—Lan… Lan Tangyue, nosotras… ay, no te fijes en eso ahora. ¡Sálvala primero, por favor! ¿Tus heridas son graves? ¿Quieres que te las trate un poco antes? Aquà hay polvo hemostático.
A simple vista, las heridas de Lan Tangyue no eran tan graves como las de Ji Ruyu. Solo eran lesiones externas.
—¿Ella? ÂżTe preocupa que se muera? ¡Pero si esta persona, a punto de morir, todavĂa tuvo fuerzas para besar a su emperatriz! A alguien asĂ ni el Rey del Inframundo se la lleva.
Cuando Jiang Xu se fue, Lan Tangyue cortĂł primero las dos flechas y luego comenzĂł a quitarle la ropa a Ji Ruyu. La tela estaba adherida a la herida, y al arrancarla se produjo un desgarro doloroso, pero Ji Ruyu no emitiĂł ni un solo gemido.
—Si te duele, grita.
—No duele.
—Claro… ¿delante de tu emperatriz iba a dolerte?
—…
Ni siquiera tenĂa fuerzas para regañarla como de costumbre.
—Lan Tangyue, ¿vas a parar o no?
Ella hizo oĂdos sordos y siguiĂł provocando:
—Lo tuyo es increĂble. ÂżSalvarla con tu propio cuerpo? ÂżTu emperatriz ya aceptĂł estar contigo?
Ji Ruyu cayó en un silencio extraño.
Lan Tangyue frunció el ceño, captando algo.
—No me digas que… ¿ella ni siquiera sabe lo que sientes? ¿Ya se lo confesaste?
—¿C-cavando…? —el rostro de Jiang Xu palideció—. Eso va a doler muchĂsimo…
Ji Ruyu respondiĂł con indiferencia:
—Hazlo rápido. Esa gente no se atreve a dejar que el emperador muera solo. Solo se esconden por miedo a que descargue mi ira. No tardarán en volver a molestar.
—Bien. Aguanta.
—Espera.
Ji Ruyu levantĂł la vista hacia Jiang Xu, que seguĂa de pie, paralizada, y le sonriĂł con calma.
De pronto, desde el interior de la tienda se escuchĂł un grito desgarrador, tan distorsionado que no parecĂa ni de Ji Ruyu ni del emperador.
Jiang Xu apretó los labios y las lágrimas volvieron a caer.
Con razĂłn no querĂa que la viera… debĂa doler tanto, tanto, que ni siquiera pudo contener el grito frente a todos.
—¡¿Su majestad?! ¡¿Cómo está el emperador?!
—¡Nadie entra! —dijo Jiang Xu con frialdad—. ¿Quieren profanar el cuerpo del emperador? Está siendo tratado y no se encuentra vestido apropiadamente. ¿Cómo se atreven a mirarlo?
Los ministros no tuvieron más remedio que desistir.
—¿Puedo entrar a atenderlo? —intervino la noble consorte Liu, con los ojos llenos de lágrimas—. Estoy muy preocupada por su majestad. La emperatriz puede quedarse fuera, yo puedo ocuparme de cuidarlo.
Jiang Xu recordĂł la desconfianza que Ji Ruyu siempre habĂa tenido hacia esa mujer.
ÂżHabĂa notado algo extraño? ÂżSospechaba de su identidad?
—Tu rango es alto —respondió Jiang Xu con calma—. En este momento debes ayudarme a manejar los asuntos externos. En cuanto a atenderlo… que vaya la consorte Li.
La consorte Li ya estaba de su lado. Que supiera algo era mejor que dejar que la noble consorte Liu sospechara.
La noble consorte Liu la mirĂł, conmocionada. La emperatriz parecĂa tranquila… ÂżhabĂa sido solo su imaginaciĂłn?
—Su majestad, este lugar es peligroso. DeberĂa regresar al palacio.
—¡Ja, ja, ja! —Ji Ruyu riĂł a carcajadas—. Estoy perfectamente bien. Estos son los beneficios de entrenar artes marciales. No ha sido en vano. Si cualquiera de ustedes hubiera recibido unas flechas asĂ… probablemente ya estarĂa muerto.
Los ministros quedaron en silencio.
Si el emperador se retiraba ahora, todo su propĂłsito se habrĂa perdido. Para reavivar el espĂritu marcial, habĂa pagado un precio enorme.
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