Ji Ruyu cumpliĂł su palabra y de verdad la llevĂł a la pista de equitaciĂłn.
Era de noche, el viento frĂo cortaba la piel, pero Jiang Xu iba envuelta en un grueso manto de piel; aquel frĂo no tenĂa nada que ver con ella. En cambio, Ji Ruyu solo llevaba ropa ligera y la sostenĂa en brazos, con una apariencia de sangre caliente imposible de enfriar.
Jiang Xu se aferrĂł con nerviosismo a sus hombros.
Ji Ruyu actuĂł como si no hubiera oĂdo su amenaza.
—¿Es ese el caballo que montabas durante el dĂa, cuñada?
Siguiendo su mirada, Jiang Xu vio en el establo a un caballo familiar, con la cabeza baja comiendo hierba. Era, en efecto, el mismo que habĂa estado montando esos dĂas.
ApretĂł los labios sin decir palabra.
Al ver su reacciĂłn, Ji Ruyu soltĂł una risa frĂa y la llevĂł hasta allĂ en brazos.
SacĂł al caballo y, con ella, montĂł de un salto.
Solo que, a diferencia de cuando le enseñaba a cabalgar, no la hizo sentarse derecha, sino que la colocó atravesada sobre el lomo del caballo, con todo el cuerpo tendido boca abajo.
En la quietud de la noche, Jiang Xu podĂa oĂr con claridad los latidos inquietos de su propio corazĂłn.
GirĂł la cabeza. Bajo la luz de la luna solo alcanzĂł a ver el rostro frĂo de Ji Ruyu. Sus ojos quedaban ocultos en la sombra, y en sus labios se dibujaba una sonrisa inquietante.
El cuerpo de Jiang Xu, ya de por sĂ sensible tras lo ocurrido antes, temblĂł con fuerza.
Aquella mujer decĂa que iba a ceder el puesto a otra, pero sus actos no eran en absoluto indulgentes.
Hacer algo asĂ al aire libre, incluso sobre un caballo, era la primera vez para Jiang Xu.
Aunque la vergĂĽenza la consumĂa por dentro, su cuerpo experimentĂł un placer nunca antes sentido. No querĂa que esa mujer lo notara y se mordiĂł con fuerza el labio, conteniendo cualquier sonido.
Porque tĂş nunca pensaste enseñarme de verdad antes de la cacerĂa de otoño…
Porque para ti, “quiero aprender a montar antes de la cacerĂa” no era más que una frase vacĂa…
Porque no confĂas en que yo pueda lograrlo…
O quizá ni siquiera te importa si lo consigo…
Jiang Xu se dijo todo eso en silencio. Cuanto más pensaba, más rencor sentĂa, y al final no dijo nada, limitándose a soportarlo.
Al verla asĂ, la mano de Ji Ruyu que sujetaba las riendas temblĂł ligeramente.
ÂżEra posible que una dama de familia noble prefiriera soportar semejante humillaciĂłn sobre un caballo antes que inclinar la cabeza o expresar lo que sentĂa?
Ji Ruyu bajĂł un poco la cabeza y le hablĂł en voz baja.
Con lágrimas en los ojos, Jiang Xu se mordió con fuerza el labio.
¡Ella solo querĂa ayudarla!
QuerĂa estar a la altura de la promesa que habĂa hecho…
Pero el peso del mundo era tan grande, y ella tan pequeña… Lo que podĂa hacer por ella era tan poco, tan insignificante.
TemĂa que, si decĂa lo que pensaba, solo recibirĂa risas a cambio.
Quizá incluso su promesa no significaba nada para ella.
Tal vez lo Ăşnico que esa persona querĂa de su ayuda era, en este palacio solitario, usar su cuerpo para consolar otro cuerpo, mientras dos almas vagaban por separado.
Nada más. Con eso bastaba.
Jiang Xu cerrĂł con fuerza los ojos. Mil pensamientos quedaron atrapados en su interior, y lo Ăşnico que le entregĂł fue un silencio prolongado.
Ji Ruyu no esperaba que ni una pregunta tan simple obtuviera respuesta. No comprendĂa ni aceptaba aquel silencio; ni siquiera la noche helada lograba apagar el fuego que ardĂa en su pecho.
Ji Ruyu espoleĂł al caballo al galope. El lomo se sacudĂa violentamente, y sus dedos se movĂan con una intensidad mayor que nunca. Aunque Jiang Xu estaba preparada, no pudo controlarse y dejĂł escapar sonidos una y otra vez, algo que jamás le habĂa ocurrido en la cama.
El viento silbando y el estruendo de los cascos aplastaron por completo sus gemidos fragmentados en la noche, y poco a poco dejĂł de reprimirlos. Por grandes que fueran los sonidos, quedarĂan ocultos por la oscuridad, enterrados por el viento y los cascos.
La mano de Ji Ruyu, que sostenĂa las riendas, se apoyaba firmemente en su cintura para que no cayera del caballo. Jiang Xu solo tenĂa que entregarse por completo a aquella mezcla de humillaciĂłn y placer.
Cuando Jiang Xu alcanzĂł finalmente el lĂmite y su cuerpo se estremeciĂł en espasmos, el caballo fue reduciendo la velocidad hasta detenerse.
Un gran charco de lĂquido se deslizĂł por el lomo del caballo y cayĂł al suelo.
La mente de Jiang Xu quedĂł en blanco. Solo atinĂł a encogerse dentro del manto, aĂşn tendida sobre el caballo, incapaz de emitir sonido alguno.
Entonces Ji Ruyu sacĂł por fin los dedos, empapados desde hacĂa rato, y se inclinĂł hacia ella, diciendo con voz maliciosa:
Cuanto más hablaba, más se excedĂa, y más irrespetuosa se volvĂa.
Aunque Jiang Xu estaba exhausta, en ese instante se obligĂł a incorporarse del lomo del caballo.
Temiendo que cayera, Ji Ruyu se apresurĂł a abrazarla y atraerla contra su pecho. Estaba a punto de seguir diciendo disparates cuando, de pronto, un sonido seco resonĂł con fuerza en la noche.
¡Paf!
Jiang Xu le habĂa dado una bofetada con todas sus fuerzas.
Ji Ruyu se cubriĂł la mejilla dolorida y se quedĂł en silencio.
—Ji Ruyu… —dijo Jiang Xu con frialdad—. No quiero volver a verte.
Los ojos de Ji Ruyu brillaron levemente. Luego sonriĂł despacio.
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