—Majestad, si no fuera por la incompetencia del joven general Zhang, usted no habrĂa resultado herido. ¡Debe ser castigado severamente!
El joven general Zhang era una nueva figura dentro del ejĂ©rcito. Aquel hombre no parecĂa realmente preocupado por el emperador; más bien, daba la impresiĂłn de querer sembrar discordia entre el emperador y las fuerzas militares.
Ji Ruyu respondiĂł con frialdad:
—Conozco bien sus intenciones, pero guárdense esos pequeños cálculos por ahora, a menos que quieran enfurecerme hasta la muerte. Quien vuelva a insinuar algo asà será considerado alguien que no desea mi bienestar. Y lo arrojaré fuera para que sirva de alimento a las bestias.
Tras esas palabras, los ministros quedaron en silencio absoluto.
—Todas las actividades continuarán con normalidad. Solo que, debido a mi herida, no podré disfrutar junto a ustedes. No se preocupen, ya he enviado más efectivos. Lo ocurrido no volverá a repetirse. Ahora dispérsense. Necesito descansar.
Dicho esto, regresĂł a la tienda.
Los ministros se retiraron. Jiang Xu tambiĂ©n entrĂł. La Ji Ruyu que momentos antes habĂa impuesto autoridad, ahora yacĂa pálida sobre el lecho.
Lan Tangyue le entregĂł a Jiang Xu un frasco de ungĂĽento.
—Recuerda cambiarle la medicaciĂłn cada medio dĂa.
—¿Ya… ya está fuera de peligro?
—No va a morir.
Solo entonces Jiang Xu respirĂł aliviada.
Lan Tangyue sonriĂł.
—Me encargó otras cosas. Me retiro.
Tras decir eso, se marchĂł, dejando la tienda en silencio, con solo ellas dos.
Jiang Xu se sentĂł junto al lecho.
—Descansa bien. Yo me ocuparé del resto. El general Zhang capturó a varios asesinos, pero eran hombres dispuestos a morir; mordieron el veneno oculto en sus muelas y se suicidaron. No se encontró ninguna pista.
—Entonces será difĂcil investigar —respondiĂł Ji Ruyu.
—La persona a la que querĂan matar era yo. ÂżQuiĂ©n querrĂa asesinarme? —Jiang Xu reflexionó—. No creo que solo por haber disgustado a algunos clanes aristocráticos llegaran a tanto… tampoco creo que la noble consorte Liu… aunque haya tensiones…
—Emperatriz, si no lo entiendes ahora, no te atormentes. Si esa persona fallĂł una vez, lo intentará de nuevo y terminará dejando un rastro. Yo te protegerĂ©. No permitirĂ© que vuelvas a pasar por algo asĂ.
Jiang Xu sintiĂł que la mujer frente a ella habĂa cambiado. No se parecĂa en nada a la antagonista despiadada que describĂa la historia original. ÂżCĂłmo podĂa alguien, estando al borde de la muerte, preocuparse aĂşn por su supuesta “cuñada odiada”?
Quizá aquel destino trágico se estaba alejando.
—Ji Ruyu… somos familia, ¿verdad?
Jiang Xu sostuvo su rostro y la mirĂł con expectativa.
—¿Familia? —Ji Ruyu bajĂł la mirada, recordando el beso imprudente que le habĂa dado creyendo que morirĂa—. Emperatriz… te besĂ©. Y tĂş me correspondiste… Âżlos familiares hacen eso? Cuando me besaste… ÂżtambiĂ©n me veĂas como familia?
Jiang Xu se quedĂł paralizada. En aquel momento solo habĂa sentido miedo a perderla.
—¡Eso es precisamente porque somos familia! Entre familiares puede haber cercanĂa sin deseo.
Se inclinĂł hacia ella.
—Como ahora…
Ji Ruyu abriĂł los ojos de par en par cuando Jiang Xu la tomĂł del mentĂłn y la besĂł.
No se atreviĂł a cerrarlos.
¿Era esto un sueño?
El impulso de rodearla, de estrecharla contra su cuerpo, fue inmediato. Pero estaba herida. Y, sobre todo, la emperatriz no debĂa notar nada impropio.
Cuando Jiang Xu se apartĂł, dijo con naturalidad:
—¿Ves? Se puede ser cercano sin deseo. ¿Sentiste algo?
Ji Ruyu apartĂł el rostro.
—Yo… tampoco sentà nada.
Por dentro, sin embargo, su mente estaba lejos de la calma.
—A partir de hoy seré una buena mujer. Controlaré mis manos y mis impulsos. No te decepcionaré.
Jiang Xu la miró, incrédula.
—¿Lo dices en serio?
—Claro que sĂ…
Jiang Xu la abrazĂł emocionada.
—¡Qué bien! Si cambias, nadie podrá manipularte ni hacerte daño por amor. Ninguna de las dos morirá.
Ji Ruyu la sostuvo con fuerza, aspirando el aroma de su cabello.
—Emperatriz, eres la mejor. Te querré como corresponde y te recompensaré como se debe.
Jiang Xu apoyĂł la mejilla en su cabello.
—Ruyu, eres una buena chica. La emperatriz sabe que no la decepcionarás.
Ji Ruyu guardĂł silencio.
…
Mientras tanto, Lan Tangyue recibiĂł la orden de investigar en secreto el atentado. El general Zhang actuarĂa abiertamente; ella, desde las sombras.
RegresĂł al área acordonada del ataque. Aunque ya habĂa sido inspeccionada, su experiencia podrĂa revelar algo que otros pasaron por alto.
Pero al llegar, vio dos figuras.
Una de ellas era la consorte Li.
¿A esa hora? ¿Con quién hablaba?
Lan Tangyue se acercĂł sigilosamente.
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