Dentro de la tienda solo quedaban Jiang Xu y Ji Ruyu.
Ji Ruyu yacĂa boca abajo sobre el lecho, el rostro pálido, el sudor frĂo empapándole el cabello. La sangre habĂa teñido sus ropas. Su cuerpo no dejaba de temblar.
—Emperatriz… puedes ponerme un poco de polvo hemostático.
Al saber que podĂa ayudar, Jiang Xu se secĂł las lágrimas de inmediato y, siguiendo sus indicaciones, tomĂł el medicamento del botiquĂn. Como las flechas seguĂan clavadas y no podĂa retirarle la ropa, solo pudo espolvorear el medicamento por encima de la tela empapada.
—¿Te duele? —preguntĂł mientras lo hacĂa.
—No…
Ji Ruyu no emitiĂł queja alguna. Pero tampoco lo habĂa hecho cuando recibiĂł las flechas.
Claro que debĂa doler… ÂżcĂłmo no iba a doler?
El cuerpo de Ji Ruyu seguĂa temblando.
—Emperatriz… tengo frĂo…
ÂżFrĂo?
HabĂa perdido demasiada sangre. Era natural que sintiera frĂo.
Si perdĂa aĂşn más…
Jiang Xu no se atrevió a pensar en esa posibilidad. La cubrió con una manta y sostuvo su cabeza, abrazándola con fuerza, pegando su rostro al suyo.
—Te abrazo… ÂżaĂşn tienes frĂo? ÂżAĂşn?
Ji Ruyu sintiĂł una calma y un calor extraños. El dolor parecĂa atenuarse, sustituido por un cansancio profundo que la invitaba a cerrar los ojos.
—Ya no tengo frĂo… cuando me abrazas, me siento cálida… y en paz… Tengo sueño… quiero dormir… en tus brazos…
Los ojos de Jiang Xu se abrieron con horror. Le dio ligeras palmadas en el rostro.
—¡No puedes dormir! Si te duermes, no despertarás, Ji Ruyu. No puedes morir…
Al final, su voz se quebró en sollozos. Las lágrimas cayeron sin freno.
RecordĂł aquella vez en que habĂa atado a Ji Ruyu y habĂan hablado de la vida y la muerte.
Ji Ruyu nunca habĂa temido morir. No tenĂa un verdadero deseo de vivir. ÂżY si ahora simplemente se dejaba ir? ÂżY si incluso lo hacĂa con alivio?
Ante los ojos de Jiang Xu todo era una cortina de agua. Solo distinguĂa el rostro pálido de Ji Ruyu, pero no sus expresiones.
Ji Ruyu le secaba las lágrimas mientras hablaba:
—Si he llegado a este punto es por mi propia culpa… por mi negligencia…
Lan Tangyue la habĂa reprendido con razĂłn.
Si no hubiera vivido antes en la apatĂa, sin propĂłsito, no habrĂa quedado con tan pocos leales a su lado. No habrĂa estado tan sola en el momento del peligro.
PensĂł en cĂłmo Jiang Xu se culparĂa si ella morĂa. Era de salud frágil… quizá terminarĂa enfermando de pena…
Entonces no podĂa morir.
Si lograba sobrevivir, ya no desperdiciarĂa su vida. VivirĂa bien. VivirĂa por Ji Ruyu.
No se supo de dĂłnde sacĂł fuerzas Ji Ruyu. De pronto alzĂł el cuerpo y buscĂł los labios de Jiang Xu. Ella, temiendo que se agravara la herida, se inclinĂł sin pensar demasiado.
Sus labios se encontraron.
Los labios de Ji Ruyu estaban frĂos, pero el beso fue intenso. Por primera vez, Jiang Xu no lo rechazĂł. No pensĂł en nada. Solo en besarla, como si asĂ pudiera ahuyentar el miedo a la muerte.
En ese instante, una figura irrumpió tambaleándose en la tienda y se quedó petrificada ante la escena.
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