una sanción grave. Y si reinciden, la escuela tiene derecho a expulsarlos.
Yan Xi miró a los dos tutores.
—¿No es así, profesores?
Ambos asintieron.
—E-esto… ¿cómo que expulsar…? —ahí sí, madre e hijo se asustaron de verdad. Él había entrado como deportista becado; si lo expulsaban, quizá no podría volver a un instituto tan bueno.
—Está bien… ¡ya! ¡Me voy a mantener lejos de ustedes! —murmuró el chico.
Hay personas que nunca aprenden a respetar. Solo ceden cuando su propio interés se ve amenazado.
Xu Jia’er soltó un bufido.
—Ya basta —dijo la madre con resentimiento.
Yan Xi curvó apenas los labios, sin dejar de ser educada.
—Los profesores ya sancionaron a su hijo y a la estudiante Xu. Eso no me corresponde decidirlo. Pero él debe disculparse con la niña que está a mi cargo.
Anzhi nunca había visto a Yan Xi así. Sus ojos no estaban sonriendo; seguía con una expresión serena, una voz tranquila, pero era evidente cómo la estaba protegiendo. Miró el perfil de Yan Xi y, de pronto, sintió algo: quizá Yan Xi la había defendido y protegido muchas veces en lugares donde ella no lo sabía, sin permitir que le hicieran ni la menor injusticia.
Anzhi estiró la mano y, en silencio, tiró suavemente de la manga de Yan Xi. Yan Xi, siguiendo ese gesto, le tomó la muñeca.
Y así la sostuvo, hasta que el asunto quedó resuelto.
Cuando todos salieron de la oficina, los dos tutores por fin respiraron.
—Espera… esa apoderada se parece a una presentadora…
Fuera, el chico salió cabizbajo; la madre fruncía el ceño. De pronto dio una palmada, como si lo hubiera entendido todo.
—¡Claro… era esa presentadora!
—¿Mamá? ¿Quién…?
—Hijo, a partir de ahora ni se te ocurra meterte con esas dos. Qué importa si les gustan los hombres o las mujeres. Las enfermas son ellas, no somos nosotros. Esa mujer de hace rato seguro tiene contactos. No podemos meternos con alguien así. Y además… tú sí deberías estudiar en serio.
Al salir del edificio, Anzhi miró a Xu Jia’er.
—¿Cómo te vas a casa?
—Pues me voy sola —respondió Xu Jia’er.
Tenía un moretón en la mitad de su cara blanca y el labio hinchado. Miró a Yan Xi, luego bajó la vista a la mano con la que Yan Xi sujetaba la muñeca de Anzhi, y sonrió.
—Gracias, tía…
Yan Xi giró la cabeza y, al escuchar el “tía”, se le endureció la expresión por un segundo. Luego asintió, aceptando el agradecimiento.
En cambio, Anzhi miró a Xu Jia’er con molestia.
—¿Nos vamos? —preguntó Yan Xi en voz baja.
Anzhi asintió con su cabecita.
La ciudad ya estaba iluminada como si fuera de día. La noche era larga. Yan Xi giró el volante y condujo de regreso a casa.
Anzhi, en el asiento del copiloto, no sabía por qué, pero se sentía muy feliz. Se le marcaban los hoyuelos mientras sonreía.
—¡Tía, fuiste increíble! ¡De verdad! —dijo con entusiasmo, mirándola con los ojos brillantes.
Yan Xi le echó una mirada de reojo y soltó una risa contenida. Estaba por decir algo cuando Anzhi se sorprendió:
—¿Eh…? ¿Todavía está aquí?
Yan Xi siguió su mirada. Xu Jia’er caminaba sola, tambaleándose un poco más adelante. Suspiró por dentro.
Tres minutos después, Xu Jia’er ya iba sentada en el asiento trasero, sonriendo.
—Gracias, tía.
El rostro de Yan Xi se tensó otra vez, casi imperceptible.
Anzhi se dio vuelta y la fulminó con la mirada.
—¿Ya no te duele la cara, o qué?
—¡Claro que me duele! Oye, mira… ¿se me bajó la hinchazón de aquí? —Xu Jia’er se acercó.
Anzhi, acercándose también para verla con la poca luz, revisó su comisura.
—No. Y además aquí tienes un moretón…
—Ah… con razón me duele tanto.
—Entonces, ¿por qué te hiciste la fuerte? ¿Para verte cool?
Se habían acercado demasiado, sin darse cuenta.
Yan Xi miró de reojo y dijo con voz neutra:
—Taotao, siéntate bien.
—Ah, sí… —respondió Anzhi, obediente, y se giró.
Yan Xi alzó la vista y, en el retrovisor, se cruzó con la mirada inquisitiva de Xu Jia’er.
La barrera de la entrada se levantó y el auto salió del instituto sin problemas.
Xu Jia’er guardó silencio un rato y luego volvió a inclinarse hacia adelante para hablar con Anzhi:
—Oye, ¿ya hiciste la tarea de pronunciación de inglés?
—Si mañana mejor pido permiso y no voy…
—¿Dónde vives?
Y así, una cosa tras otra.
Anzhi le respondía a medias, sin voltearse.
Yan Xi no dijo nada. Condujo con rapidez y estabilidad, y llevó a Xu Jia’er hasta su casa.
La noche ya había caído por completo. Taotao, acurrucada en el asiento del copiloto, se cubrió la boca y bostezó.
—¿Estás cansada? Si quieres, duerme un rato —dijo Yan Xi, mirando la hora.
—No… no tengo sueño. Duermo cuando lleguemos —Taotao le sonrió.
Las palabras de Yan Xi seguían resonando en su cabeza: “Ser homosexual no tiene nada de anormal, igual que ser zurdo o diestro”. Así veía Yan Xi eso de “gustar del mismo sexo”. Taotao, con el corazón dando vueltas, por fin se sintió un poco más tranquila.
Miró por la ventana, donde la luz dibujaba el perfil de Yan Xi, y pensó que quizá podría ser un poco más valiente. Tal vez podía dar un paso más y preguntarle directamente qué opinaba sobre “una chica que le gusta otra chica”. ¿Lo aceptaría? ¿Lo había vivido? ¿Le había pasado alguna vez?
Yan Xi había dicho antes que le gustaban “las personas sinceras y amables”. Quizá lo importante eran esas cualidades y el género no importaba…
Taotao se quedó inquieta, tentada a preguntar.
“¿Pregunto? ¿No pregunto? ¿Y si solo lo digo…?”
El corazón le latía tan fuerte que parecía saltarle del pecho.
—Taotao…
—¿Ah? —Taotao se sobresaltó, y toda su idea se deshizo de golpe. Se sentó derecha de inmediato.
Yan Xi luchó consigo misma un momento, y por fin preguntó, con cuidado:
—¿A partir de ahora todavía vas a quedarte todos los días a estudiar una hora?
Taotao entendió que Yan Xi seguía preocupada por el incidente con el chico. Lo pensó un momento.
—No es necesario… también puedo estudiar en casa.
—…Si quieres pasar más tiempo con tus compañeros, también está bien —Yan Xi se recordó, una vez más, que Taotao necesitaba amistades de su edad, y que no debía limitarla tanto.
Taotao parpadeó, sin estar del todo segura de lo que Yan Xi realmente quería decir.
Yan Xi soltó un suspiro casi inaudible, liberó la mano derecha un instante y le acarició la cabeza.
Pensó y descartó muchas frases, hasta que al final volvió a lo mismo de siempre:
—Que el estudio sea lo principal, ¿sí?
Por un instante, Taotao creyó que Yan Xi iba a decirle algo más… pero después de esa frase, no dijo nada.
Taotao sintió un vacío. Yan Xi todavía la trataba como una niña.
Pero… en efecto, todavía era pequeña. Y eso era algo contra lo que, por ahora, no podía hacer nada.
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ShadowTP
Bien celosota xd